por Hermosura Dolohov » Dom Jul 05, 2009 7:03 pm
Capítulo 4:
- Harry ¿porqué crees que pudimos ver la copa cuando estuvimos en la habitación de tus padres?-preguntó Hermione.
- No tengo ni idea.-respondió Harry. Él, Hermione y Ron estaban de nuevo en la Llanura del León, sentados en un sofá mientras aplicaban poción curativa a las heridas producidas por los mordiscos de los lagartos. Harry tenía pocas heridas, en comparación con las de Ron y Hermione. El estómago de Harry protestaba, pues ninguno había comido nada desde que se fueron a por la copa Huffelpuff, que ahora estaba puesto sobre la mesita del salón.
- En cuarto año dijiste que tus padres aparecieron cuando Voldemort te lanzó un hechizo.-dijo Ron.
- ¿Crees que pudo haber sido algo como el Priori Incantatem?-preguntó Hermione.
- Talvez.-dijo Harry frunciendo el entrecejo mientras intentaba recordar.-Realmente no puedo recordar.
Hermione quería seguir preguntándole, pero Ron desvió el tema.
- ¿Qué hacemos con la copa?-preguntó Ron.-¿Cómo podemos destruirla?
- Cuidadosamente.-dijo Hermione.-Recordar lo que nos dijo Dumbledore antes de morir.
Los tres amigos se quedaron en silencio, recordando a Dumbledore. Pronto el silencio fue roto al tener que elaborar una lista de posibles hechizos y pociones que pudiesen destruir al Horcrux.
- Existe una poción parecida a la que utilizaron Fred y George en El torneo de los tres magos.-dijo Hermione pasando las páginas de un libro de pociones que ella consideraba "ligero" ante la mirada horrorizada de sus amigos.-La diferencia es que no funciona con cosas animadas, sólo con objetos.
- ¿Puede descomponer una copa elaborada con oro y joyas?-preguntó Harry. Hermione asintió y señaló un párrafo de un libro.
- Tarda 24 horas en hacer efecto. Desintegra el oro y las joyas, al igual que la madera y demás objetos.
Hermione pasó el resto del día elaborando la poción en uno de los pequeños calderos de la cocina, mientras tanto, Harry y Ron se encargaban de elaborar una lista sobre los Horcruxes que quedaban.
- Sabemos que la serpiente Nagini es uno.-dijo Harry.-Sin embargo, deberíamos dejarla para el final. Es la que nos puede resultar más difícil de alcanzar, siendo la mascota de Voldemort. Tenemos que guardar en secreto lo que estamos haciendo, ya que no conozco a nadie que sepa lo de los Horcruxes. También nos queda el de Ravenclaw, ya que la espada de Gryffindor se encuentra segura.-acto seguido, subió hasta el segundo piso y bajó corriendo con la espada de Gryffindor en sus manos.-Dumbledore me la dió antes de morir.
Ron lo miró incrédulo, ¿de dónde había salido esa espada? Hermione también dejó lo que estaba haciendo para ir a ver lo que ellos hacían, cuando vió la espada, pasó su dedo índice sobre la inscripción: Godric Gryffindor.
- Harry, tengo que volver a la poción.-dijo Hermione.-Pero tengo Hogwarts: la historia, en mi mochila, si la necesitas puedes cogerla.
Ron se fué hacia la mochila de Hermione para coger el libro y ella soltó una risita nerviosa por la mirada que le hechó el pelirrojo al observar las páginas desgastadas del libro que tenía entre sus manos.
- Hermione ¿cuántas veces has leído esto?-preguntó Ron.
- Pocas.-bromeó la castaña.
- ¿Unas cien?-susurró Ron a Harry, quien se empezó a reir tapándose la boca con la mano. Afortunadamente, Hermione no se dió cuenta.
- Capítulo quince.-les dijo Hermione.
Los chicos se rieron por el conocimiento tan detallado de su amiga. A continuación, Harry abrió el libro por ese capítulo y leyó: Elementos que inmortalizaron a los fundadores de Hogwarts. Harry leyó el capítulo por encima. El libro hablaba del medallón de Slytherin, la copa de Huffelpuff, la espada de Gryffindor y...
- El guante de Ravenclaw.-leyó Harry en voz alta.- Es capaz de elaborar hechizos e invertirlos, como si fuera una varita mágica.-su cuerpo se tensó y su vista se volvió borrosa. Podía escuchar una voz en su cabeza que le daba la razón y le decía que el guante era un Horcruxe. Parpadeó de nuevo y regresó a la realidad, Ron le cogía del cuello de la camisa y lo balanceaba para intentar que reaccionara. Hermione lo miraba con cara preocupada.
- ¿Otra vez?-preguntó la castaña.
- Sí.-respondió Harry.-Esta vez escuché una voz que me dijo que el guante era un Horcruxe, pero no tuve ninguna visión.
Hermione se levantó rápidamente y se dirigió a la cocina para ver que la poción ya estaba en ebullición y desprendía un vapor dorado. Harry la siguió a la cocina con el libro debajo de su brazo, y Ron con la espada.
- Ya está-dijo Hermione, entonces cogió su varita y dijo.-Accio copa.
La copa de Huffelpuff salió disparada y aterrizó suavemente en la mesa que estaba al lado de Hermione. Ella cogió cuidadosamente el caldero y virtió el contenido en el interior de la copa y poniendo un hechizo escudo para que no perjudicase a nadie. Después se volvió hacia sus amigos.
- Leí en algunas actualizaciones que el guante desapareció dos veces.-dijo Hermione.
- ¿Dos veces?-preguntó Ron.
- Así es.-continuó la castaña.-La primera fue durante el 7º año de Tom Riddle en Hogwarts. Ahí fue donde seguramente la convirtió en un Horcruxe. Un grupo de aurores la encontraron y la devolvieron a Hogwarts. La segunda vez que desapareció fue unos pocos años después de que Tom Riddle se graduara, esta vez se sabe que la robó Marius Black, un tío de Sirius, era squib.
- ¿Un squib?-preguntó Ron.-¿Pero cómo?
- Para continuar con su familia.-dijo Harry, ante el asentimiento de Hermione, él continuó.-Probablemente quiso robar el guante para demostrar a todos que era digno de continuar en la familia Black a pesar de no tener magia.
- Fue capturado.-siguió Hermione.-Pero no reveló el paradero del guante. Un auror se acercó al paradero del guante y Marius lo asesinó, fue enviado a Azkaban. Los dementores no parecían afectarle y los aurores encontraron los barrotes de su celda doblados y retorcidos.
-Él llevó el guante consigo a Azkaban.-dijo Harry exponiendo en voz alta lo que todos pensaban.
Ron miró por la ventana la puera de madera que habían visto entre las dos casas: el laberinto que llevaba a la más temida prisión. Harry se tensó al recordar el laberinto del Torneo de los tres magos y se horrorizó al pensar que Hermione y Ron estarían con él, arriesgando sus vidas.
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El Trío Dorado calculó cuidadosamente sus movimientos. Abandonaron la Llanura del León poco antes del anochecer. Cautelosa y sigilosamente abrieron la puerta de madera que llevaba a Azkaban y se metieron en el laberinto, no sin antes que Hermione les hiciera un hechizo para camuflarse.
Cinco hombres y una mujer se acercaron, y los tres amigos se acercaron a la puerta todo lo que pudieron. De pronto vieron almas en pena, resultado del beso del dementor a los inocentes. Harry se dió cuenta de que los guardias se alejaron, puso una de sus manos en el hombro de Hermione, quien estaba aturdida por el espectáculo delante de ellos. Los tres avanzaron lo más rápido que pudieron intentando hacer el menos ruido posible. Si se confundían de camino y se metían por el que no debían y los descubrían, echarían todo a perder. Intentaron memorizar el camino por el que estaban caminando por si acaso las cosas no salían del todo bien y tenían que improvisar una salida rápida. Una hora después, llegaron al último trazo del túnel y escucharon el agua. Los guardias empujaron la puerta y Harry, Ron y Hermione se tuvieron que echar hacia atrás, tensos, hasta que los guardias se desviaron hacia un edificio que estaba a la derecha.
Harry esperó hasta que los guardias estaban lo suficientemente lejos para quitar el hechizo que los camuflaba y salir corriendo, seguido por sus amigos, hacia Azkaban, antes de que alguien se diera cuenta de la presencia de los muchachos. Hermione recordó que Marius Black había estado encerrado en el piso superior, así que echó a correr tan rápido como le permitieron sus piernas, subió la escalera y se detuvo abruptamente.
Los once mortífagos que fueron capturados después de atacarlos en el Departamento de Misterios, estaban mirando a través de los barrotes de sus celdas. Un sudor frío recorrió la espalda de la castaña. Los Mortífagos estaban sorprendidos, pero después en sus rostros apareció una mueca de rabia, se dirigieron a los barrotes de sus celdas para proferir insultos, maldiciones y amenazas a los tres amigos.
Hermione se dirigió a la celda de Dolohov y le pegó un puñetazo en la cara a través de los barrotes. Los demás mortífagos guardaron silencio. Dolohov y su compañero de celda, Jugson, la miraron con ira y sacaron sus brazos a través de los barrotes para intentar atrapar a Hermione. Ella dió un paso atrás, impasible y apuntó a Dolohov con la varita mágica.
- Te debía un puñetazo.-dijo Hermione friamente.-Será mejor que me digas donde está la celda donde fue encarcelado Marius Black.
Dolohov intentaba saber lo que pasaba por la mente de la castaña. Jugson intentó agarrar nuevamente a uno de los jóvenes magos, pero Harry agarró su muñeca y se la retorció. Hermione dió un paso hacia delante, apuntando con la varita a Dolohov.
- Será mejor que decidas, Dolohov.-dijo Harry.-Ella no es de las que avisan dos veces.
- Hermione realizó ayer su primer Avada Kedavra con brillantes resultados.-dijo Ron provocando la risa de los incrédulos mortífagos.
¡BANG!
Dolohov salió volando hasta estrellarse en las literas de la celda. Se levantó completamente incrédulo, tenía un corte superficial en el pecho y le salía sangre de la nariz. Hermione se dirigió a la siguiente celda donde se encontraban Mcnair y Rodolphus Lestrange.
- ¿Cuál es la celda de Marius Black?-repitió.
Rodolphus miró a Dolohov, antes de posar su fría mirada sobre Hermione.
- ¿Porqué tanto interés, sangre sucia?-reprimiendo las ganas de atacarla, sabiendo que sus dos amigos irían a ayudarla y castigarían su imprudencia. Algunos de sus compañeros de celda lo miraron asombrados.
Hermione miró a Harry y dijo algo demasiado temerario.
- Necesitamos algo que ayude a matar a Voldemort.-dijo ella haciendo incapié en las últimas palabras.
Se escucharon murmullos de desaprobación, pero en medio del ruido, Harry, Ron y Hermione vieron que todos los mortífagos dirigían la mirada hacia el mismo lugar, en una celda vacía que se encontraba entre las de Malfoy, Nott, Rabastan y Rookwood. La osadía del comentario de Hermione había provocado el resultado deseado.
- Gracias.-dijo ella mirando a Rodolphus antes de incorporarse a sus amigos, quienes se habían adelantado.
Dieron un vistazo rápido a la celda y Harry se dirigió a una almohada que no parecía como las demás.
- Finite Incantatem-dijo el pelinegro. De pronto, la almohada se convirtió en un guante blanco, de señora de la época. Los mortífagos de todas las celdas, se acercaron a los barrotes de las celdas para tener una mejor vista.
- El guante de Ravenclaw.-dijo Harry enseñándoselo a sus amigos, quienes sonrieron. De pronto, hubo una explosión.
Ron se dirigió raudo hacia una de las ventanas con barrotes.
- Tenemos problemas.-dijo el pelirrojo tenso. Harry y Hermione miraron por los barrotes. El pelinegro apretó aún más el guante.
Un ataque mortífago. Los guardias caían muertos bajo la maldición imperdonable del rayo verde.
- Debemos marcharnos.-dijo Ron.
Harry estaba en estado de shock. "Esto no puede estar sucediendo, no aquí, no ahora."
- Aunque nos hubieran visto, no creo que la maldición pueda pasar a través de los barrotes.-dijo Hermione hablando con urgencia, sacando a Harry de su ensimismamiento.
- No podemos marcharnos por el mismo camino que hemos venido ya que estaríamos muy cerca de los mortífagos ¿no crees Harry?-dijo Ron.-¿Harry?
Harry parpadeó todavía afectado por la surrealista situación. Pero tenía que centrarse. Ellos no habían llegado tan lejos para desaparecer en Azkaban.
- Es la única salida.-dijo el pelinegro intentando que su voz no sonase temblorosa.-Pero tiene que haber alguna forma de salir de aquí sin que se den cuenta de nuestra presencia.
Se escucharon unas risas a su alrededor, entonces recordaron que no estaban solos y que los mortífagos estaban escuchando toda la conversación.
- Muy facil ¿verdad?-dijo uno de ellos mofándose.
- No saben que estamos aquí.-dice Hemione en voz alta haciendo caso omiso a las risas de los mortífagos.-Si pudiéramos llegar a las celdas de abajo, podríamos camuflarnos de nuevo con el hechizo.
- Y cuando estén destrozando las cerraduras de las celdas para liberar a sus compañeros, podremos escapar.-siguió Ron entendiendo el plan de su amiga.
- Es nuestra única posibilidad.-dijo Harry.
- Entonces no tenéis ninguna.-dijo Lucius Malfoy desde detrás de Ron.-Seis de vosotros contra doce de nosotros en el Departamento de Misterios es muy diferente de la actualidad, Potter. Pero no puedes pensar realmente que tres de vosotros podrán escapar cuando todos nuestros compañeros están atacando la prisión. Este es nuestro territorio, Potter.
- Bien.-intervino Hermione.-Entonces cuando finalmente consigamos escapar, podrá tragarse sus palabras, señor Malfoy.
Malfoy gruñó, pero antes de que pudiese replicar, se escuchó un enorme ruido.
- ¡Están dentro!-dijo Harry.-¡Tenemos que llegar a otro pabellón diferente! ¡Ahora, correr!
Los tres amigos corrieron raudos, podían oir los gritos de los mortífagos. No sólo los que estaban abajo, sino que los que se encontraban arriba advertían a sus compañeros de la presencia del trío, para que les fuera más fácil interceptarlos.
Harry, Ron y Hermione descendieron los dos últimos pisos. Esperaron en silencio, sin atreverse a respirar. Agarraron fuertemente las varitas por si los veían y tenían que luchar. Contuvieron el aliento cuando escucharon la voz de Bellatrix Lestrange fuera de las puertas del pabellón.
- ¡Ese guardia ya está muerto! ¡Amycus, Alecto, Greyback! ¡Vamos! ¡Draco!
Harry, Ron y Hermione se tensaron cuando Draco Malfoy respondió a la voz de Bellatrix.
- ¡Estoy aquí, tía Bellatrix!
- Tu padre está arriba, Draco.
Draco y los otros mortífagos subieron las escaleras, y el Trío de Oro deseaba interiormente que no viesen la celda vacía donde estaban escondidos ni escuchasen las advertencias de los mortífagos que habían visto antes. Tan pronto como Bellatrix se perdió de la vista de los jóvenes magos, se deslizaron fuera del pabellón y corrieron lo más rápida y silenciosamente posible.
- ¡Stupefy!-gritó un hombre.
Harry esquivó el hechizo de pura chiripa. Al mirar quien le había atacado, descubrió que se trataba de Greyback, quien había lanzado el hechizo desde una de las ventanas. Greyback siguió lanzando hechizos a Harry, Ron y Hermione, pero ellos era más rápidos en esquivarlos. Uno de los hechizos dirigido por el mortífago, golpeó las piedras. Harry, Ron y Hermione corrieron intentando esquivar los hechizos que les lanzaban tres mortífagos que les estaban persiguiendo. Cuando el Trío de Oro llegó a la puerta, la cerró tras de sí. El Trío de Oro se congeló cuando observaron el resto del túnel, tenían una ligera idea del camino que debían seguir para escapar, pero nunca creyeron que hubiese tantos enemigos siguiéndoles. Se admitieron a sí mismos que Lucius Malfoy tenía razón. El Trío Dorado pegó un salto cuando escucharon un gran estruendo detrás de ellos. Harry miró el guante de Ravenclaw, era muy pequeño para su brazo, pero tal vez...
- ¡Hermione!-dijo Harry.-¡Ponte este guante, rápido! Tenemos que controlar el túnel para escapar cuanto antes y la única forma de hacerlo es utilizar los poderes del guante.
- ¿Qué?-dijo Hermione con miedo.-¿Cómo?
- No lo sé.-respondió Harry.-Piensa que se trata de la maldición Imperius.
Hermione se pusó el guante, la verdad es que encajaba perfectamente en su mano. Otro ruido se escuchó a través de la puerta.
- Haz un Patronum a la puerta y mantenlo el mayor tiempo posible.-le dijo Harry a Ron.
- ¡Expecto Patronum!-dijo Ron lanzando un haz de luz sobre la puerta.
- ¡Hermione!-dijo Harry.-Se están acercando. Di al guante que abra un camino para nosotros.
Hermione asintió y cerró los ojos, su entrecejo estaba fruncido, señal de que se estaba concentrando, alzó la mano del guante. Harry echó un vistazo rápido a Ron y se giró a Hermione.
- ¡Vamos, Hermione!-dijo el pelinegro.-Puedes hacerlo.
Hermione sintió como el guante se ceñía a su muñeca, abrió los ojos y vió un camino despejado.
- ¡Ron!-gritó Harry.-Después de la siguiente explosión, retírate.
Ron asintió y cuando sintió como los mortífagos lanzaban otro hechizo intentando derribar la puerta, se retiró inmediatamente.
- ¡Ahora!-gritó Harry.-¡CORRER!
Harry agarró la mano libre de Hermione y empezó a correr con ella. A medida que pasaban, el laberinto iba retomando su aspecto original. Los mortífagos tendrían que buscar la salida de ese laberinto, sin embargo, Harry, Ron y Hermione ya estaban cerca de la salida. Aunque estaban muy cansados y sin energía, se obligaron a avanzar. Al fin llegaron a la puerta de madera, Ron la abrió y los tres salieron por ella. Hermione se quitó el guante de Ravenclaw y junto con sus amigos, corrieron hacia su escondite en la aldea. Una vez allí, tiraron todas sus pertenecias en las bolsas sin fondo que habían comprado en la tienda de los Gemelos Weasley, incluyendo las notas y las imágenes que habían puesto en la pared. Los guardias que vigilaban la prisión de Azkaban estaban muertos y los mortífagos destruirían la prisión con el fin de encontrar a los tres jóvenes Gryffindors. Tuvieron que huir, una vez más. A medida que corría por el camino a la aldea, los jóvenes magos podían escuchar el ruido y las explosiones tras de sí, cuando vieron que se habían alejado un poco de los muggles y que no los veían, se aparecieron en un lugar que esperaban que los mortífagos los buscarían: Knockturn Alley.