El tercer capítulo. Lo dejo, gracias.Capítulo 3
Duelos y pasiones.
En ese momento las chicas volvían al gran salón y se sentaban con los demás. Harry le guiñó un ojo a Ron y se acercó a ellas.
—¿Todo bien? —les preguntó.
—Sí, todo bien, eso creo —dijo Ginny que miró de Harry a Hermione.
—Bueno, me alegro. Hermione, ¿quieres venir un momento? ¿Necesito mostrarte algo?
—Sí, ahí voy. —Y se fue rápido porque estaba intrigada.
Se dio por terminado el almuerzo y la profesora McGonagall les indicó a los alumnos que fueran a sus salas comunes y que por la tarde volvieran para comenzar a practicar defensa.
Harry había llevado a Hermione al baño de prefectos, ya que nadie iría ahí por más que no estuvieran en temporada de clases.
—Hermione, Ron me contó lo que pasó entre ustedes —empezó Harry pero Hermione lo interrumpió.
—Pero, ¿es que Ron no se puede callar un segundo? —preguntó alterada.
—Ay Hermione, si sabes que si no me lo decía él, tú me lo ibas a contar igual, siempre me cuentas todo, eso hacen los amigos y hermanos, y Ron también es como un hermano para mí —terminó Harry.
—Bueno, no me digas así que me voy a poner celosa, yo era tu hermanita preferida —dijo sin reprimir su sonrisa.
—Tienes razón, pero nadie dijo lo contrario y ahora, ¿no me vas a contar qué es lo que te pasa? —preguntó Harry.
—Pues, supongo que lo debes saber. Es que estoy confundida. De un día para el otro, creo que me gusta Ron. Bueno en realidad de un día para el otro, me di cuenta, pero desde hace tiempo que me pasa esto, Harry, desde hace años.
—Lo sabía —afirmó.
—¿Qué?
—Que desde la primera vez que se vieron, se enamoraron el uno del otro, fue amor a primera vista, Hermione, yo vi como se miraron esa vez, y hasta el día de hoy se siguen mirando así —le aseguró Harry, pero no la dejo hablar—. Son totalmente opuestos y se atraen mutuamente.
—No somos totalmente opuestos, también tenemos cosas en común, como tener tu amistad, nos gusta la misma música, somos testarudos, nos encanta pelear y a la vez no soportamos estar lejos. —Se puso un poco triste y dijo— O al menos yo no soporto tenerlo lejos.
—Pues, que bueno que te diste cuenta porque creo que llegó la hora de que se enfrenten y se digan lo que sienten y no que lo beses y ya —dijo provocando que Hermione se pusiera colorada.
—Sí, lo sé, pero yo le iba a decir y él fue el que me besó después y luego apareciste tú…
—Lamento haberte interrumpido, de verdad, no tenía idea de que iba a encontrarlos ahí, pero como una buena Gryffindor, tienes que darte valor y decirle lo que sientes. Aparte, los dos se quieren Hermione, no es un amor no correspondido —completó Harry.
—Ah bueno, ¿y desde cuando das lecciones de amor, doctor corazón? —se burló Hermione.
—Ya, ¿sí?, no es un chiste —dijo enojado.
—Sí, lo sé y te agradezco todo lo que haces y dices para que me sienta mejor —dijo Hermione tomándolo de la mano—. ¿Te cuento algo que me dijo Ginny? —preguntó sin esperar respuesta— Escuchó que muchas chicas piensan que salgo contigo y ella casi que lo cree, y se puso celosa y yo tuve que contarle todo lo de Ron.
—¿De verdad eso creen? ¿Qué clase de idiota dice semejante estupidez? —preguntó el chico de ojos verdes.
—Bueno yo reaccioné de la misma forma, pero de todos modos después me creyó y ya tienes esperanzas de que se acerque a ti.
—Entonces, ¿qué se supone? ¿Que tengo que agradecerte? —preguntó Harry.
—No, pero cambiando de tema, ¿no ibas a mostrarme algo o sólo era para sacarme de ahí y venir a hablarme de Ron?
—En realidad, quería mostrarte esta redacción que escribió Ron. —Se la pasó y ella comenzó a leerla— Es una canción que se puso a escribir hoy cuando te fuiste a hablar con Ginny. Yo también escribí una y me la corrigió. Creí por un momento que te había tragado —dijo sonriendo—. Pero quería que la vieras porque me parece muy buena y creo que es para ti.
—No puede ser de Ron, está muy prolija y casi no tiene faltas, sin mencionar la madurez con la que está expresado el significado de la canción. —Hermione estaba muy sorprendida.
—Bueno Hermione, pero este año no asistimos al colegio, no lo vimos escribir y pudo haber cambiado, es muy posible —le dijo Harry también sorprendido pero asombrado por la inteligencia que había desarrollado su mejor amigo.
—Igual no importa eso ahora, tenemos que concentrarnos en nuestra misión y luego averiguaremos esto —terminó Hermione muy cortada.
En la sala común de Gryffindor se encontraban los chicos reunidos hablando y riendo de los chistes de Ron, cuando abruptamente se callaron todos porque alguien venía. Harry y Hermione entraban por el agujero del retrato de la señora gorda. Todos los miraron como si no los conocieran menos Ron que se había quedado paralizado por Hermione.
—Ron aquí estabas, te estuvimos buscando —dijo Hermione.
—Ah, que coincidencia, nosotros también a ustedes —contestó Ron en tono normal.
—Pues, estábamos hablando en el baño de prefectos, en el quinto piso y cuando veníamos hacia acá, escuchamos que la Orden está organizando unos duelos para que podamos practicar. Es ridículo, ¿no? —expuso Harry.
—La verdad es un asco, además podríamos lastimarnos entre nosotros por una tonta práctica —admitió Ron.
—Eso es exactamente a lo que íbamos. No está bien pelear entre nosotros y por eso intervenimos en la conversación y sugerimos que vengan invitados a practicar contra nosotros —dijo Hermione.
—¿Qué tipo de invitados? —preguntó Ron.
—Bueno eso no lo sabemos todavía, pero sí tomaron muy en cuenta nuestra opinión y dijeron que la próxima nos llamarán para que demos ideas, ya que también somos parte de la Orden del Fénix —terminó Harry.
—¿Y ustedes qué hacían? —preguntó Hermione al verlos reunidos.
—Nada, sólo nos reíamos mucho de las cosas que cuenta Ron —dijo Seamus— Es que eres demasiado gracioso Ron, yo no sé como sobrevivimos sin tus chistes todo el año.
—Si hubiese estado aquí este año no creo que se me hubiese dado bien contarte un chiste, Seamus —contestó como restándose importancia—. ¿Bajamos? Ya van a ser las cinco. —Y sin más todos se fueron. Pero Ginny se quedó sentada.
—¿No vienes? —preguntó Harry.
—Sí, sólo estaba pensando un poco. Creí que ya te habías ido —contestó Ginny.
— Sí, pero esperé a ver si salías y como no lo hiciste decidí volver, además creo saber en qué estás pensando —dijo causando curiosidad.
—¿Y en qué estoy pensando entonces?
—Estás pensando en mí, y también estás dudando de si creer o no en lo que Hermione te aseguró.
—¿Y tú cómo sabes? ¿Qué ahora resulta que lees los pensamientos?
—Aún no, pero cuando sea Auror tal vez necesite aprender —dijo con naturalidad.
—Bueno pues entonces ahora adivinaste. ¿Serías capaz de sacarme mis dudas?
—No, porque lo que ella te dijo es verdad, sólo te queda confiar en tu futura cuñadita.
—Ah, entonces ¿tú también sabías lo de Ron?
—Sí, por supuesto, los dos son como mis hermanos, pero antes que nada mis mejores amigos y ellos me lo contaron cada uno por su lado, pero es difícil su situación porque los dos tienen miedo de perder su amistad sólo por confesar lo que sienten, y yo quisiera decirle a Ron que ella lo ama y a Hermione que él la ama también, pero no puedo porque ellos tienen que poder, tienen que vencer sus miedos solos —dijo muy convencido.
—¿Y tú desde cuándo sabes que ellos…, bueno que sienten eso? ¿Es desde hace mucho?
—Sí, creo que viene desde siempre. En cuarto Ron se puso celoso de Viktor, y en quinto fue más tranquilo, pero sexto, con Ron y Lavender de novios fue terrible, Hermione estallaba de celos —dijo Harry dando lugar al recuerdo.
—Bueno pues ahora sí estoy convencida. ¿Por qué no bajamos?, no me quiero perder la práctica por nada del mundo —sugirió Ginny.
—Sí, mejor bajemos. Quisiera saber a quién invitan a practicar —dijo esto pero en realidad prefería mil veces quedarse con Ginny y poder hablar de ellos y no de sus amigos.
Cuando todos llegaron al Gran Salón ya no estaban las cuatro mesas, solo quedaba la de los profesores. Ahí se ubicó la Orden mirando hacia los alumnos y pasaron a explicar. El que habló fue Arthur Weasley.
—Bueno ahora que estamos todos quisiera comentarles que hemos decidido prepararlos en defensa con unos duelos entre nosotros. Todos los presentes vamos a poner nuestros nombres en esta vasija y de ahí saldrán al azar dos nombres juntos, para saber quiénes se batirán a duelo. Pero también gracias a unas sugerencias muy particulares —dijo esto mirando a Hermione porque Harry estaba más lejos— decidimos invitar a otros magos a ayudarnos a practicar. Ellos son los muchachos de Durmstrang que vinieron aquí hace tres años en el Torneo de los tres magos. Recíbanlos con un fuerte aplauso, ya que nos vinieron a ayudar sin pedir nada a cambio.
Entraron diez muchachos por la puerta, uno más corpulento que el otro. Eran menos que en el torneo ya que no se solicitaban tantos. Entre ellos estaba Viktor Krum. La cara de Ron era todo un poema. No lo podía creer. Otra vez tenía un rival, pero esta vez iba a luchar por lo que quería. No dejar que nadie que no fuera él volviera a tocar a su castaña.
—Bienvenidos amigos de Durmstrang —recibió el Señor Weasley—. Estamos muy contentos de tenerlos acá. Ahora todos pongan sus nombres en un pergamino y métanlo en la vasija.
Todos lo hicieron, incluso Arthur— Deben saber que cualquiera, ya sea más grande, más chico, más fuerte, o menos fuerte, peleará contra cualquiera y no deben preocuparse por las lesiones que puedan sufrir porque tenemos a Madame Pomfrey a nuestro servicio por si algo sucede. Y como ejemplo les podría suceder que tengan que pelear con algún profesor —Al decir esto los alumnos se entusiasmaron mucho—. Bueno que comience la elección. ¡Ah casi lo olvido! Nadie va a pelear con varitas en la clase de hoy, tendrán que defenderse como muggles, porque si están en una situación de riesgo y no tienen varita por algún motivo, razón o circunstancia, entonces sabrán pelear manualmente o con cualquier objeto que encuentren en el momento. Ahora si los primeros serán…
—Cho Chang y Ginevra Weasley. No olviden que no pasa nada si se lastiman —terminó para hacerse a un lado y dar comienzo.
—Tuvimos suerte de que tocaran dos chicas y con dos años de diferencia.
La pelea fue algo agresiva. Parecían tener algo personal. Y era cierto. Las dos querían matarse y se agarraban de los pelos, se pateaban, hasta que Ginny le dio un empujón a Cho y esta cayó para atrás golpeando su cabeza en el suelo. Pero se levantó y quiso golpear a Ginny de un puñetazo en la cara, ésta lo esquivó y la tumbó al suelo nuevamente de un saque.
Los señores Weasley estaban orgullosos. Al menos Ginny era capaz de defenderse.
Luego tocó Seamus y un chico de Durmstrang que lo molió a golpes. También Neville cayó ante otro búlgaro, pero después llegó el turno de Hermione que le tocó con un mayor. Tuvo que pelear contra el ministro Kingsley.
Hermione se defendió bien, Kingsley no podía más del cansancio. Los movimientos rápidos de ella lograban desestabilizar a cualquiera. Y a todos les sorprendió su poco interés por atacar, pero si su manera de debilitar al oponente. Para finalizar con la pelea ella lo empujó suavemente hacia atrás y el ministro cayó vencido al suelo pero sin lastimarse, parece que eso era lo que Hermione estaba buscando, ganar sin necesidad de herir.
Esa pelea fue genial y todos la felicitaron. Incluso se acercó Viktor Krum y Ron se interpuso rápidamente dándole un dulce beso en la mejilla. Hermione se puso colorada pero luego le sonrió.
La siguiente pelea fue graciosísima. La señora Weasley y la profesora Sprout. También peleó Viktor contra Bill, quien cayó en instantes, y George contra Fleur que ganó porque él se dejó vencer, sino seguro Bill lo mataba.
Pasaron unas tres horas a todo esto y se dio por terminado el día. Todos fueron a ducharse y cambiarse para ir a cenar. Hermione fue la primera en terminar así que bajo al corredor del primer piso, donde supuso que se encontrarían los que también terminaron rápido como ella.
Para su mala suerte, Viktor Krum había terminado y quería hablar con ella. Se le acercó y la saludó con un gesto.
—¡Hola Viktor! ¿Cómo estuviste todo este tiempo?, luego del casamiento de Bill y Fleur no te pude saludar —le dijo sonando muy simpática.
—Sí, con el lío que se armó, ustedes desaparecieron y no nos vimos más. Yo estuve bien, siempre rezando para que no te pase nada, como anduviste con esos dos locos que siempre buscan los problemas… —dijo pero ella lo interrumpió.
—Esos dos locos son mis mejores amigos y me encanta meterme en problemas con ellos. —Lo miró muy decidida.
—Bueno no pretendía hacerte enojar sólo digo lo que me parece…
—No hay problema, Viktor, no me enojé, pero es que ellos son mi familia y me pongo muy a la defensiva si hablan mal, porque son unas excelentes personas.
—Eres muy buena con ellos, se nota que los quieres mucho —le dijo y esperó su respuesta.
—No, mucho debe ser poco, con ellos compartí cosas que ni imaginas —pensó unos segundos y agregó— como por ejemplo, entrar en Gringotts sin que nadie se percatara.
—Sí, supe de eso. Al principio no lo creí, pero después pensé que te habían hecho un imperius, ¿tu robando?, no te imagino —le dijo sonriendo.
—Bueno pero fue por una causa justa, si no hubiéramos robado esa copa Voldemort seguiría entre la gente —aseguró satisfecha.
—Creo que en verdad cambiaste mucho, no eras tan revelada.
—El tiempo cambia a cualquiera y el entorno también tiene mucho que ver.
—¿Y ahora estás sola o qué? —preguntó Krum
—¿Sola en qué sentido?
— Tú sabes, ¿no tienes novio?, lo digo porque en la fiesta te vi muy divertida con tu amigo, el tal Ron.
—Ah… Ron, no yo estoy sola, ya sabes tengo mis cosas bien ocupadas como para andar saliendo con alguien —dijo Hermione sin preocupación, lo que no sabía era que justamente ese Weasley bajaba las escaleras y había escuchado esto último.
—Bueno me alegra que estés bien Hermione, nos veremos luego, adiós.
—¡Adiós!
—¿Disculpa? —dijo Ron acercándose a Hermione—. ¿Dijo que se verán luego?
—Ron, no es de buena educación escuchar conversaciones ajenas —dijo Hermione nerviosa—, además es como un “hasta luego”.
—¿Y se puede saber por qué si estás tan ocupada como dices, me andas besando por cualquier parte? —le preguntó enojado.
—No quise decir eso, Ron, sólo quería contestar lo más rápido posible con lo primero que vino a mi mente para sacármelo de encima —le explicó Hermione más nerviosa que antes—. Además, yo no te besé como dices… ¡Tú me besaste y eso fue porque te gustó mi beso!
—No, a ti te gustan mis besos y encima juegas conmigo, porque si estás tan ocupada entonces jamás vas a tener tiempo para mí —le gritó Ron y la tomó de las muñecas—. Pero ¿sabes qué? —inquirió y la acercó más contra su cuerpo—, yo ya me canse de jugar. —Sin poder contenerse, con la respiración agitada, se besaron manteniendo unidos sus cuerpos a través de un abrazo, y después de un largo rato se separaron dándose cuenta de que alguien había observado todo.
Eran los padres de Ron y la profesora McGonagall, que se paralizaron con la escena. Hermione y Ron se pusieron mas colorados que un tomate y para no mirar a los demás se tuvieron que mirar ellos.
«Di algo rápido, Ron», pensó a mil y no le salía nada. «¡Ay trágame tierra, por favor!»
«Piensa, piensa, piensa». La cabeza de Hermione estallaba… «Ya sé, no va a quedar otra.»
—Sí, e-es lo que ven —admitió Hermione— Me e-enamoré de su hijo y voy a pelear por él hasta el final —terminó de decir esto y agarró a Ron de la mano y se lo llevó bien lejos del lugar.
—¡Demonios, Hermione, tu sí que sabes improvisar! Porque no hablabas en serio, ¿no? —le preguntó Ron.
—¿Cómo crees que diría eso a tus padres?
—Bueno pero ahora vas a tener que fingir todo el tiempo.
—No, ya te saqué de esa situación patética, ahora te tienes que arreglarlo solo, porque todo esto es tu culpa.
—¿Qué me vas a decir, que yo te besé esta vez?
—Sí, fuiste tú el que no me soltaba.
—Por favor, por una vez en la vida reconoce lo que te pasa, además por si no te diste cuenta, los dos nos besamos.
—No sé cómo puede estar pasando esto, ¿puedes dejar el jueguito para después? Necesito aire y tú me lo quitas, no sé si estás entendiendo —le dijo Hermione sin pretender herirlo, pero no lo logró.
—Lo único que entiendo es que te odio cuando te pones así, te odio cuando te alejas, te odio cuando estás cerca, te odio más cuando me dejas con muchas dudas porque nunca me hablas directo y te odio por todo, ¿lo puedes comprender? —Hermione se había largado a llorar— Pero a la vez te amo cada día un poco más y no te das una idea de lo mucho que te pienso, que te extraño cada vez que te vas y aún cuando estas cerca, mi corazón se parte al medio porque no te tengo y te necesito tanto. Te necesito, Hermione. —Ron estaba cada vez más cerca y cuando quedaron cara a cara él se alejó y se fue corriendo a su cuarto. Le molestó tanto que ella no le dijera lo mismo o al menos lo contrario. Para semejante confesión el esperaba una respuesta. Quizás un… «¡No siento lo mismo que tú!»
El día terminó muy pesado para los dos, tanto que no fueron a cenar ni hablaron con nadie, sólo se durmieron, uno pensando en el otro.
Harry había logrado quedar con Ginny para cenar y se reunieron con los otros, que se extrañaron por la casual ausencia de Ron y Hermione. Harry y Ginny se miraron en complicidad y lograron que los demás se percataran de esto.
—Harry, ¿qué pasa que no vienen los chicos? —preguntó Luna.
—Ron está con dolor de cabeza creo y se durmió enseguida, pero a Hermione no la vi —contestó amargamente.
La cena fue muy aburrida porque todos estaban muy cansados, los duelos fueron agotadores y además, no estaba Ron para hacer sus chistes. Luego de un rato salió una charla interesante entre George y los chicos del Ejército, sobre sus nuevos inventos y surtidos salta clases.
Hermione estaba acostada en su cama pensando en todo lo que Ron le había dicho. Pero principalmente cuando le dijo que la amaba. «¡Un momento, ¿me dijo que me ama?!». Lo pensaba y no se lo podía creer, Ron le había confesado lo que sentía y ella se había quedado parada y sin decir nada como una tonta. Se terminó quedando dormida.
Ron por su parte, había llorado tanto que su almohada parecía una esponja. «¿Por qué se quedó callada y no me dijo lo que sentía?, yo le abrí mi corazón, ¿y no fue capaz de decirme, al menos que no me ilusione, ni que no tengo esperanzas?», se preguntó una y otra vez. «Desde ahora no pienso hacerme daño pensando en ella. No más. Nunca más. Acostúmbrate a pensar que es tu hermana y que está prohibida para ti. Es imposible. Mi amor imposible» Y se durmió pensando en ello.
A la mañana siguiente un pelirrojo amanecía de muy buen humor y haciendo de las suyas desde tempranito. Harry no sabía qué había pasado pero se puso contento por su mejor amigo y se limitó a no preguntar nada. Ginny no podía creerlo. Hermione que siempre era la primera en todo, se había quedado dormida y no tenía intenciones de levantarse.
—¡Vamos! ¿Qué te sucede, Hermione? ¿No comiste anoche y hoy no piensas desayunar? —le repitió Ginny.
—No me siento muy bien y no quiero bajar, de verdad es sólo eso —respondió Hermione.
—Pero no es muy casual que Ron tampoco haya bajado.
—Ah… no sabía, bueno él debe tener sus razones ¿no?
—Sí, seguro, pues si no me vas a contar me voy.
—Lo siento, Ginny, pero es que ni yo puedo creer lo que pasó.
—¿Y qué pasó?
—Tu hermano, primero me dijo que me odiaba y… y después me dijo…
—¿Qué?
—Que me ama y que está todo el tiempo pensando en mí —confesó con tristeza.
—Pero eso es genial, Hermione. ¡Él te ama!
—Sí, ahora lo sé, pero es que me hubiera gustado decirle que yo también, y en lugar de eso me quedé sin habla, no supe que decir.
—Bueno pero lo importante es que te quiere y tú a él, ahora tienes que pelearla, ¿lo prometes?
—Sí, lo prometo —afirmó y se abrazaron.
Por otra parte del castillo, se desataba una pelea. Ernie Macmillan estaba discutiendo con Neville Longbottom y terminaron en una pelea de manos. Todos estaban presentes cuando la pelea empezó menos Ginny y Hermione que llegaron más tarde. Cuando ya se habían golpeado demasiado, Ron entró en el medio de la ronda que se armó y los separó.
—¡Cálmense! —gritó— El enemigo está allí afuera, si quieren golpear a alguien para descargar su bronca, salgan a buscarlos, yo los acompaño; prefiero eso antes de ver a dos amigos pelear.
—Lo siento, Ron, tienes razón, no volverá a pasar —dijo Neville—. Perdón.
—No me tienes que pedir disculpas a mí, sino a él. Y tú lo mismo. Y ya dejen las tonterías para otro día, vamos a desayunar que estoy desnutrido —terminó Ron causando más risas que nunca.
—Ron me sorprende cada día más —comentó la señora Weasley—. De un día al otro es todo un hombre maduro.
—No querida, de un día al otro no. Estuvimos todo el año sin verlo y con todo el peligro que estuvo rondando, debe haberlo cambiado mucho —le dijo el señor Weasley—. Y también creo que algo tiene que ver con Hermione.
—Sí. No lo dudo.
El desayuno estuvo tranquilo, pasaron el tiempo hablando como siempre y algunos estaban nerviosos por saber con quién le tocaría pelear en la tarde de hoy. Según los adultos, iban a haber complicaciones en los duelos e iban a aportar objetos para la defensa personal.
Luego de tanto hablar y comentar, a la profesora McGonagall se le ocurrió una brillante idea. Harían partidos de Quidditch para practicar el vuelo en escobas, claro estaba que el que no deseaba participar, no estaba obligado a hacerlo.
También se sugirió hacer una fiesta. Al fin y al cabo el Señor Tenebroso ya estaba destruido. Pero aún no estaba decidido el día en que se realizaría. Después de todo, es algo que requiere una preparación.
Pasaron las horas de la mañana viendo posibles hechizos de ataque en una clase teórica que dio Arthur y Molly Weasley. Pero la clase pasó a ser práctica, dejando un espacio en el medio para que alguien se batiera a duelo.
Entonces el Señor Weasley eligió a Harry y a Hermione para el duelo de varitas.
—Bueno, ¡comiencen ya! —indicó.
Hermione atacó primero con un Expelliarmus, al que Harry hizo rebotar con el Protego. Los dos tuvieron buenos movimientos y no podían vencer al otro, cuando Hermione sorprendió con un hechizo no hablado que hizo que Harry saliera despedido hacia atrás chocándose la cabeza con un banco. Pero rápidamente se paró. Estaba sangrando pero igual seguía listo para defenderse.
—¿Qué hechizo usaste? —le preguntó mientras se ponía de pie.
—Desmaius —contestó la castaña—. Mejor terminamos con esto.
—Sí, aunque quisiera no te lastimaría, siempre fuiste mejor que yo y ahora sé que lo sigues siendo.
—Bueno muchachos será mejor que se retiren ahora. Tienen libre hasta la tarde. Harry, Hermione excelente pelea —finalizó el Señor Weasley.
—Gracias, señor —dijeron los dos al unísono.
—Harry —lo llamó Ron.
—Dime Ron, ¿qué pasa? —le preguntó.
—¿Vamos al campo de Quidditch a jugar un rato?
—No, Harry no puede ir, ¿no, Harry? —Hermione lo miró significativamente. Harry no supo qué decir—. ¿No habías dicho que querías hablar con el padre de Ron? —le guiñó un ojo—. Además debes ir a curarte esas heridas.
—Sí, mamá —se burló Harry.
—Bueno entonces yo voy solo, adiós —dijo Ron dando la vuelta algo desilusionado.
—Hermione, ¿por qué no quieres que vaya con él? —preguntó Harry.
—Porque debo hablarle y este es un buen momento, ¿no te enojas, verdad?
—No, para nada. Bueno entonces suerte con Ron.
—Gracias. —Le dio un beso en la mejilla y se fue por donde Ron había desaparecido.
El pelirrojo estaba volando muy cerca de los aros, cuando vio como se acercaba la chica de sus sueños, la persona que mas amaba pero que no le correspondía.
—¿Ron puedes bajar un segundo? —gritó Hermione porque estaba lejos.
—¿Qué quieres? ¿No ves que estoy practicando? —le dijo Ron de mala forma.
—Sí, ya veo. Es solo un minuto.
—Antes era un segundo, ahora un minuto, ¿y luego qué? ¿Una hora?
—¿No te das cuenta que eres ridículo? ¿Cómo es que puedes practicar solo?
—Se puede y punto. Por primera vez la sabelotodo no entiende nada.
—Si no bajas, voy a subir y no te conviene porque no sé volar bien y si me caigo y me pasa algo grave, vas a tener la culpa.
—Ah bueno, ¿y eso es una amenaza?
—Tómalo como quieras, ¿vas a bajar o no?
—Y… si no me queda otra. —Ron bajó y esperó a que ella hablara.
—Bueno yo quiero saber si…
—No para. Vos eras la que ibas a hablar, ahora no me preguntes nada.
—Ah pero…
—Sin peros.
—Está bien… solo venía a decirte que a mí me pasa exactamente lo mismo que tú dijiste anoche, pero si no quieres hablar…
—¿Y qué te pasa? —La miró directo a los ojos, y se acercó un paso más hacia ella.
—Ya te dije, lo mismo…
—¿Qué? —preguntó Ron impaciente.
—Ah… que… no te saco de mi cabeza y que…
—Mira a mí no me mientas más. Ya está, déjalo así. Sigamos como siempre. Tú haces tu vida y yo la mía, y va a estar todo bien…
—Bueno como quieras, pero cuando te arrepientas no vengas a buscarme —dijo esto pensando en lo contrario. Ya estaba por ir cuando Ron la detuvo agarrándola del brazo y tirándola encima de él.
—Ya me arrepentí —aceptó y la besó muy intensamente. Ella se sorprendió pero rápidamente se acomodó y le pasó las manos por el cuello, y él las posó en su cintura. Se besaron tanto que cuando se soltaron, se quedaron sin habla, y cayeron en otro dulce pero muy apasionado beso.
Había pasado media hora desde que Hermione se fue a hablar con Ron, y Harry no sabía qué hacer. Ella le había dicho que sólo tardaría unos minutos pero que no se preocupara, si tardaba más. Aunque él sabía que algo raro pasaba y solo había dos opciones; o estaban peleando o por fin se estaban diciendo lo mucho que se amaban. Pero una pelirroja lo sacó de sus pensamientos.
—¿Qué haces? —preguntó Ginny.
—Solo pensaba —contestó.
—¿Tú piensas? —dijo Ginny muy sonriente.
—¡Qué graciosa, Gin! —le dijo sin reprimir una sonrisa.
—¿Desde cuándo me dices Gin? —preguntó sorprendida.
—No lo sé, desde ahora.
—Bueno al menos no me disgusta. ¿Harry, te puedo hacer una pregunta? —Harry asintió—. ¿En qué quedó lo nuestro?, digo porque quiero saber si puedo esperarte o tengo que buscarme otro chico.
—Jajá, hoy estas demasiado bromista, la verdad aún no medité la situación, déjame pensar —Se tomó la cabeza, puso cara de estar pensando y dijo— No, no te vas a librar de mí tan fácilmente. No puedes salir con nadie que no sea yo, porque en mi opinión, soy alguien inolvidable y además si por alguna razón me olvidaras, voy a buscar mil formas para enamorarte de nuevo.
—¿Y cómo sabes que estaba enamorada?
—Porque, aunque no lo creas, te conozco muy bien y además tú me hiciste sentir algo que nunca pensé, sería capaz de sentir y me enseñaste a amar Ginny, y por eso y mucho más te amo y nunca voy a dejar de amarte.
—Yo pensé que tal vez tú ya no… —Harry le puso el dedo índice en los labios.
—Shhh… no digas nada, Ginny. No te das una idea de cuánto te extrañé, de cómo te lloré y la alegría que me dio volverte a ver. No sabes las veces que me quise morir, que quise ser otro para no tener la carga de ser el elegido… ¡Y no te das idea de lo feo que fue enterarme de que finalmente estaba destinado a morir y que no ibas a estar conmigo! Cuando me enteré no tuve miedo a la muerte, sólo tenía miedo de que mi muerte no sirviera para derrotar a Voldemort. Y de todas formas me dirigí hacia el bosque con mi capa de invisibilidad y pase por tu lado… Hubiera querido despedirme pero si me quedaba ahí, tal vez el miedo me traicionaba, así que seguí mi camino y en el bosque…
—¿Qué fue lo que pasó Harry? ¿Por qué estás tan mal? —preguntó Ginny, viendo su reacción al hablar de aquello.
Harry estaba llorando y temblaba, pero continuó… necesitaba desahogarse con alguien más que no fuera Ron y Hermione.
—En el bosque, descifré la clave de la snitch que Dumbledore me dejó en su testamento. Dije “estoy a punto de morir”, la snitch se abrió a la mitad y encontré en ella la piedra de la resurrección, una de las tres reliquias de la muerte. Con ella obré milagrosamente y a-aparecieron mis padres, Sirius y Lupin, hablé con ellos y me dieron fuerzas para seguir. —Cada palabra le costaba pronunciarla— Y luego encontré a Voldemort. Hagrid estaba ahí y me dijo que estaba loco, que me fuera, pero no le hice caso, solté la piedra sin que nadie lo notara, calculo que ahora debe estar ahí y luego él alzó la varita y me miró como si esperara que me defendiera, mis padres, Sirius y Lupin desaparecieron cuando solté la piedra y en ese momento pensé… —Harry titubeó un poco— Sólo pensé en ti y… vi como Voldemort me lanzaba el maleficio, la luz verde, con la que tantas pesadillas tuve, y todo se apagó. —Seguía temblando pero ya no lloraba y Ginny lo abrazó fuerte.
—Pero no te fuiste, estás aquí y todo está bien —lo tranquilizó.
—No era a la muerte a quien le temía, sino que temí por ti, Ginny yo de verdad no puedo evitar temer por el peligro de los que quiero y amo tanto como a ti, nunca temí por mi vida —le aseguró un poco más calmado.
—Harry, ¿esto sólo lo saben Ron y Hermione, verdad?
—Sí, no creo estar preparado para que los demás sepan… además es una parte de la historia que para ellos mucha importancia no tendrá…
—Pues lo de las reliquias creo que deberían saberlo, porque al final eres el amo de la muerte como le dijiste a Voldemort, creo que nadie entendió muy bien lo que pasó esa noche, ni yo entiendo bien y me acabas de contar cuando moriste y aún estás aquí, imagínate ellos que no saben nada.
—Bueno pero ya habrá tiempo para eso… ¿Ahora puedo preguntarte algo?
—Sí, te escucho.
—¿Quieres volver a ser mi novia? —le preguntó algo nervioso.
—S… no sé, tengo que pensarlo… — Al ver la cara de pobrecito que puso, dijo— Claro que sí, ¿cómo no voy a querer? Eres lo que más quiero en la vida…
—Te amo —le dijo dándole un beso.
—Y yo a ti, Harry. Te amo —respondió Ginny con más y más besos hasta que decidieron parar por si alguien los veía. Pero George había escuchado de principio a fin todo lo que dijeron. Y antes de ser descubierto se desapareció rápidamente.
Por la tarde se encontraron nuevamente todos en el Gran salón. Los duelos de hoy serían grupales. Esta vez, a Harry y Ron les tocó pelear, ya que, la clase anterior, ninguno de los dos fue nombrado por la vasija. En el primer grupo peleó Neville, Luna y Parvati contra los búlgaros, Seamus y Cho. El vencedor fue este último y Parvati resulto herida en la rodilla izquierda. Esa pelea duró unos quince minutos. Luego pelearon cinco contra cinco. Ginny, Harry, Ernie y dos búlgaros contra Padma, Katie, (del equipo de Quidditch), George, Terry Boot y otro búlgaro. Duraron media hora peleando ya que los búlgaros, George y Harry no se rindieron muy fácilmente. Al final quedó Harry contra un musculoso moreno de Durmstrang del lado contrario y éste terminó en el suelo, no mal herido, pero inconsciente por un golpe de parte del niño que vivió. Por supuesto la batalla fue ganada por el grupo de Harry.
La última pelea iba a dar que hablar. Ron y Lavender, contra Hermione y Viktor.
Por la mente de Ron pasaron un sinfín de cosas. Sabía que había llegado la hora de poner en su lugar a Krum, pero si le ganaba y Hermione era más que seguro que acabaría con Lavender, él tendría que pelear contra ella.
Por otro lado, la castaña pensaba lo mismo, pero no se preocupaba tanto, ya que no sabía si Ron podría ganarle a Viktor o no. Krum era más grande y fuerte, aunque Ron había desarrollado un muy buen físico durante los dos últimos años, pero sobre todo ese último que no asistieron al colegio y se dedicaron a sobrevivir solos y sin ayuda.
La pelea comenzó y Ron sin saber por qué, se tenía demasiada confianza. Sabía que si peleaba le iba a ganar, entonces empezó a dejarse vencer. Le dio mucho espacio a Krum y éste lo aprovechó lo mejor que pudo. Lo golpeó tanto que ya él mismo sentía dolor en sus manos pero Ron seguía de pie sin mostrar ni una mueca de dolor.
Por parte de Hermione, se cubrió muy bien de los malos movimientos de la rubia y luego por ver cómo le iba a Ron se distrajo y Lavender la golpeó en el estómago.
Ron tenía ganas de matarla pero para su desgracia, estaba en su equipo. Entonces escuchó los comentarios de los espectadores mientras seguía dejándose golpear.
—Míralo, es un tonto, no es capaz ni de intentar golpearlo —dijo Dean a Seamus.
—¿Por qué se dejar ganar? ¿Qué le pasa? —preguntó el señor Weasley.
—¡Ay… esto es el colmo, así no se comporta un Weasley! —gritó Ginny.
Harry sin saber cómo entró en la cabeza de Ron y le repitió varias veces. «¡Vamos, amigo, tu puedes, demuestra quien eres y luego déjate ganar frente a la persona que amas, no frente a él, justo él!» No supo cómo lo hizo pero pareció funcionar.
Cuando Ron iba a recibir otro duro golpe en la cara, con un rápido movimiento levantó su mano derecha y tomó la de Viktor retorciéndola fácilmente. Este gritó con violencia por el dolor que le provocó eso. Ron le había doblado el brazo y luego, muy tranquilo, le dio tres golpes en seco en el torso, lo que hizo que su oponente escupiera sangre por la boca, y luego lo golpeó con más fuerza en la cara y lo dejó tumbado en el suelo.
Hermione estaba tan contenta que no se dio ni cuenta de otro golpe de Lavender. Ni le dolió y luego en un abrir y cerrar de ojos la noqueó de una puñetazo entre el ojo izquierdo y la nariz de la rubia, eso la hizo sentir aún mejor de lo que se había sentido esa vez en tercer año cuando golpeó a Draco Malfoy.
Cuando quedaron Ron y Hermione se miraron a los ojos y luego Ron habló:
—Si me vas a golpear hazlo, yo no pienso lastimarte —admitió con una débil sonrisa, la cual hizo que ella se derritiera por dentro.
—No, gracias. Ya recibiste muchos golpes. —Ella le devolvió la sonrisa.
—Bueno —dijo el señor Weasley, alzando las cejas ante la sorpresa— creo que no podemos obligar a dos personas que se quieren tanto a pelear. —Cuando terminó esta frase los dos se pusieron rojos de vergüenza. No sólo por lo que había dicho el padre de Ron sino porque el día anterior los había visto besándose apasionadamente.