Creo que me ha quedado bastante romántico... incluso un poquito cursi jeje
DISCLAIMER: Todos los personajes y lugares son propiedad de J.K Rowling, solo la historia es de mi invención.
Espero que os guste
»-(¯`v´¯)-»CAPÍTULO 1»-(¯`v´¯)-»
–…de La Ley de Transfiguración Elemental de Gamp nos hablan de todo aquello que puede transformarse, aumentar… etc. pero no puede producirse de la nada. Las cinco excepciones son…
Pansy suspiró y miró su reloj de pulsera. Aun faltaban diez minutos para que se terminase la clase de Transformaciones y para que comenzasen las tan anheladas vacaciones de Navidad... Diez aburridos e interminables minutos. No tenía intención de apuntar ninguna de las excepciones de esa ridícula Ley de Gamp así que se dedicó a observar a sus compañeros de clase con aire distraído.
Miró la parte derecha del aula: algunos escribían todo lo que la profesora McGonagall decía; otros, al igual que ella, miraban alrededor con aburrimiento; unos pocos dibujaban tonterías en sus pergaminos. Miró a su izquierda: más de lo mismo. Daphne Greengrass, sentada a su lado, atendía a las explicaciones como si le fuera la vida en ello.
Pansy suspiró de nuevo apoyando su barbilla en la palma de su mano. Un fugaz movimiento frente a ella atrajo su mirada de forma inconsciente.
Draco Malfoy, sentado dos filas delante de ella, se balanceaba sobre las patas traseras de su silla, haciendo caso omiso a las explicaciones de la profesora y mirando con desgana como caían los copos de nieve a través de la ventana. Pansy sonrió para sí misma. Draco jamás prestaba atención a las explicaciones de clase… lo curioso era que después aprobaba todo con buena nota. Aquel chico era un misterio. Era su mejor amigo, pero seguía siendo un misterio para ella.
La joven morena seguía contemplando como hipnotizada la espalda de su amigo cuando de pronto éste debió de sentir su mirada y volvió la cabeza. Sus ojos se encontraron y Draco esbozó una simpática sonrisa de lado, al tiempo que ponía los ojos en blanco, indicando lo “interesante” que le estaba pareciendo la clase. Pansy le devolvió la sonrisa y de pronto tuvo una idea. Arrancó un trozo de pergamino de la hoja que tenía sobre la mesa y escribió en él:
Después le indicó por gestos al chico que tenía delante que se lo pasase a Draco. El rubio lo tomó con curiosidad y leyó lo que había escrito. Sonrió levemente para sí mismo, haciendo que las mejillas de Pansy se ruborizaran sin que él se diese cuenta, y escribió algo más en el pergamino. Se lo devolvió a su amiga con discreción. La chica leyó lo que le había escrito:
Pansy contuvo la risa con dificultad al ver a Draco desperezarse y bostezar descaradamente. Sonriendo de oreja a oreja escribió algo más:
De nuevo le devolvió el papel al rubio y éste, tras leerlo, le escribió la contestación:
La chica quiso insistir pero en ese momento sonó el timbre y todos a una se pusieron en pie para disfrutar de la tan ansiada tarde libre y de las aun más ansiadas vacaciones. Pansy comenzó a recoger sus cosas tranquilamente. No tenía prisa puesto que no pensaba regresar a su casa por Navidad; se quedaría en Hogwarts.
En el momento en que se colgó la mochila en el hombro Draco pasó por su lado, rodeado como siempre de un grupo de fanáticas que no habían tardado ni dos segundos en acercarse a él en cuando sonó el timbre. El rubio sonrió a Pansy al pasar y ella le devolvió la sonrisa. Lo vio alejarse rodeado de sus admiradoras sin poder reprimir una triste mirada.
–¿Pansy? ¿Vienes? –llamó Daphne sacándola de sus pensamientos.
–Sí, claro –asintió la morena siguiendo a su amiga por los pasillos.
–Oye ¿Qué es lo que os escribíais Draco y tú? –quiso saber Daphne con curiosidad.
–¿De qué hablas? –murmuró Pansy, distraída, mirando la espalda de Draco unos metros más adelante que ellas.
–De las notitas que os estabais mandando en clase.
–Ah, eso. Solo le estaba preguntando qué es lo que quiere que le regale por Navidad.
–Oh, ¿Y qué te ha dicho?
–Que cualquier cosa le gustaría –respondió Pansy, pensativa, apoyándose en una columna cerca del patio de piedra–. La verdad es que no se me ocurre nada… Pero no puedo regalarle cualquier cosa. Tengo que regalarle algo que de verdad quiera, algo que desee de verdad. Mi regalo no puede ser como el de las demás chicas que andan detrás de él.
–Oh, venga, estamos hablando de Draco. Conociéndole le hará ilusión cualquier cosa que tú le regales –aseguró Daphne desperezándose–. ¿Me acompañas al baño?
–Sí, claro –aceptó su amiga, y ambas echaron a andar–. Pero precisamente porque estamos hablando de Draco estoy tan indecisa. Él no se conformará con cualquier cosa.
–Quizá tengas razón… pero Draco te tiene mucha estima –insistió su amiga con cabezonería.
–¿Tú le has comprado algo?
–¿Yo? Oh, sí, un libro sobre dragones que hace tiempo me dijo que quería –confesó Daphne encogiéndose de hombros y bromeando–: Ya puede gustarle, porque me he gastado una pasta.
Pansy rió y ambas entraron en el baño de las chicas del 3º piso. Daphne se metió en uno de los cubículos y Pansy aprovechó para peinarse y retocarse en el espejo del lavabo. Junto a ella, había un grupo de chicas de Slytherin de 5º (un año más jóvenes que Pansy), y que se estaban maquillando excesivamente en los espejos de los lavabos. Todas miraron a Pansy con respeto, pues la conocían y sabían que era la prefecta de su casa, y también que la morena sabía hacerse respetar.
–¿Creéis que me queda mejor el pelo suelto o recogido? –decía una de ellas que tenía la voz chillona.
–Déjatelo suelto –le aconsejó su amiga–. Y venga, no disimules y admítelo: ¿es verdad eso que dicen que le has comprado un regalo de Navidad a Draco Malfoy?
El corazón de Pansy se paralizó al escuchar esas palabras, pero, como buen Slytherin que era, disimuló cepillándose su corto cabello con elegancia y pintándose los labios.
–Lo cierto es que sí. Le he comprado un estuche con plumas de oro de distintos tamaños –confesó la chica con orgullo y sin poder disimular lo emocionada que estaba–. Me han constado casi 50 galeones, pero seguro que me pedirá que sea su novia después de eso.
–No estés tan segura –saltó otra de sus amigas–. Yo le he comprado un telescopio de oro macizo valorado en casi 70 galeones. Me he gastado todos los ahorros que me han dado mis padres para el curso, pero vale la pena. ¿Os imagináis que Malfoy me da las gracias, y me da un beso y…?
–¿Queréis bajar de las nubes? –Intervino otra de las chicas que tenía aspecto de ser la más madura del grupo–. Nunca en la vida habéis hablado con Draco Malfoy ¿de verdad creéis que solo con comprarle regalos caros se va a enamorar de vosotras?
–Pues sí –saltó la chica de la voz chillona–. Todas sabemos que Malfoy aprecia mucho los regalos costosos. Estamos hablando de Draco Malfoy: el chico más rico y popular de Slytherin. No se conformará con cualquier cosa y estoy segura de que apreciará el gesto que hemos tenido con él.
–Sí… vuestro gesto y el de la docena y media de admiradoras que le han comprado regalos tan costosos como los vuestros –replicó la joven de aspecto maduro–. Seguid soñando si queréis, pero después no os quejéis si vuestros regalos pasan desapercibidos entre los que le regalarán sus otras casi treinta fans.
La chica de la voz chillona bufó, dando por terminada la conversación, y el grupo salió del baño, no sin antes dirigirle una respetuosa y tímida mirada a Pansy. La morena mantuvo una actitud fría e indiferente ante ellas pero, en cuanto la puerta se cerró tras las chicas, la joven se apoyó en el lavabo con aspecto compungido.
Tenían razón. No podía regalarle cualquier cosa. Él era Draco, Draco Malfoy, el Príncipe de Slytherin. Debía encontrar algún regalo que fuera lo suficientemente especial como para regalárselo. Era cierto que todas sus admiradoras se esforzarían por hacerle el mejor regalo, y ella, que era su mejor amiga, debía hacerle el regalo más maravilloso de todos. Uno que no pasase desapercibido y que a su lado los de las demás chicas fuesen basura. Un regalo que no olvidase fácilmente. Un regalo digno de Draco Malfoy.
–Ya está, podemos irnos –sonrió Daphne saliendo del baño. Se detuvo en seco al ver el serio semblante de su amiga–. ¿Ha pasado algo?
–Daphne tienes que hacerme un favor –pidió Pansy en voz baja.
–¿Cuál?
Pansy la miró a los ojos y sentenció con la fuerza y la decisión que la caracterizaban:
–Tienes que ayudarme a encontrar el regalo perfecto para Draco.
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–Nada, no encuentro nada –murmuraba Pansy una y otra vez sin dejar de pasar las páginas de la revista que tenía en las manos con brusquedad.
–Mujer, que la revista no tiene la culpa –replicó Daphne sujetando las manos de su amiga–. Pasa las páginas con más delicadeza…
–Perdóname, pero es que estoy muy nerviosa –jadeó Pansy pasándose la mano por el cabello con desesperación–. Mañana ya es sábado y es Navidad y todavía no tengo ningún regalo para Draco… es desquiciante…
–¡Hola, chicas! –saludó Theodore Nott acercándose a ambas jóvenes y sentándose a su lado. Daphne y Pansy estaban sentadas en uno de los bancos del Patio Empedrado–. Pansy, te he encontrado otra revista… no sé si te servirá de algo.
–Gracias, Theo –agradeció la morena sonriendo con tristeza.
–Lo que pasa es que eres muy exigente –criticó Daphne a su amiga–. Te lo repito: Draco te quiere mucho, le dará igual lo que le regales con tal de que se lo regales tú.
–¡Ay, deja de repetir eso! –Suplicó Pansy poniéndose en pie y dejando caer las revistas que tenía en su regazo–. ¡No puedo regalarle cualquier cosa! ¡No puedo decepcionarle!
–No vas a decepcionarle de ninguna manera –negó Daphne–. ¿Por qué te preocupa tanto?
–Porque… –Pansy parecía querer hablar pero no encontraba las palabras adecuadas–. Porque… porque… -emitió un suspiro–. Porque quiero hacerle feliz. Draco… lo es todo para mí.
Sus mejillas se ruborizaron y sus ojos se anegaron en lágrimas de vergüenza. Se dio la vuelta dándoles la espalda a sus amigos. Ella era la Princesa de Slytherin, no podía derrumbarse ni dar imagen de débil. Tenía que ser fuerte. Era demasiado orgullosa como para admitir que amaba a…
Se secó las lágrimas y sorbió la nariz con decisión. Miró a sus dos amigos intentando forzar una firme sonrisa. Nott le sonrió con cariño y Daphne la abrazó con una risita comprensiva. Ambos sabían perfectamente lo que en ese momento pasaba por la mente de la morena.
–No te preocupes. Te ayudaremos a encontrar el regalo –le aseguró Daphne en su oído–. Te lo prometo.
–Gracias –sonrió Pansy.
–Oye, estoy pensando… –intervino Nott de pronto rascándose la barbilla–. ¿Por qué no vas a ver a los gemelos Weasley? He oído que venden objetos interesantes.
–¿Tú crees? –Pansy se mordió el labio, dudosa–. De acuerdo, iré a verlos. Después de todo no tengo mucho tiempo para encontrar el regalo…
–Tienes exactamente… –Nott miró su reloj de pulsera–. 23 horas. Hasta mañana a las 7 de la tarde que es a la hora que termina Draco el entrenamiento de quidditch.
–Gracias por no presionarme, Theodore –bufó la morena, y acto seguido detuvo a un par de niños que corrían en dirección contraria–: A ver, mocosos, ¿sabéis donde puedo encontrar a Fred y George Weasley?
–Creo… creo que estaban en el vestíbulo –balbuceó uno de los niños.
–De acuerdo. Largaos.
Tan pronto los niños se alejaron muertos de miedo, Pansy se despidió de sus amigos y fue a ver a los gemelos.
–Empieza la cuenta atrás –suspiró Daphne viendo marchar a su amiga–. Espero que encuentre lo que busca…
20:12 pm. Viernes.
Los encontró sentados en las escaleras de vestíbulo, examinando una caja con una especie de gusanos de distintos colores.
–Weasleys, tengo que hablar con vosotros –espetó la morena tan pronto como llegó a su lado.
–Vaya, que sorpresa Parkinson, ¿en qué podemos ayudarte? –respondió Fred con el ceño fruncido.
–Necesito vuestro mejor objeto, el mejor que tengáis.
–Mmm… ¿el mejor dices? –los gemelos se miraron–. ¿De qué clase de objeto estaríamos hablando?
–Cualquiera que me sirva como regalo de Navidad.
–Bueno –George se quedó pensativo–… Tenemos ajedrez mágico edición coleccionista, si eso te sirve…
–No.
–De acuerdo… ¿Alguna joya?
–No
–¿Perfumes?
–Ni hablar.
–Mmm… un cliente exigente –rió Fred–. Veo que tienes las cosas claras, Parkinson.
La chica arqueó una ceja con arrogancia y ellos sonrieron maliciosamente.
–Tenemos lo que buscas –aseguró George–. Pero no te saldrá barato…
–Pagaré lo que sea.
–Genial. Síguenos.
Condujeron a la chica a una aula vacía que había cerca de allí. Una vez dentro, George sacó una especie de monedero peludo de su bolsillo y lo sostuvo delante de la chica, sonriente, esperando su reacción. Pansy tuvo que emplear todas sus artes de Slytherin para que no se notase su sorpresa.
–¿Eso es…? –comenzó la chica sin apartar sus ojos del monedero.
–Exacto. Un monedero de piel de moke. No se ven muchos, la verdad. Somos los únicos de Hogwarts que tenemos uno.
–¿Cómo sé que no es falso? –espetó Pansy.
Los gemelos suspiraron teatralmente y Fred se adelantó para coger una silla que había en el aula. Su hermano abrió el monedero y el otro introdujo la silla dentro con sorprendente facilidad.
–Tachán –sonrió George–. Como ves no es falso. Puedes meter dentro cualquier clase de objetos, grandes o pequeños, y tú serás la única que pueda sacarlos después. Bueno, tú no, la persona a la que se lo regales…
–¿Cuánto pedís por él? –preguntó rápidamente la morena.
–Bueno… tratándose de una venta de artículos entre Slytherin y Gryffindor… y que éste es un objeto sumamente extraño… y porque eres tú… te lo dejaremos por… digamos… 200 galeones.
–¡¿QUÉ?! –rugió Pansy.
–Es nuestra última oferta –los gemelos se cruzaron de brazos al unísono–. ¿Lo tomas o lo dejas?
Pansy se mordió el labio, pensativa. Era un objeto fantástico, y muy extraño... pero también muy caro. Demasiado caro. Estaba segura de que ninguna de las admiradoras del Príncipe de Slytherin le habría comprado nada parecido. Realmente era un objeto digno de Draco Malfoy.
–Acepto –murmuró Pansy.
–Fantástico –sonrieron los gemelos.
–Pero tendréis que esperar a que consiga el dinero –dijo la morena, acercándose a la puerta–. Reservádmelo hasta entonces.
–Es un placer hacer negocios con usted –le gritaron los gemelos haciendo una reverencia cuando ella ya había salido por la puerta.
La morena echó a andar por los pasillos pensando de dónde demonios iba a sacar tantísimo dinero en tan poco tiempo.
Continuará...
¿Os ha gustado?
Espero que sí
¡¡Muchas gracias por leer!!
Besos ♥
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