No sin ti.
Su cuerpo estaba demasiado frío...
Su pecho no subía y bajaba al compás de su respiración...
Y sus bellos ojos me miraban sin verme...
Aquella mañana el sol había nacido pobre, triste y sin brillo. Multitud de cadáveres adornaban el valle donde había tenido lugar "La Gran Batalla" o "Última Guerra". Una niebla cargada con la muerte, el horror y el miedo había engullido todo aquel lugar. Pero ni si quiera el rastro de la muerte o el olor a cadáver se igualaba al silencio sobrecogedor que ni las aves se atrevían a romper.
Mi vista quedó nublada por la gran cantidad de lágrimas que habitaban en mis ojos. Mi corazón sucumbió a una gran tristeza al observar a mis amigos, unos de los pocos sobrevivientes de aquella carnicería.
Hermione estaba echa un ovillo con su propio cuerpo, mi hermano Ron la consolaba y abrazaba, también roto de dolor. Harry estaba un poco más allá, con la vista fija en ningún lado y el rostro y as manos llenas e heridas y sangre. Cuando él escuchó mis pasos se volteó hacía mi y la amargura de sus ojos conmovió mi corazón.
- Lo siento...no llegamos a tiempo. -
Escondió su rostro entre sus manos, ahogándose en su propio mar de lágrimas. ¿Por que todos estaba tan tristes? Harry había vencido a Voldemort y los mortífagos estaban acabados. ¿Dónde quedaba la alegría de la victoria?
Entonces me atreví a dar un par de pasos más y descubrí el cuerpo de Draco un poco más lejos. Él estaba tumbado en el suelo, dándome la espalda. Una sonrisa iluminó mi rosto y seguí caminando hacía donde estaba Draco.
- ¿Draco? - susurré.
Pero no obtuve respuesta por parte del rubio. Lentamente me arrodillé a su lado, llevé mis manos hasta sus hombros y con suavidad lo voltee hacía mi. Una horrible sensación de vacío se apoderó de todo mi ser cuando descubrí su expresión inerte. Su cuerpo estaba demasiado frío. Su pecho no subía y bajaba al compás de su respiración. Y sus bellos ojos me miraban sin verme...
Unas pequeñas lágrimas cayeron de mi rostro para mojar la manchada y rota camisa de Draco. Con los dedos temblorosos acaricié su rostro, pero seguía sin recibir respuesta.
- !No, Draco, por...favor! - exclamé. - !Draco! !No me dejes! - grité desesperada.
Abracé su cuerpo inerte con fuerza, cerré los ojos mientras lentamente iba entendiendo que jamás volvería a sentir sus besos y caricias, que sus ojos ya no volverían a abrirse y que jamás volvería escuchar su voz.
- !DRACO! !NO ME DEJES, TE NECESITO! !DRACO! - grité a pleno pulmón.
Rápidamente sentí unos brazos que me querían separar de Draco, pero no lo iba a permitir. Rota de ira, dolor y tristeza empecé a defenderme "Nadie nos va a separar Amor mío, te lo juro" dijo Draco un vez.
En todo momento escuché las voces de Harry y Ron pero no les quería escuchar. No podía aceptar que Draco estuviera muerto. Poco a poco sentía como la fuerza abandonaba mis brazos y el cuerpo de Draco más lejos de mi.
- !NO, DRACO, NO! - grité entre lágrimas, evitando lo inevitable.
Después e aquello el tiempo se detuvo para mi. Draco ya no estaba a mi lado y eso es lo que más dolía. Unas risas infantiles me sacaron, por un momento, de tristeza. Unos niños jugaban alegremente en el jardín y entre ellos pude distinguir a mis sobrinos, Rose y Hugo y a un tercer niño.
Piel pálida, cabello rubio y ojos grisáceos. Mi hijo, Christian. El dolor y la angustia volvieron a mi transformadas en lágrimas. El pequeño Christian corrió hacía mi y me cogió la mano con la suya, finalmente me gaché, quedando a su altura. Christian clavó su mirada en mi.
- ¿Por que lloras mamá? - preguntó
- Estoy muy triste, Christian. - susurré
El niño sonrió y alargó sus manitas, limpió con suavidad mis lágrimas y volvió a sonreír.
- No estés triste mamá. Yo te quiero mucho. -
Rodee el cuerpo de mi hijo con mis brazos y lo atraje hacía mi. Él alzó sus bracito y rodeó mi cuello con ellos.
- Yo también te quiero mucho. - susurré
Nos separamos un poco y le mire a los ojos. Christian no paraba de sonreír y aquello provocó en mi una felicidad que llegué a creer que jamás volvería a sentir. Alargue mi mano y le acaricié la mejilla.
- Pase lo que pase siempre voy a estaré cuidando de ti. - susurré. - Y nunca olvides que siempre voy a amarte, siempre. -
- !Chris! - gritaron Rose y Hugo a la vez.
El niño volteó la cabeza y saludó a sus primos con la mano. Yo le sonreí cuando Christian volvió a mirarme.
- Anda, ves a jugar con tus primos. -
Abracé a mi hijo con fuerza y luego bese su frente con lentitud. Observé como el niño corría junto a sus primos y volvían a jugar. Yo cerré los ojos y suspiré largamente, luego regresé al interior de la casa. Hermione y Ron estaban en el salón hablando con Harry, me escondí detrás de la pared y en silencio me despedí de ellos, por último me dirigí a mi habitación.
- Perdóname Christian, pero no aguanto más sin tu padre. - susurré con unas tijeras en las manos. - Draco....no puedo sin ti. -
Cuando apreté las tijeras contra mi muñeca no sentí dolor, sino un gran deseo de volver ver a Draco. Poco a poco la sangre espesa empezó a salir de ambas muñecas, cerré los ojos y esperé al abrazo de la muerte...
Me hallaba en un bosque verde, resplandeciente. ¿Acaso no había muerto? Los pájaros cantaban alegres desde los árboles y los demás animalillos se enredaban entre mis pies. El sol era tan cegador que no me permitía ver más allá de mis propios pasos, pero eso no me importaba.
Una fragancia mentolada me envolvió por completo y sonreí. Al poco sentí como alguien me cogía de la mano, y con suavidad me voltee. Draco también sonrió al verme y yo le acaricie el rostro con ternura, aún no me creía que él estuviera conmigo.
- ¿Ginebra? - susurró él.
De repente la tristeza nubló sus preciosos ojos de plata.
- ¿Qué has echo? - preguntó.
- Todos estos años han sido como un infierno para mi. - empecé. - Aunque siempre he tenido todos a mi alrededor me e sentido sola. - susurré. - No puedo seguir ti, lo siento. -
Él finalmente me abrazo y yo me apoyé en su pecho. De repente me volví a sentir bien, tan bien cuando estábamos los dos juntos. Abrí los ojos y me acordé de mi hijo. Me separé un poco de Draco y le miré horrorizada.
- !Draco, que echo! - exclamé. - He dejado a nuestro hijo solo! -
Pero él no se preocupó sino que sonrió y me acarició la mejilla para calmarme, finalmente depositó un beso en mi frente.
- Christian jamás va a estar solo, además nosotros le protegeremos desde aquí. -
Tomó mi rostro entre sus manos y me besó con suavidad, cerré los ojos y me dejé llevar. Al fin estariamos juntos por y para siempre...
Qué os ha parecido¿? Acepto todo tipo de cricitas, siempre que sean constructivas y sin llegar a ofender.













