por Laura Black Wilson » Sab Mar 07, 2009 1:17 pm
Hola. Antes de nada, contestaré vuestros posts:
Imperfect: Me encanta que te haya encantado.
sayuka: ¡Muchas gracias por darle una oportunidad a este fic! Vaya, ¿te llamas Laura? Ya tenemos algo en común. Además de traviesa, es muy curiosa, no ha podido resistirse a acercarse al arco. En cuanto a Luna… aunque a lo largo de la saga se muestra como una persona que cree en cosas en que las demás personas no creen y muchos la llaman chiflada, a mí siempre me ha parecido muy madura, en parte porque perdió con nueve años a su madre, y no duda en actuar. Es una persona bastante calmada y, al contrario que Hermione, no pierde los nervios con facilidad. Ginny también es bastante madura. Y Hermione… bueno, en los libros sólo es así de nerviosa al principio de la saga, luego se va relajando. Pero ella sigue siendo la más nerviosa, la que más se preocupa. Solamente con pensar que ha podido sacar una nota un poco baja ya está nerviosísima, así que imagínate cómo se siente en una situación así. Es la que mejor sabe que solamente con haber caído allí puede haber cambiado totalmente el futuro. Además, es una de las que más apoya a Dumbledore, quiero decir, que ella jamás duda de sus decisiones. Otros a sus espaldas han murmurado alguna vez que Dumbledore podría haber hecho alguna cosa de otro modo, pero a lo largo de la saga se ve que ella siempre cree que todas las acciones que hace Dumbledore tienen una explicación. El que no puedan contarle nada a Dumbledore la pone aún más de los nervios.
…valeeP…: ¡Qué bien! ¡Una nueva lectora! ¡Muchas gracias por darle una oportunidad a este fic! Me encanta que te haya encantado.
.Luna llena.: Ya estoy aquí. Antes de nada, te diré que tengo que hablar contigo de un tema de importancia vital (en cuanto pueda te mandaré un mensaje privado). En cuanto al capítulo, como siempre digo, me encanta que te encante. La verdad es que coincido contigo. A mí también siempre me ha dado un poco de pena que se metieran de esa forma con Severus, y siempre he admirado mucho a Lily por defenderle sin importarla lo que los demás pudieran decir. Como dices, Laura demuestra su valentía al defender a un Slytherin sin serlo ella. Pero además de reflejar su valentía, muestra su afán de hacer justicia.
lily_gin_lily: Me alegra que te haya gustado.
Bueno, creo que ya ha llegado la hora de que leáis el tercer capítulo.
Disclaimer: Muchos de los personajes y lugares pertenecen a J.K.Rowling (existen excepciones).
Capítulo 3:
La mano de Laura se detuvo sobre la aldaba de bronce. Una extraña sensación la recorría de arriba abajo; no era exactamente nerviosismo ni miedo, al contrario, era algo que la ayudaba a mantener estas sensaciones lejos de sus pensamientos, algo que hacía que mantuviera la cabeza fría y despejada. No podía permitirse estar nerviosa, no en ese momento. Tenían una misión muy importante y no podía titubear en ningún instante.
Lanzó una mirada a sus amigas. Laura sintió un pequeño peso en el estómago al mirar a Hermione, aunque se relajó un poco cuando su amiga le devolvió la mirada. Laura sabía perfectamente que Hermione estaba muy disgustada con la idea de no poder contarle a Dumbledore la verdad, pero, sin embargo, se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo para no ponerse a gritar de forma histérica.
- ¿Preparadas?
Hasta a Laura le costó oír su propio murmullo; sabía que si hablaba en un tono más alto, había muchas posibilidades de que se le quebrara la voz.
Aunque la pregunta iba para todas, Laura no dejó de mirar a Hermione. A su amiga le temblaron ligeramente los labios cuando intentó responder. Luna le puso una mano en el hombro.
- Todo va a salir bien.
Era increíble el optimismo de Luna. Parecía muy segura de su afirmación. Hermione asintió con la cabeza.
- Lo vamos a hacer genial. – murmuró Laura, intentando animar a sus amigas.
- Tú lo vas a hacer genial. – dijo Ginny.
Laura miró a su amiga pelirroja con gesto interrogante.
- Las cuatro lo haremos genial.
Hermione negó con la cabeza.
- Será mejor que tomes tú la palabra, Laura. Siempre has tenido un talento especial para… crear una historia sin lagunas en muy poco tiempo. McGonagall se las ha creído todas.
Intentando calmar la tensión que se palpaba en el ambiente, Laura sonrió.
- Vaya, tú admitiendo que mi talento puede ser de utilidad. ¿No te habrás dejado una parte de tu personalidad en nuestro tiempo?
Hermione sonrió. Laura se volvió hacia la puerta, suspiró y tocó dos veces con la aldaba en la puerta.
Un segundo después, la puerta se abrió sola. Sin mirar a sus amigas, Laura dio un paso y entró en el despacho del director. Tenía algunas diferencias con respecto al despacho que Laura siempre había visto; aunque las paredes estaban llenas igualmente de los retratos de los anteriores directores, no había tanta cantidad de artilugios extraños. Como Laura estaba acostumbrada a ver en su tiempo, el Sombrero Seleccionador estaba tan raído como siempre sobre una repisa. El perchero de Fawkes, el fénix de Dumbledore, estaba al otro lado del despacho, vacío y sin señal alguna del ave.
Laura captó un movimiento a su derecha y giró la cabeza. Unas alas con plumas escarlatas y doradas la rozaron al pasar por su lado. Fawkes se posó sobre el perchero. Laura sonrió con alivio.
- Siempre me gustó.
- ¿Qué es lo que la gusta?
Laura dio un respingo y se giró. Dumbledore acababa de entrar en el despacho a través de unas escaleras de caracol ocultas detrás de un mueble.
- Los fénix. – aclaró Laura, impregnando su voz con toda la calma de la que era capaz.
- Son criaturas maravillosas los fénix, y muy poderosas. Sus lágrimas tienen poderes curativos, y su canto es capaz de transformar al instante un sentimiento en el opuesto.
Dumbledore se dirigió hacia su mesa sin dejar de mirarlas.
- No recuerdo haberlas visto antes en Hogwarts.
- Acabamos de llegar. – empezó Laura intentando sonar convincente. – Venimos de Norteamérica, del Instituto de las brujas de Salem. Oímos maravillas de Hogwarts, y nos gustaría terminar nuestros estudios en este colegio.
- ¿Cuáles son sus nombres?
- Yo soy Laura Swan.
Laura se giró para mirar a sus amigas.
- Luna Higgins. – se presentó Luna después de unos segundos.
- Ginny Watson.
- Hermione Becket. – Hermione logró disimular bastante bien su nerviosismo.
Laura volvió a mirar a Dumbledore.
- ¿Nos puede aceptar como estudiantes de Hogwarts? No trajimos nada de equipaje porque supusimos que no habría ningún problema y que podríamos comprar aquí lo que necesitáramos.
Dumbledore fijó sus ojos claros en los de Laura. La chica sintió como si la atravesaran con rayos X, como si Dumbledore fuera capaz de leer sus pensamientos. Al instante se sintió culpable por no poder contarle la verdad. Ella siempre había confiado en los criterios de Dumbledore y nunca se había imaginado intentando engañarle. Pero no podían arriesgarse, para nada querían que cambiara el futuro. Aunque de esa forma se podrían evitar hechos muy oscuros que tendrían lugar años más tarde, cambiar un pequeño hecho del pasado podría ser catastrófico, podría provocar que alguna de las personas que ella conocía en su tiempo muriera antes o no llegara a nacer.
- Tendré que hablar con el ministro, pero no creo que haya ningún problema.
Laura sintió una gran sensación de alivio.
- ¿A qué curso iban?
- A sexto.
Dumbledore cruzó su despacho y cogió el Sombrero Seleccionador.
- Por lo que sé, en su anterior colegio sólo se divide a los alumnos por cursos. Sin embargo, en Hogwarts se realiza una división más, se divide a los alumnos en cuatro casas…
-… según las habilidades con las que cuenten. – le interrumpió Hermione sin poder contenerse. – Gryffindor es la casa de los valientes, Slytherin la de los astutos, Ravenclaw acepta a los inteligentes y Hufflepuff a los justos y leales.
- Vaya, veo que están muy bien informadas de cómo van las cosas en Hogwarts, así que no creo que se tenga que retrasar su ingreso en…
En ese momento, se abrió la puerta. Todos se giraron y vieron entrar a una profesora McGonagall bastante más joven que la que las chicas estaban acostumbradas a ver.
- Buenas noches, profesora McGonagall.
- Profesor Dumbledore, me dijo que le avisara cuando llegara el nuevo conserje.
- Sí, gracias, profesora. Si me disculpáis un segundo…
Dumbledore salió del despacho siguiendo a la profesora McGonagall y cerró la puerta.
Durante unos segundos, ninguna de las cuatro chicas dijo ni una sola palabra.
- Ha sido más fácil de lo que pensaba. – comentó Laura al fin.
- Sí, demasiado fácil para tratarse de Dumbledore. – dijo Ginny.
Laura suspiró y miró la mesa, donde ahora reposaba el Sombrero Seleccionador. Entonces volvió a mirar a sus amigas.
- ¿A qué casa nos mandará?
- No sé si nos mandará a la misma en la que estaremos, pero sería bueno que no nos separáramos. – dijo Hermione.
Laura volvió a mirar el sombrero.
- Puede que eso no sea lo mejor. – murmuró Luna.
Laura se volvió rápidamente hacia Luna.
- ¿Qué quieres decir?
- Somos cuatro.
- ¿Y? – preguntó Hermione con impaciencia.
- No significaría que estuviéramos separadas.
- ¿Pero cuál es tu idea? – le preguntó Ginny a Luna.
Luna miró a Laura, que enseguida comprendió lo que Luna estaba pensando.
- Puede que Luna tenga razón…
- ¿Razón en qué? – saltaron Ginny y Hermione a la vez mientras miraban a Laura.
- Somos cuatro – empezó a explicar Laura -, y hay cuatro casas. Podríamos ir cada una a una casa.
- ¿Por qué ésa es mejor idea que ir todas a la misma casa? Así estaríamos más juntas. – dijo Ginny.
- Un pequeño cambio en el pasado puede alterar por completo el futuro.
- ¿Y? – repitió Hermione.
- Hermione, sabes perfectamente que nos tocaría en Gryffindor, por lo menos a Ginny, a ti y a mí.
- ¿Y qué pasa si nos toca en Gryffindor? – preguntó Ginny.
- Estar en Gryffindor implicaría estar demasiado cerca de los padres de Harry. – dijo Laura.
- Con una simple palabra, podríamos cambiar por completo el futuro relacionado con Harry. – concluyó Luna.
- Pero no vendría mal tampoco que nos aseguráramos de que nuestra estancia aquí afecta en algo al pasado. Por eso cada una de nosotras tendría que estar en una casa distinta, para ir viendo si todo va ocurriendo tal y como sabemos que tendría que ocurrir.
Se quedaron en silencio unos segundos.
- La más apropiada para ir a Gryffindor es Hermione. No tiene ningún pariente mágico, por lo que aquí no puede influir en su propio futuro, y puede actuar con más libertad. Es la más adecuada para comprobar cómo ocurren las cosas relacionadas con los padres de Harry.
- Yo puedo ir a Ravenclaw. – sugirió Luna. – Mis padres fueron a Hogwarts bastantes años antes que los padres de Harry, y ahora tendrían que estar de viaje en África investigando la magia de los plimpys de agua dulce.
Laura suspiró.
- Yo iré a Slytherin. Los merodeadores ya han visto como he defendido a Snape, así que no les extrañará que me toque en esa casa. Y Ginny irá a Hufflepuff. El señor Diggory salió de Hogwarts varios años antes de que entraran los padres de Harry, pero la señora Diggory iba al mismo curso que ellos. Es esencial asegurarse de que los dos salen. Si Cedric no nace, podría ser catastrófico, Harry podría haber muerto cuando regresáramos a nuestro tiempo.
- Pero, ¿el Sombrero hará caso de lo que nosotras queremos? – preguntó Ginny.
- Aunque lo saben pocos, además de seleccionarte según tus habilidades, el Sombrero tiene en cuenta lo que quieres. Me lo dijo… Bueno, eso no importa ahora. Cuando os pongan el Sombrero, tenéis que pensar que queréis por encima de todo ir a cada casa, tenéis que suplicadle si hace falta.
Estuvieron varios minutos sin decir nada, cada una inmersa en sus pensamientos. Sus mentes no volvieron al despacho hasta que la puerta se abrió y Dumbledore entró.
- Acabo de hablar con el ministro. Dentro de unos días se reunirá el Consejo para decidir si pueden aceptarlas o no. Ahora, el nuevo conserje, el señor Filch, las llevará hasta el dormitorio que ocuparán hasta que salga el veredicto del Consejo. Allí encontrarán comida, ropa y sus uniformes.
Laura sonrió.
- Muchas gracias por aceptarnos.
- No tiene que dar las gracias, señorita Swan. El señor Filch las está esperando al pie de esta escalera. Por cierto, deben recordar que tienen que aprovechar el momento.
¿Cómo que tenían que aprovechar el momento? Laura miró brevemente a sus amigas y salió del despacho preguntándose qué quería decir Dumbledore con eso. ¿Es que acaso ya sabía la verdad? Bajaron la escalera de caracol y salieron al pasillo. El señor Filch las esperaba en una de las esquinas del pasillo sosteniendo un brillante farol. Las chicas fueron hacia él sin decir nada. Aunque era bastante más joven que el señor Filch que ellas habían conocido, tenía la misma cara de malas pulgas. En todo el camino no las dirigió ni una sola palabra, cosa que Laura agradeció, sabiendo que lo único de lo que sabía hablar Filch era de lo que odiaba a los estudiantes y de cómo le gustaría que se aplicaran otro tipo de métodos como castigo.
Se detuvieron delante de una puerta del quinto piso.
- Aquí os dejo. – dijo Filch.
Antes de que las chicas pudieran decir algo, el conserje desapareció por dónde habían venido. Laura se acercó más a la puerta enfrente de la que las había dejado. Estaba completamente cubierta de relieves y carecía de pomo. Laura la empujó con la mano, pero ésta no cedió.
- ¿Cómo vamos a entrar? – preguntó Ginny.
- Puede que tenga contraseña. – dijo Luna.
- Dumbledore no nos ha dicho nada. – murmuró Hermione.
Permanecieron varios segundos en silencio.
- Eso no es cierto. Dumbledore sí nos ha dicho algo. – murmuró Luna.
Todas miraron a Luna.
- ¿Qué dices, Luna? Dumbledore sólo ha dicho…
Laura no terminó la frase. Volvió a girarse hacia la puerta.
- … “¡Carpe diem!”
La puerta se apartó hacia un lado revelando una abertura en la pared. Laura suspiró con alivio.
- A eso se refería con lo de que debíamos recordar que tenemos que aprovechar el momento. Por un momento llegué a pensar que sabía que le estábamos engañando.
Laura pasó por la abertura. Estaba en una enorme sala con un alto techo que formaba arcos. Por todas partes predominaba el color beige claro; no habían puesto el color de ninguna de las casas. Toda la pared de la izquierda estaba llena de estanterías con libros. Al fondo de la estancia había una escalera de caracol que supusieron que llevaba al dormitorio. Un débil fuego crepitaba en la chimenea, al lado de la cual había varios sillones. En una mesa rodeada por varias sillas había bandejas con pollo, pastel de carne, rosbif, filetes, patatas, ensaladas y gran cantidad de postres.
Hasta que vio la comida, Laura no se dio cuenta del hambre que tenía. Se acercó deprisa, se sentó en una de las sillas, cogió un vaso y lo llenó hasta arriba de zumo de calabaza. Empezó a servirse un poco de todo en su plato mientras miraba a sus amigas, que la miraban con las cejas levantadas.
- ¿Qué pasa?
- Estamos atrapadas en el pasado – empezó Hermione -, no sabemos si esto repercutirá en el futuro, no sabemos si podremos volver a nuestro tiempo, no podemos contar con Dumbledore, es más, acabamos de engañarle, ¿y tienes hambre?
Laura se encogió de hombros.
- Hasta que encontremos una solución, puede pasar algo de tiempo. No creo ser capaz de pensar bien si no como ni duermo, y tenemos que actuar con la mayor normalidad posible. Venga, comed vosotras también.
Hermione se quedó quieta donde estaba, pero Ginny y Luna se sentaron cada una a un lado de Laura y empezaron también a comer.
- Hermione, ¿por qué no comes tú también?
- No tengo hambre.
Hermione fue hacia las estanterías repletas de libros, cogió un ejemplar y empezó a leerlo sentada en uno de los sillones.
Por mucho que comían, la cantidad de comida de las bandejas no disminuía. Cuando se quedaron satisfechas, las tres chicas se levantaron y se sentaron junto a Hermione.
- ¿Qué estás leyendo? – le preguntó Laura.
- Historia de Hogwarts. – murmuró Hermione sin levantar la vista del libro.
- ¿Otra vez? Te has leído ese libro unas mil veces. – dijo Laura.
- Has dicho que teníamos que actuar con la mayor normalidad posible, ¿no? Pues eso es lo que estoy haciendo.
Laura suspiró.
- Mirándolo así…
Laura miró las llamas de la chimenea. Parecía mentira como había cambiado todo de un día a otro. La noche anterior había estado en la sala común de Gryffindor al lado de la chimenea, y ahora seguía estando en Hogwarts, y también estaba al lado de la chimenea, pero todo lo demás había cambiado radicalmente.
- Creo que tendríamos que irnos ya a dormir. – dijo Luna después de un rato. – Es bastante tarde.
Las chicas se levantaron y subieron por la escalera de caracol, la cual terminaba en un pequeño rellano con cuatro puertas. En cada puerta, estaba grabado el nombre de cada una de las chicas.
Laura fue hacia la puerta que tenía grabado su nombre.
- Hasta mañana.
Abrió la puerta y entró en el dormitorio. Era enorme, con una cama grande con sábanas de color beige. La gran ventana estaba cubierta por unas cortinas blancas. Había un armario en un rincón, y al otro lado del dormitorio una puerta que Laura supuso que llevaría al baño. A los pies de su cama, reposaba un enorme baúl. Encima de la tapa estaba estirado el uniforme, aún sin ninguna insignia.
Laura se tumbó en la cama sin quitarse la ropa y se acomodó lo mejor posible. Al principio había creído que tardaría bastante en dormirse, pero en cuanto estuvo tumbada supo que enseguida caería.
¿Cómo me ha quedado?
Besos
Laura