Albus levanto la vista y la fijo en la mesa de Ravenclaw. Al parecer ellas estaban hablando… una charla casual.
De repente, Rose levantó la mirada y clavo sus ojos celestes en los verdes de él. Y lo primero que pensó Albus era lo hermosa que se veía su prima en ese momento. Llevaba el cabello rojo atado en una larga trenza que caía de costado por su hombro, hasta su cintura. Algunos rizos rebeldes se soltaban de sus ataduras, enmarcando su rostro de forma desordenada, pero encantadora. Sus labios rosados y carnosos, estaban apenas entreabiertos. La nariz pequeña y respingada, surcada de pequeñas pequitas casi imperceptibles vistas desde lejos, pero que Albus sabía perfectamente que se encontraban ahí. Y esos ojos profundos, como un océano, que lo escrutaban de forma pensativa y algo contrariada a la vez.
Frunció el ceño cuando el contacto visual fue interrumpido de repente por su prima, que hizo un gesto exagerado, aparentemente para soltarse del agarre de Lucy. La vio tomarse el antebrazo con fuerza con su mano contraria y hacer una mueca de dolor y enseguida la preocupación sobrevino a todo lo demás. Se levanto presuroso y caminó con paso firme hacia la mesa de Ravenclaw, ante la atenta mirada de Scorpius que había observado todo en el mismo momento que su amigo.
***
—¿Por qué eres tan arisca, Nique? —Lysander intentaba hacerle una caricia a su novia por debajo de la mesa, pero era rechazado continuamente por los manotazos y las miradas de odio que ella le dedicaba.
Dominique pasaba mucho tiempo en la mesa de Ravenclaw, así como Lysander hacía lo propio en la de Gryffindor. El rubio rió con ganas y sacudió la cabeza de un lado a otro.
—Eres imposible.
—¿Qué demonios haces conmigo entonces?
—Te soporto, mujer. No cualquiera lo haría.
Ella le respondió la osadía con una mirada asesina acompañada de un potente pellizcon por debajo de la mesa. Él maldijo por lo bajo, pero se rió satisfecho. Adoraba hacerla enojar.
—Nique, no cualquiera te soportaría, claro que no… pero porque yo no pienso dejar que nadie más te toque.
—Si, claro. No quieras arreglarlo, Sandy.
—¡Hey! ¡No me llames Sandy!
Lorcan, sentado al frente de su hermano y siendo fiel espectador de la pelea, se rió a carcajada limpia.
—Esto es demasiado para mi salud mental, me iré a buscar a Lucy.
***
Lucy observaba a Rose, preocupada. Su prima estaba inapetente, algo muy raro tratándose de ella, y además hacía dos días que se encontraba callada y pensativa.
Aún así, lo más raro del caso no era todo eso, sino el detalle de que durante esos dos días que llevaba en esa actitud extraña, había estado esquivando a Albus hasta en las clases compartidas que tenía con él.
Esto la desconcertaba. No recordaba haberlos visto peleando… lo cual, ya de por sí, habría sido muy extraño. Igual podría haber sucedido y ella quizás no estaba ni enterada ya que, a pesar de que los tres estaban en el mismo año junto con Louis, este último y ella estaban en Gryffindor, mientras que Rose estaba en Ravenclaw y Albus en Slytherin. Así que no tenía forma de pescarlos en nada extraño.
Aquella mañana, un lluvioso sábado de fines de Septiembre, se había escapado a la mesa de Ravenclaw para sentarse junto a su prima e intentar que le dijera algo, pero era inútil.
—¿Por qué no me dices que te pasa?
Pregunto por milésima vez. Rose suspiró.
—Porque no es nada, Lu.
—Si no fuera nada estarías comiendo y Albus no te estaría mirando de la forma en que lo hace desde la mesa de Slytherin.
Ante esta afirmación, Rose levanto la cabeza de repente para encontrarse con los ojos verdes de su primo, profundos e insondables. Se sentía estúpida por haber quedado tan condicionada por un tonto sueño, pero las marcas seguían ahí, en su piel, recordándoselo minuto a minuto. La que había causado el golpe del rubio, le dolía más que la causada por Albus… pero aun así ambas llameaban.
Lucy vio con incomprensión como los ojos de sus primos quedaban sellados, mirándose el uno al otro prácticamente sin pestañear. Le molesto no entender. Le gustaba enterarse de todo, y Rose era la persona mas indescifrable de la familia… y no lograba entrar en su cabeza. En un impulso, la tomo por el antebrazo para sacudirla y así sacarla de su ensimismamiento.
—¡Mierda, Lucy!
Rose hizo una mueca de dolor y retiró su brazo con furia de las manos de su prima, maldiciendo por lo bajo el estar siendo observada por todos los Ravenclaw’s cercanos a ellas, debido a su forma de hablar. Lucy abrió mucho los ojos y la miro, anonadada.
—Pero, ¿Qué te pasa? ¡Si apenas te toque!
—Yo… —Cayo en la cuenta de que había sido descuidada. No quería contarle a su prima el sueño que había tenido. Se puso nerviosa. —Es que… me lastime jugando al Quidditch.
Lucy pestañeo. Rose y Quidditch no eran dos palabras que en general fueran de la mano…
—Rose… tu no juegas al Quidditch.
La otra dio un respingo.
“¿Por qué demonios no se me ocurrió una mejor excusa? Genial, Rowena estaría orgullosa de mí.”—Es que estuvo practicando con nosotros y uno de los bateadores del equipo de Slytherin calculo mal y… —Albus apareció de la nada y tomo el brazo de su prima con sumo cuidado, levantando la manga de su camisa blanca, acariciándole la piel en el recorrido, percibiendo el estremecimiento de ella ante el tacto, para dejar al descubierto un moretón del tamaño de una pelotita de tenis. —…y eso fue lo que paso.
Rose temblaba. No sabía si agradecer a su primo por haberla rescatado de tamaño aprieto, si echarlo a patadas de allí o si pedirle una explicación de cómo demonios sabía él que ella tenía un moretón en el brazo, justo donde él posaba su mano en ese preciso momento. Porque, si bien quizás los nervios la habían nublado para dar a su prima una excusa más convincente, no por nada era una Ravenclaw. No era tonta: su primo sabía perfectamente que ella tenía el brazo lastimado… Pero la intrigaba como era que lo sabía y la intrigaba más aún saber si él estaba enterado de que había otra marca en su cuerpo… y de donde estaba.
—Claro… es que fui a verlos jugar y Albus me presto su escoba, ya sabes, dar unas vueltas… y me metí mucho en el campo de juego y el pobre de Gribs… bueno, no tiene muchas luces.
—Es un buen golpeador. —Lo defendió Albus, aún sabiendo que ella tenía razón.
—¿Me tratas de decir que yo soy un buen blanco de tiro?
—Oh vamos, Rose, fue un accidente.
—¿Así que eso era? —Lucy intervino en la discusión tan de repente como había desaparecido de ella, y sus primos giraron a mirarla, algo desorientados con su pregunta. —Quiero decir, ¿estaban peleados porque el imbecil de Gribs había pegado a Rose con una maldita bludger?
Rose no sabía si reír o llorar. ¿De donde
demonios había sacado su prima tamaña conclusión? Decidió no sacarla de la oscuridad… claramente le convenía no poner luz en aquel tema.
—Eh si… es que Albus defendió a Gribs y yo… yo me enfade.
—¡Ey, yo no lo defendí! Lo que pasa es que tú te fuiste corriendo sin dejarme decir palabra.
—Tienes suerte de que no me haya quebrado un brazo.
—Oh, vamos, Rose. Gribs no tiene tanta fuerza.
—Primero dices que es un buen golpeador y luego dices que no tiene fuerza. ¿De que diablos serviría un golpeador sin fuerza?
—¡Rose! No me enredes…
—Intentas defender lo indefendible, Albus…
—Oigan… —La pelirroja hija de Percy estaba empezando a adorar como, a un llamado suyo, las cabezas se sus dos primos se giraban a un solo tiempo a mirarla, como reclamándole la interrupción. —Me superan… parecen una pareja de enamorados peleándose sobre si lo que hizo su hijo pequeño esta bien o esta mal…
Los colores empezaron a subir por el rostro Rose y pronto sintió la cara arder, sabiendo que estaba casi tan roja como su cabello. ¡¿De donde DEMONIOS…?! Definitivamente Lucy tenía serios problemas inventando teorías…
Albus estaba parado a su lado, tieso como un palo, con el rostro duro, un gesto inusual en él.
Justo en ese momento, la cabellera rubia de Lorcan de hizo presente en el sitio. Sonrió a los tres primos con una expresión despreocupada y feliz.
—¡Lu! Te estaba buscando. No estabas en tu mesa…
—No, porque estaba aquí.
—Claro, ahora te veo… —Contesto Lorcan rodando los ojos ante el irónico comentario de su novia. Sin más, y saludando cortamente a los otros dos, tiro de ella y desaparecieron de allí.
Albus y Rose se quedaron un momento estáticos, viendo como el comedor, poco a poco, se iba vaciando. La pelirroja levanto la mirada desde su asiento y su primo bajo la cabeza hasta encadenar su vista otra vez con la suya. Se miraron en silencio por unos momentos hasta que el moreno suspiró y se sentó al lado de ella en el banco de la larga mesa de Ravenclaw. Rose se removió en su asiento, incómoda.
—¿No me vas a decir como te hiciste eso?
—¿Acaso no lo sabes? —Atajó ella. Albus pestaño.
—No tendría porque saberlo…
—Yo creo que solo te haces el idiota. ¿Cómo es que me sacaste del aprieto tan airosamente si no sabías tenía un golpe en el brazo?
—Rosie… yo solo te estaba observando desde mi mesa y me pareció extraña tu reacción. Cuando llegue y escuche la excusa sin pies ni cabeza que le habías dado a Lu, decidí sacarse del paso… No tengo ni idea de quien te hizo eso, y la verdad es que creo que no quiero saberlo.
—¿Y eso porque?
—Porque no podría evitar ir a golpearlo.
Rose rió para sus adentros. La situación era bizarra.
“¿Te pegarías a ti mismo, querido primo?”Albus se despeinó el cabello en un gesto desinteresado y clavo sus ojos verdes en el techo encantado del Salón. Rose lo miró de costado, pensado que su primo quizás estaba siendo sincero con ella y que no tenía ni idea de que era lo que le había sucedido.
Recorrió con su mirada el perfil de él, sus expresivos ojos verdes y su cabello color azabache, igual al de su padre, cayendo desordenado sobre su rostro. Era la primera vez en su vida que se le cruzaba por la cabeza que su primo era realmente muy apuesto.
Sondeó los alrededores con la mirada. Tres chiquillas de cuarto año miraban a Albus como si su cara fuera una pintura de Leonardo da Vinci y quisieran descubrir si de verdad “La Mona Lisa” escondía algo tras la expresión de su rostro. Frunció el ceño, enojada. Le molestaba que miraran tanto a su primo. Oh si, le molestaba sobremanera.
Albus se volvió a mirarla, sonriente de repente y las muchachitas suspiraron. Rose las fulminó con la mirada.
—De acuerdo, si no me quieres contar no hay problema Rosie. Pero… hazme el favor de no desaparecerte, ¿quieres? Te extraño cuando no te veo por un par de días.
Y diciendo esto, la tomó por los brazos atrayéndola hacia sí, pegándola a su cuerpo, acariciando su cabello con parsimonia y dándole un dulce beso en la frente. Ella cerro los ojos y se dejó abrazar por él, rendida. ¿Como podía habérsele cruzado por la cabeza que su primo estuviera enamorado de ella? Era completamente ridículo y la exasperaba. Su primo la adoraba… y había tenido millones de oportunidades para robarle un beso y nunca lo había echo. Definitivamente, no había ningún fuego entre ellos. No, no había fuego entre ellos. No había…
“¿Qué ganas mintiéndote a ti misma? Estúpida, estúpida.”—Me voy, Rosebud. —Declaró, utilizando ese apodo del que solo él hacía acopio. Rose no respondía a nadie más que no fuera él si la llamaban de ese modo. —Tengo una verdadera practica de Quidditch en diez minutos y Scorpius ya me esta mirando mal porque sigo aquí cuando debería estar yendo al campo con él. Oh… mira, increíblemente vendrá a buscarme. —El moreno reía… Rose sentía deseos de ser tragada por la tierra en ese preciso instante.
—Albus. Weasley…
Scorpius la saludo con su modo habitual, seguro y de pocas palabras. Rose hizo un intento por no mirarlo, para no tener que perderse en sus ojos fríos, pero no pudo evitarlo y se giro.
Él le dedico una paralizante sonrisa de medio lado y movió su cabeza a modo de saludo. Rose imitó el gesto, perturbada. El rubio se giro para mirar a Albus.
—¿Nos vamos?
—Sí, dame solo un segundo, Scorp…
Él asintió y se alejo unos pasos, apoyándose en la mesa con elegancia, apartando sus rubios cabellos del rostro con una mano. Rose sintió un nudo en el estómago al ver como todas las chicas suspiraban al pasar por su lado. No entendió porque, pero se sintió afectada. Podría molestarle que las mujeres se fijaran en Albus, pero… ¿Malfoy? ¿Por qué iba a importarle?
—Tengo que dejarte, Rosebud… pero no te pierdas otra vez, ¿de acuerdo? Dime, ¿seguro que estas bien con ese brazo?
Rose se giró a mirarlo de repente. Quiso presionarlo un poco más, para estar segura de que su primo no sabía nada de su sueño. Pero, de todas formas, ¿Cómo podía saberlo? Era un sueño, su sueño, nadie más sabía que soñaba salvo ella misma. De todos modos, la inesperada aparición del rubio la había dejado atontada como para intentar alguna de sus artimañas.
—Si… si, de verdad, estoy bien. Ve a la práctica.
El sonrió y beso su cabello pelirrojo con suavidad.
—¿No quieres venir?
La pelirroja lo pensó. Luego recordó que no había desayunado nada y que su estomago le pedía a gritos, aunque no mas fuera, una taza de café con leche.
—Terminaré de comer y luego te alcanzo, ¿quieres?
—Te espero, linda. —Terminó él y, con una última caricia en su mejilla, se levantó del asiento y se fue, dejándola aun más atontada que antes.