por escritora2273 » Jue Mar 25, 2010 2:27 pm
HOla nenas hermosas, disculpen la tardanza, aki esta el segundo capi ok??? espero lo disfruten espero comentarios, besos. las dejo ando en el trabajo byes.
Capitulo 2: Interrogantes
“¿Qué estaba dispuesta hacer?”, esa era la primera interrogante en mi vida que me había causado el mas intenso escalofrió recorriendo mi espalda de arriba abajo, mi cuerpo se quedo petrificado no sabia realmente que hacer. Lucius me miro sonriendo malévolamente, sabia que tenia toda la ventaja sobre mi, estaba consiente que la vida de mis padres dependía de la decisión que tomara. Mis lágrimas comenzaron a brotar.
-No tengo nada, no se que darle. – conteste desesperada mientras ambos Malfoy se reían a carcajadas, en ese momento quería callarlos, posiblemente los demás mortíferos podrían escuchar su risa y acudir de inmediato a saber a quien habían descubierto. Nada más ni nada menos que la amiga indefensa de Harry Potter, la niña estudiosa de Hogwarts que además fue y sigue siendo la enemiga del hijo del nuevo líder.
-Podremos negociar, de eso no hay ningún problema. – contesto Malfoy después de tremenda risotada. Draco mientras tanto miraba placenteramente la triste escena, me parece que todo este conflicto les producía un delicioso placer. – Podrías integrarte a nosotros y darnos los pergaminos de Helos, se que Harry te los a encargado, ¿no?, - luego de decir esto, mi sangre se congelo por completo, esos pergaminos los había tenido durante años, eran hechizos antiguos que la madre de Harry había dejado a Lupin mucho antes de morir, ahora eran de la nueva orden del fénix. Sin embargo, ¿Cómo había podido Lucius enterarse de esos pergaminos?, ¿quien se lo había dicho?, eso no importaba ahora. El silencio se alargo por unos cuantos segundos.
-Veo que, tu y tus padres se refugiaban aquí, ¡que pestilencia!, dormir entre cadáveres.- dijo repulsivamente, - ¿entonces? ¿Cuál es tu decisión?,
Di media vuelta, mire hacia la catacumba y allí estaban mis padres, mirándome tristemente, abrazándose, ellos temían mas por mi que por ellos. Me sentía en una enorme y estrecha encrucijada, mire nuevamente a Lucius.
-Acepto, - respondí firmemente.
-Bien, entonces dame los pergaminos.
-Los pergaminos no los tengo aquí.
-¿Dime entonces donde están? – Dijo mientras apuntaba su varita hacia donde estaban mis padres.- ¡dímelo, maldita sangre sucia!
-¡Están en Alemania! – grite desesperada.
-¡mientes! , ¡Bombarda máxima! – grito, mientras sin yo poder hacer nada, la catacumba comenzó a caer sobre mis padres, aplastando sus cuerpos. Escuche los gritos desgarradores de mis padres. Y, cuando las piedras habían cubierto sus cuerpos, corrí para tratar de quitar las piedras y no perder la esperanza de aun verlos con vida. Pero un conjuro me detuvo, haciendo que todo mi cuerpo se retorciera de dolor.
-¡Crucio!- este conjuro lo oí sobre mi variadas veces, una tras otra, el dolor era insoportable, pero mi cuerpo cada vez dejaba de responder al efecto de este, mis músculos se habían debilitado, hasta que caí inconsciente.
No se cuantos días después desperté, los rayos del sol me dieron en la cara, al instante de haber despertado me trate de incorporar pero fue inútil, mis manos estaban encadenadas a las patas de la cama, mire a mi alrededor, y vi que estaba dentro de un establo, pero, extrañamente no había animales allí, solo había paja y un gran ventanal, que permitía ver un preciosos lago y el soleado día. Eso me hacia sentir cierta libertad. Seguí mirando de un lado a otro, hasta que frente a mi , había un hombre, de mas o menos 20 años, sentado, casi durmiendo, lo mire detenidamente, era un hombre rubio, de labios tersos , escuche su respiración una y otra vez, hasta que de pronto abrió sus ojos bruscamente y su mirada se dirigió sobre mi.
-Veo que a despertado, - dijo fríamente, ante esto no di respuesta, solo lo seguí mirando.
-Iré a decirle al señor Lucius.- se levanto de montón de paja donde se había quedado dormido anteriormente.
-¿Es usted mortifago? – le pregunte desafiantemente. El joven me miro de arriba hacia abajo, y sin responder nada se alejo.
Y, mientras estuve sola los recuerdos de la noche en el panteón volvieron a mi mente torturándome una y otra vez, provocando que mis lagrimas corrieran desesperadamente, no sabia que había sucedido con ellos, no sabia si habían muerto o no, quería salir de allí, pero las cadenas no solo me quitan mi libertad, sino también mi esperanza Minutos mas tarde apareció Lucius, nuevamente acompañado por su hijo, Draco.
-¿Cómo estas sangre sucia?, ¿lista para decirnos a donde carajos están los pergaminos?
-¡Ya le había dicho anteriormente, ya le dije que están de Alemania! – conteste furiosa
-Veo que aun no se te a quitado lo altanera y gritona, veamos si con esto aprendes.- Lucius saco nuevamente su varita, estaba por dirigirla hacia a mi, cuando Draco lo detuvo.
-¡espera!, padre, recuerda que de no salir las cosas como son…-
Lucius me miro aun desafiantemente, sin embargo detuvo su ataque, algo se tenían entre manos, quizás el echo de tener el conocimiento de la ubicación de los pergaminos me estaría salvando el pellejo, aunque no sabia realmente por cuanto tiempo.
Luego de esto, Lucius indignado, se dio media vuelta junto con su hijo, y estando ya casi a la salida del establo le oí decir:
-No te confíes, Granger, que la suerte no esta de tu lado.
Salieron del establo sin mirar nuevamente atrás, mientras mi desesperación me hizo tirar de las cadenas una y otra vez, llegando incluso a lastimarme.
-Ya no lo haga, no conseguirás zafarte.-Oí una voz en el fondo de establo., y de entre la obscuridad apareció nuevamente ese chico que al principio había visto después de despertar.
-¿trabajas para los Malfoy?
El chico agacho su mirada por un par de segundos.
-Así es, pero no soy mortifago.- aclaro.
-¿entonces?
-Soy un sirviente, todos los squibs, estamos destinados a ser sirvientes de los mortifagos.
-¿Y eso quien lo decreto? – lo mire extrañada.
-El mismo señor Lucius, el es que ahora tiene el control de todo el mundo mágico, y cualquiera que le desafiase, moriría en sus manos.
Lo mire levantando una ceja, se me hizo por un momento estúpido, sin embargo, recordé el por que había estado en la catacumba con mis padres escondida tanto tiempo, de pronto mis lagrimas volvieron a rodar por mis mejillas.
-¿que le sucede, señorita?- me pregunto amablemente, pero mi dolor no me permitía sonreír.
-¡Granger!,- una voz conocida dijo mi nombre, era Draco que acababa de entrar en el establo, caminando hacia donde estábamos nosotros.
-¿Cómo es posible que este hablando con un Squib?- pregunto Draco mientras miraba despectivamente al chico. – Tu Squib, no tienes por que hablar con los prisioneros, mucho menos si son magos, ¿entendiste? O le diré a mi padre que te mate, ahora ¡lárgate!, te hablare cuando te necesite.
El chico temeroso se alejo rápidamente, dejándonos solos.
-¿Dónde están mis padres?,- le cuestione al instante.
-Escucha Granger, si prometes hacer lo que te digo, te responderé todas tus preguntas, incluso podre ayudarte a salir de aquí.
-¿hacer lo que tu quieras?, ¿estas loco?-
-¡como quieras entonces! ¿Acaso no quieres salir de aquí?
Recapacite un momento.
-¿Qué es lo que quieres?- pregunte, nuevamente me estaba jugando del mismo modo que en el cementerio.
-Dime donde esta los pergaminos de Helos.
-¿Solo eso?, ya te dije que están en Alemania, no miento.
Draco me miro un poco convencido.
-Ahora que lo dices… Granger, se mi novia, te prometo que te sacare de aquí cuanto antes.
-¿Qué?- esto me había sacado del más loco sueño que pudiese haber tenido, ¿Draco, pidiéndome que fuese su novia?
-Si Granger como lo oíste, ¿aceptas?
Draco no me gustaba en absoluto, su manera de ser, la constante molestia y repudio que me causaba al mirarle, pero… quizás si le decía que si estaría salvada. Tenia que pensar rápido, esto no era cualquier cosa… todo daba vueltas en mi mente. Hasta que al fin una respuesta a todas las preguntas que flotaban en mi cabeza pasaraon por mis labios, los ojos ansioso de Draco perdieron su brillo. le di la respuesta que mas era acertada por mi ...