por Ami Su » Jue Ene 28, 2010 4:36 pm
Primero que todo, antes de que comiencen a leer cualquier cosa, voy a hacer una aclaración:
Este One Shot es un Slash, de contenido sexual erótico. No es apto para personas homofóbicas ni menores de edad que no se consideres adecuados para leer este tipo de contenido. Si eres una de estas personas te aconsejo que leas otro tipo de literatura y que cierres esta para que aquellas que SI están capacitados disfruten de ella... xD
Hola Slashies!!
Acá les traigo un Drarry muy intrigante y suave, es meramente corto y con los suficiente se sensualidad para no alterarse xD
Es un poco fuerte para aquellos que no están habituados al Slash... chicos disfrútenlo a concho...
Dedicado a los que hicieron de mi sueño una realidad; los mortífagos de La Orden Oscura... Los amo a todos!! les encantará...
Disclaimer: Todos los personajes perteneces unica y exclusivamente a Jotaká. Yo solo me divierto invirtiendo personalidades e inclinaciones sexuales (L)
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Puerta de Piedra
Cuando la vida pasa volando frente a tus ojos es cuando por fin te das cuenta de que lo que has vivido es una verdadera lastra… Mis ojos pisaban las lámparas lúgubres de luz oscura y mugrienta como queriendo afirmarse de ellos para hacerme algo de daño… aunque sea solo eso… sólo eso me bastaba para poder morir de una buena vez.
El suelo húmedo espeluznaba y hacía que la gravedad fuera aún mayor… asqueando y sacando la lengua como vil serpiente… si, solo en eso me había convertido con lo que hice…
Sólo hasta ahora me daba cuenta de que estaba arrepentido y sólo merecía morir… las llagas que me propinó no eran nada… ya la había matado… podía asegurarlo para que me matara de una buena vez; ya no pretendía seguir mendigando un pedazo de la vida que jamás quise y que siempre fue una mierda… con la diferencia que recién, cuando la maldita se termina me doy cuenta.
Sólo sabía que estaba arrepentido… arrepentido de haberla matado… Pero… si era tan bella… sus ojos me miraron brillantes y soslayantes de ternura… No! Yo jamás sentí ternura por nadie… ¡nadie! He dicho… Pero ella me obligó… de cierta forma me obligó a sentir que no quería estar con ella… y a la vez fue la amante perfecta…
Cerré los ojos tratando de amortiguar las luces opacas, pero sólo logré ver los barrotes mugriendos y despreciables de un lugar desconocido… en realidad no recuerdo ni cómo llegué aquí… como acabé en este basurero no sabiendo si querer vivir o morir… solo sabía que aguardaba a que algo ocurriera.
¡Ella! Me revolvía tanto la mente… hasta ahora me pregunto cuál fue la verdadera razón que me obligó a hacerlo… siempre fui una persona ermitaña… enemigo de los amigos y de los demás… pero ella hizo darme cuenta de tantas y muchas cosas que jamás pensé que estaban metidas en mi corazón… metidas y obligadas… no sabía lo que hacía y me siento con ganas de huir de todo… quizá de verdad lo mejor era morir…
Me traté de acomodar en otra posición, pues mis piernas se estaban acalambrando. Me apoyé con ambas manos en el suelo, pero mi fuerza fue inútil, al tiempo que lancé un grito de rabia, impotencia… que sé yo ahora… me dolían las manos; sentía la sangre seca en ellas y tiesas las comencé a mover lentamente… los agarrotados músculos de ellas no me respondían ya y sólo sentía que la cabeza me daba vueltas. Y aunque tenía los ojos abiertos no veía casi nada… sólo veía mi interior lleno de tanta cizaña y odio maltrecho…
Un fuerte ruido de una bisagra lejana me sacó de mi ensimismamiento. Alguien se acercaba.
Rápidamente apoyé mi cabeza en la pared viscosa y fría y la ladeé con intenciones de hacerme el dormido, o el muerto…
Un sonido de pasos se acercaba sonando en el suelo de piedra cada vez más cerca.
En un momento distinto me hubiese asustado. Pero en ese instante ya no importaba nada, nada que perder o ganar… sólo una cosa, la que había esperado durante mucho tiempo, y esperaba lograrla solo antes de morir… sólo así mi alma descansaría en paz. Ideas malogradas e inútiles recuerdos vagaban en mi mente y recordando. Si: no quería vivir para nada más que fuere para aquello… y una vez cumplido morir de una buena vez para no arrepentirme de nada…
La raída puerta de piedra se abrió sonoramente por los goznes secos y gastados. No quería mirarle la cara, pero sabía que él tenía los ojos fijos en mí y que no los quitaría hasta haber acabado conmigo… me lo merezco. La maté. Ella era su único amor… pero el mío también… o eso creía yo… antes de saber en que acabaría todo esto.
-Eres la mierda que siempre esperé de ti, Malfoy… -murmuró con una voz queda casi tan fría y dura como la piedra-. Jamás esperé nada más de ti… Eres como tu padre… una vil serpiente rastrera…
Traté de hacer pasar por alto el comentario, pero por dentro la sangre me hervía como aceite. Mi padre… ya casi no lo recordaba… ¿por qué tenía que recordármelo? La rabia e impotencia de su hablar me impulsaron a mirarlo a los ojos; esos verdes ojos que conocía, pero que jamás había mirado directamente a ellos…
-Máteme de una buena vez, Potter, y acabemos con esto.
Le sostenía la mirada y él a mí. Esperaba el momento en que él desistiera del contacto visual, pero los segundos pasaban y él seguía observándome como si fuera un animal de circo. Divisaba cada cosa a través de sus ojos… no podía ocultarme nada, ni siquiera el dolor intenso de su corazón por lo que le hice; ¡y lo entendía…! Pero ya era todo demasiado para mí.
-No te mataré hasta que te arrepientas de lo que hiciste, maldito bastardo… -Potter rugió amargamente y en voz baja, casi más baja que la anterior. Se mordía el labio inferior y no podía evitar sentir cierto regocijo con aquello…
Se inclinó hacia mí y sacó la varita con decisión. La presionó tan fuerte contra mi pecho que tuve que cerrar fuertemente los ojos y evitar definitivamente el contacto visual que nos unía… Sin embargo, a pesar de que ya no lo veía seguía sintiendo su mirada en mi rostro herido.
-No me arrepiento de haber matado a la vil puta de tu esposa… La traidora a la sangre Weasley se lo merecía… al igual que toda su familia…
-Crucio!
El ya conocido dolor me invadió hasta el alma. Mis entrañas reclamaban clemencia interna. Mis músculos agarrotados estaban tan acostumbrados al dolor que ya casi no me desmayé esta vez. Aún así tuve fuerzas para sentarme y adoptar una posición un tanto erguida. Abrí los ojos con furia y miré a mi adversario, el que me devolvía la mirada con una leve sonrisa en los finos labios… No pude evitar sonreírle malévolamente.
-Ya ni eso te afecta. Creo que jamás te arrepentirás… ahora solo mereces sufrir lo que sufrió ella…
Sólo tuve una fracción de segundo para ponerme de pie y saltar de ahí con toda la agilidad y fuerza del mundo que mi cuerpo ya no tenía. El Avada Kedavra había pasado a un escaso centímetro de mi cabello despeinado.
No sé como saqué fuerzas para ponerme de piel y enfrentarlo… más aún sin mi varita… debía estar loco… loco para aceptar la muerte tan fácilmente… loco para matar a Ginny… y loco para matarla para que Potter jamás se enterase de que fuimos amantes… Ya sabía que me merecía la muerte, y me la merecía por ambas cosas… pero jamás dejaría que Potter se entere de esto… me llevaré el secreto a la muerte mientras pueda…
-Eres agudo, Malfoy –Potter me miraba malévolamente. Al parecer disfrutaba mantener esta cacería tan desproporcionada, pues sonreía con angustia y frialdad. Jamás vi esa expresión en él… Potter era tan bueno y amigo de sus amigos… tan confiable, tan cercano y tan propenso a sentir amor… No podía entender como una persona podía cambiar tanto con conocer la muerte…
-Y tú has cambiado… la muerte cambia a las personas… ¿Acaso no lo sabías? Ginny era la única persona que te amó, y la dejaste ir, maldito…
Pero fue demasiado rápido para mi débil cuerpo. Sentí que dejó caer su varita al suelo de piedra y se abalanzó contra mí con brío y torpeza. Me agarró por el cuello con ambas manos y me arrojó contra el suelo tratando de estrangularme. Sus manos estaban calientes y sentía que me quemaban las amígdalas. Sentía el peso de su cuerpo contra el mío apretado contra la piedra… Me mataría, estaba más que claro, jamás tendría posibilidad con él, no en estas precarias condiciones de salud…
Cerré los ojos intentando que mi muerte fuera lo menos dolorosa posible, tratando de apaciguar el fuerte ardor del cuello y que me propinaban sus ardientes manos. Su rostro estaba tan cerca del mío que podía sentir su cálido aliento y su respiración agitada en rabia y odio. Sin pensar alargué mis brazos y los lancé a su cuello intentando defenderme en lo que fuere. Su piel era suave… aún podía hacerle algo de daño en su delicada piel blanca. Rápidamente le arranqué parte de su camisa para llegar con más facilidad a su cuello y desgarrarlo mientras él hacía lo mismo conmigo. Arrancó mi camisa con fuerza y comenzó a golpearme cerca de las costillas con mi torso desnudo y mi vestuario lanzado unos metros más allá. Lo imité. Le arranqué lo que le quedaba de su camisa y comencé a darle golpes con toda la fuerza que me permitía mi cuerpo débil.
De pronto se lanzó sobre mí y sin previo aviso me mordió el cuello. Gemí de un dolor intenso y desgarrador. Sus labios siguieron hurgando en el mismo lugar con violencia. No podía parar. No sabía qué significaba todo aquello, pero fuese lo que fuere era intenso y agradablemente maquiavélico. Sus labios pasaron de mi cuello y llegaron, no sé cómo, hasta mis labios, hundiéndose en ellos entre mordiscos suaves, mientras su lengua penetraba con torpeza dentro de mi boca. Lo agarré con rabia de su torso desudo y lo así aún más hacia mí, clavándole las uñas en sus omóplatos, de lo qué él gritó de dolor y placer. Seguí su boca y metí mi lengua dentro de la suya, en donde me encontré con la de él. Ambos nos enredamos en un beso torpe y enérgico, mordiéndonos los labios y pasando a su cuello. Se lo mordí, pero no tan fuerte. Gimió electrizado en lujuria.
Pero luego sentí deseos de más. Alargué mis brazos hasta sus nalgas y las rasguñé fuertemente presionándolas hacia abajo. Sentía su pelvis presionar la mía y junto con eso su miembro tocar el mío por debajo de mis pantalones. No me bastaba con eso. Quería tocar su piel, y yo sabía que él también quería lo mismo.
Me armé de fuerzas y me levanté empujándolo hacia atrás, me lancé sobre él y le arranqué con furia los pantalones. Ahí el me miró con una delgada sonrisa malévola. No pude evitar sonreír con igual forma y saqué mis pantalones también con brío. Me posé sobre él y pude percibir su piel caliente y suave… me excité de sobremanera. Sentía cada centímetro de su cuerpo en contacto con mi piel desnuda, embobando mis sentidos y emborrachando mi ser… Lujuria, gemido de placer… El cielo se iba a caer y yo no me daría cuenta…
Luego tomé su miembro y lo agarré con firmeza. Lo masturbé con torpeza, mientras gemidos de placer brotaban de sus labios… me excitaba demasiado… No pude evitar metérselo…
Pasar del placer al dolor era sólo un paso… del que Potter no se resistió. Mi miembro estaba hirviendo en temperatura y placer, era succionado una y otra vez de su cuerpo, y eso era demasiado para mí. Él jamás se resistió, sólo gemía de placeres exóticos que apostaría la cabeza a que jamás había gozado de ellos. Era una forma excitante y desconocida de demostrar el odio.
Agarraba su miembro con mi mano mientras lo penetraba suave, y a ratos con furia y dolor… quería que sufriera, que se revolcara en dolor… Lo penetraba voraz y no lo dejaba descansar… rápido, fuerte… abrumador.
Hasta que mi orgasmo llegó frenético y enfurecido. Grité como jamás lo había hecho en la vida. Electricidad recorría mi cuerpo agarrotado y mis músculos ya casi no me respondían. Tuve sólo una fracción de segundo para percatarme de la presencia poderosa de la varita de Potter a escasos centímetros de mi pie. Con disimulo y sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo dije el primer embrujo que se me vino a la mente y, apuntando en el pecho jadeante de mi adversario, susurré:
-Avada Kedavra.
Un haz de luz verde propinó la varita, de lo que Potter ni siquiera alanzó a advertir. Su cuerpo no cambió de posición; su pene seguía igual de erecto y su expresión de placer en el enrojecido rostro no se inmutó. Me puse de pie y observé su cuerpo desnudo por primera vez con dedicación. Ciertamente no era algo que hubiese hecho a conciencia viva y fugaz… todo era un mero juego sexual del que jamás me arrepentiré.
Caminé desnudo y sin pudor hacia la puerta abierta de piedra, entré en la habitación y me colgué al cuerpo una túnica de seda blanca, al parecer de mujer, la que se encontraba colgada en el marco de una de las puertas. Sin importar su procedencia la acomodé en mi cuerpo y busqué una salida rápida. La varita de Potter iba en mi mano, junto con su sexo y su vida. Había muerto feliz… gracias a mí.