"Trazando el destino" [DM/HG] (Terminado)

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor Morena Malfoy » Lun Oct 12, 2009 12:28 pm

HOLA EH ESTADO SIGUIENDO LA HISTORIA DESDE HACE UN TIEMPO Y ME GUSTA ESPERO QUE SIGAS ESCRIBIENDO QUIERO MAS CAPITULOS. 8) 8) 8) 8) 8) 8) ME ENCANTO TODO LO QUE HIZO DRACON POR MIONE E IRENE. 8) 8) 8) 8) 8) 8) 8) 8) 8) BESOTES :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor yanny_potter » Lun Oct 12, 2009 10:15 pm

Hola Andeli!!

Sin palabras.. este cap... lo tuvo todo.. emocion...expectativa...alegria
la relacion entre Draco y Lucius.... la forma de actuar de los Malfoy...su actitud...
las miradas entre Cissy y Lucius... y Mione y Draco! :D

francamente he quedado maravillada!!!...

las sospechas de Luna y Ginny acerca del embarazo de Mione...
todo ha sido fantástico!! :D


por otro lado.....

Draco es libre!!! :D

Lucius... 25 años.... :shock: .. me sorprendio...pero bueno... se lo merecia!


Espero con muchas ansias...leer el prox cap!!



ya se acerca el final....


Andeli.... adoro este fic!!!



Hasta pronto!!! 8)


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Gracias a Mi Sister Dade x esta bella imagen!Tkm!

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor Clau.Padfoot » Lun Oct 12, 2009 11:08 pm

Hola Andeli..
que alegria que me da un nuevo capitulo...
ademas un capitulo lleno de buenas noticias...
estuvo excelente..
me apena saber que esta historia terminara...pero como tu dices todo tiene su fin..
y al parecer esta va por el final feliz ...
me encanta como escribes..
te seguire en la otra historia...
saludos
te cuidas..
Clau!!!

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor ...angela... » Mié Oct 14, 2009 3:41 pm

Siguela pronto !
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor andeli MC » Vie Oct 16, 2009 9:39 pm

Hola chicas feliz viernes ahora si no me tarde nada para publicar este capi , el ultimo capitulo de Trazando el destino,, solo quiero decir que me alegra mucho que Claudia Felton Black me haya dejado subir su fic me diverti mucho haciendolo leyendo sus post, cuando subia era un momento en que me olvidaba de todo y pues solo me queda decir Gracias tanto a todas ustedes por sus post y a Cladia Felton Black por inventar tan linda historia.
Pero recuerden despues de este fic publicare otro Cambiando el pasado de otra gran amiga Monik , asi k recuerden las borrare de mis amigos y si kieren leer el otro fic ustedes me tienen k agregar como amiga para que les avise cada vez que publique asi que por favor dejenme su ultimo post a este fic.
Besos y abrazon a todas.
Andeli Malfoy Cullen.

Capitulo 30 Un final feliz

Padre...”, exclamó Draco a pesar de todo y sin poderse contener el reclamo que tenía atravesado en la garganta.

“No pierdas el tiempo conmigo, Draco”, lo cortó su padre con sequedad, mientras los aurores lo tomaban por los brazos y lo ponían de pie.

Draco endureció su rostro, dio media vuelta y se dirigió hacia donde estaba Hermione, quien había dejado Irene en brazos de Ginny y también había bajado con prisas las graderías, pero se había quedado al pie de las mismas cuando vio el intercambio entre Lucius y Draco.

Vio el rostro extremadamente serio de Draco cuando se volvió hacia ella y supo que la relación entre padre e hijo quedaba deteriorada. Pero ambos se olvidaron de todo y de todos, en cuanto se vieron a los ojos. Ella tenía una sonrisa radiante y rostro bañado en lágrimas emocionadas, cuando él se acercó con su paso firme, su característica sonrisa ladeada y los ojos brillantes.

Emocionado, la estrechó con fuerza entre sus brazos.

Por fin, podrían ser la familia que tanto habían anhelado.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
“¿Adónde me llevas?”, preguntó Hermione con voz divertida.

“Es una sorpresa”, le respondió él en el mismo tono.

“Draco, no me tengas en ascuas”

“Si te lo digo dejará de ser una sorpresa”, le rebatió él.

Hermione caminaba con lentitud con los ojos vendados. Con Draco frente a ella tomándola por los antebrazos y caminando lentamente de espaldas. Le había seguido el juego a su esposo, quien había llegado emocionado a Malfoy Manor para decirle que necesitaba que lo acompañara pero con la condición de hacerlo con una venda en sus ojos.

Había llegado exaltado, muy contento y con los ojos brillantes. Como un niño con juguete nuevo.

Así que ella había aceptado que le colocara un pañuelo sobre los ojos pensando que Draco le mostraría algo que tenía preparado en la habitación contigua pero de repente se había encontrado siendo conducida por los corredores de Malfoy Manor, con destino desconocido. Ellos no eran muy dados a esos juegos, así que Hermione estaba entre divertida, ansiosa, curiosa y desesperada por quitarse la venda de los ojos.

Para incrementar su sorpresa, Draco le colocó su abrigo y sintió como entraban en una de las chimeneas.

“Draco, ¿Para dónde…?”

“Muffliato”, cuando Hermione escuchó el hechizo y sintió el zumbido en sus oídos. La curiosidad comenzó a convertirse en un poco de indignación por que eso estaba tardando mucho más de lo previsto y por que Draco estaba evitando que ni siquiera escuchara el lugar hacia donde se dirigían. Abrió la boca ligeramente haciendo un gesto de sorpresa y más pronto que tarde sintió el beso de Draco en su frente. Era un beso apaciguador. Él sabía que ella se estaba desesperando pero aun así siguió adelante con sus planes y tomó sus manos para que se aferrara a él durante el viaje por la Red Flú. Hermione dio un pequeño suspiro resignado y no le quedó más remedio que abrazarse a la cintura de su esposo a la espera de partir. Pronto se sintió avanzando dentro de la Red y se sintió caer en la chimenea del lugar adonde la llevaba Draco. Salieron de la otra chimenea siempre con paso un poco lento, con Draco cuidando de que no tropezara con nada y ella sintió cómo le retiraba el hechizo para que pudiera escuchar de nuevo.

“Ya falta poco”, le anunció él.

“¡Oh, vamos Draco!”, protestó Hermione, cruzando los brazos frente a su pecho y sobre su incipiente barriga, sobre todo porque en cuanto se sintió en una superficie plana y segura había intentado quitarse la venda del rostro, llevándose la sorpresa de que Draco también la había hechizado para que no pudiera hacerlo. “Quítame ya la venda”, le demandó.

“No”, le respondió el tajante pero manteniendo la voz un poco juguetona. “Pero quiero que avancemos más rápido”.

Diciendo esto, ella lanzó un pequeño grito por la sorpresa de sentir cómo Draco colocaba uno de sus brazos en su espalda y el otro atrás de sus rodillas, para levantarla y trasladarla a otro lugar. A sus casi cinco meses de embarazo, Hermione ya estaba un poco más pesada de lo usual pero eso no fue ningún impedimento para Draco, quien la alzó con facilidad y se la llevó en sus brazos. A oscuras como estaba, Hermione solo atinó a agarrarse burdamente de las solapas de la túnica de Draco. Luego cuando se acomodó mejor y dejó de lado el miedo de caerse, levantó sus manos para tomarlo por el cuello.

Hermione sintió cómo con agilidad él movía su varita para abrir la puerta y sintió el tibio sol de finales de mayo acariciar su rostro. Draco avanzó por un camino de adoquines, al menos eso percibió ella pues sus pisadas se sentían sobre una superficie sólida, no de tierra ni de gravilla. Lo sintió avanzar por un buen trecho y lo sintió bordear algo y seguir por un sendero.

Mientras Draco caminaba, Hermione se relajó y comenzó a disfrutar de sentirse arropada por los fuertes brazos de su esposo. Draco siempre había sido un joven guapo, pero para Hermione se volvía cada vez más guapo con los años. Ahora se había convertido en un hombre joven, alto, de cuerpo bastante fornido y de hombros anchos que a ella le encantaban. Y aunque conservaba las maneras de una persona criada con lujos, era un hombre muy varonil y fuerte. Tanto, que a pesar de haber caminado un buen trecho con ella en brazos, lo había hecho con paso firme y solo después de varios minutos, lo había sentido jadear un poco.

Entonces, Draco se detuvo y la bajó con cuidado.

La volteó ligeramente y él se paró tras ella, su amplio pecho contra su espalda, con sus manos posadas sobre sus finos hombros. Lo escuchó murmurar unas cuantas palabras pero no las alcanzó a distinguir.

“Ya te puedes quitar el pañuelo”, le anunció.

Ni lenta ni perezosa, Hermione levantó sus manos y se quitó el molesto pañuelo de sus ojos.

Se quedó sin respiración.

Frente a ella estaba una hermosa casa, de dos plantas y las hileras de ventanas simétricamente colocadas en ambos niveles, otras más estaban colocadas en el ático de la casa. Casi todos los ladrillos del primer piso estaban cubiertos por una hermosa hiedra, que estaba haciendo su camino hacia la parte superior de la fachada de la casa. Frente a la entrada de la vivienda, un camino de adoquines colocados alrededor de un redondel engramado. Y toda la casa, rodeada de amplios jardines. Los ladrillos de la fachada eran de un color anaranjado claro y el techo era café oscuro. Hasta la puerta de entrada era de una elegante simplicidad, apenas tres pequeños escalones que llevaban a una puerta de madera oscura y una especie de borde grueso rectangular de cemento la bordeaba. Era la casa perfecta y Hermione también tuvo la seguridad de que era perfecta para ellos.

“¿Te gusta?”, le preguntó Draco con voz suave y contenida.

“Sí”, le respondió ella emocionada y siguió contemplando la casa. “Pero…”

“¿Pero qué?”

“Draco, no me vayas a salir con que ya la compraste”, le dijo ella con seriedad, volviéndose hacia él.

El rostro de Draco comenzó a mostrar cierta alarma, perdiendo por completo la expresión juguetona. Él trató de ocultar su preocupación dejando su expresión lo más impasible que le fuera posible. Luego de varios años juntos, ya Hermione podía leer esos pequeñísimos cambios… “¿Habría algún problema si así fuera?”, le preguntó él diplomáticamente.

“Por supuesto”, respondió tajante. “¿Cómo sé que es la casa adecuada para nosotros y los niños si ni siquiera he visto su interior? ¿Qué tal si tiene lugares no apropiado para niños pequeños? Bueno, vayamos a verla entonces y luego podemos tomar juntos una decisión. Yo no voy a pasarme a vivir a un lugar del que no conozco nada…”

Conforme hablaba, el rostro de Draco casi se había vuelto de piedra por lo inexpresivo y había perdido un poco de color, quedando más pálido de lo que usualmente era. Parecía que quería decir algo sin encontrar las palabras adecuadas. Pero entonces, Hermione ya no pudo continuar hablando y rompió en carcajadas.

Draco simplemente entrecerró los ojos. “Eres una…”, comenzó a decir pero optó por negar con la cabeza y callarse lo que pensaba en ese momento. Pero una sonrisa comenzó a querer salir en su rostro.

“¡Oh, por todos los dioses, Draco!”, exclamó Hermione todavía entre carcajadas y limpiándose unas lagrimitas que se le habían salido por la risa. “De alguna manera me tenía que cobrar que te hayas hecho de una casa a mis espaldas y me hayas traído engañada a verla”

“No te traje engañada, te advertí que era una sorpresa. Además no me hice de una casa a tus espaldas, ha estado en la familia desde hace más de cincuenta años”, le dijo ya sonriendo abiertamente con el juego de Hermione.

“¿Y debo mostrarme impresionada?”, le preguntó con ironía. “Honestamente creo que son puras excusas tuyas”, le rebatió ella y siguió riéndose a carcajadas, tomándose de la barriga que comenzaba a dolerle. Draco dio un pequeño suspiro y al verle la expresión, Hermione continuó con su ataque de risa. “Es que… ¡tenías una cara de aflicción!”

“Mentirosa”, protestó él, fingiendo indignación. “No sé que he hecho para merecer a una molesta Gryffindor que disfruta de tomarme el pelo”.

“No te quejes. Si no te molesto yo, ¿entonces quien?”

Draco levantó una de sus cejas con ironía. “¿Te saco una lista?”

Ya más calmados, se quedaron viendo mutuamente con una sonrisa instalada en sus rostros. Hermione se volvió de nuevo para ver la casa y Draco la abrazó por la espalda, entrelazando sus manos con las de ella, dejándolas sobre su barriga e inclinándose un poco hasta colocar su barbilla sobre el delicado hombro de su esposa.

“Ya hablando en serio, ¿Te gusta?”

“Me encanta, Draco. ¿Cuándo nos pasamos a vivir acá?”

“Después que veas su interior y decidas si nos quedamos con esa decoración o prefieres cambiarla”.

Hermione suspiró feliz en sus brazos. Estaba feliz como hacía días que no lo estaba y Draco podía sentirlo, casi palparlo con sus manos. Y eso era algo que extrañaba, por que Hermione no había sido feliz desde unos días después que terminó el juicio…

Cuando el juicio finalizó, Draco se había acercado emocionado a Hermione estrechándola con fuerza entre sus brazos. No pudieron estar abrazos durante mucho tiempo, por que las personas que pasaban a su lado querían expresarles sus felicitaciones y estrecharon muchas manos en ese momento.

Los Weasley se arremolinaron juntos a ellos. Arthur como siempre gentil, se acercó y le brindó un apretón cordial de manos, igual que todos sus hijos. Molly por su parte, no lo pudo evitar y se acercó, entre riendo y llorando de la emoción, brindándole un fuerte abrazo de mamá-osa. Draco, azorado, se lo devolvió con un poco de recato. No estaba en su naturaleza repartir abrazos y besos, mucho menos en público. Abrazar y besar a Hermione en medio del juicio había sucedido por el espectacular anuncio que su esposa había hecho. Pero había aprendido a conocer a la matriarca Weasley, y aunque al principio lo contrariaban las constantes muestras de afecto físico, que Molly repartía a diestra y siniestra, negarse a su abrazo habría sido un rechazo espectacular hacia una mujer que les había brindado su apoyo desde que se descubrió que estaban juntos.

Pansy se soltó de Charlie para también abrazarlo delicadamente y con mesura, tal y como habían sido educados. Draco le devolvió el abrazo con más naturalidad. Al fin y al cabo, con ella había jugado desde que los dos estaban en pañales.

Y finalmente se acercaron Harry y Dumbledore. El anciano le hizo una inclinación de cabeza y le estrechó la mano.

“Joven Malfoy”

“Profesor… Muchas gracias”

“No hay nada qué agradecer, Draco. Su participación fue valiosa para que podamos vivir tranquilos y sin ninguna amenaza”, le dijo el profesor, quien con una nueva inclinación de cabeza se despidió de los presentes y se retiró de la sala.

Entonces, Harry le estrechó la mano y cariñosamente le dio una palmada en el hombro. “¿Nos vamos a Grimmauld Place a celebrar?”

Lo que más quería Draco era salir del Ministerio, pero tampoco quería una gran celebración. Lo que quería era pasar una velada tranquila con Hermione y la niña, pero al parecer eso no sería posible. Sobre todo por que entonces, el jefe de aurores se le acercó para informarle que debía llenar unas formas administrativas, antes de dejar definitivamente las instalaciones del Ministerio. Hermione no pensaba separarse ni un segundo de Draco, hasta abandonar juntos el Ministerio, así que Ginny se ofreció a cuidar de Irene hasta que ellos pudieran llegar a Grimmauld Place.

Fueron un par de horas más, en las que se dedicaron a llenar papeles y Draco estaba ya dejando salir a flote su carácter Malfoy, sobre todo cuando protestó y les dijo a los aurores que bien podrían haberle mandado esa documentación a su casa, sin necesidad de retenerlo más tiempo allí. Cuando al fin terminaron con todo, tanto él como Hermione estaban aburridos y hastiados, ya tocando las puertas de la impaciencia. Al fin, casi al final de la tarde pudieron salir del Cuartel Central de Aurores.

Draco estaba agotado y se le notaba. “No quiero vivir arrimado en la casa de Potter”, le soltó secamente mientras caminaban hacia El Atrio. Hermione iba tomada suavemente del brazo de su esposo.

“Yo sé”, concedió Hermione. Draco ya se lo había dicho una vez, cuando estaba todavía en el hospital. “Pero Harry nos ha extendido la mano incondicionalmente, y sería bastante grosero de nuestra parte que dejáramos su casa esta misma noche…”

Draco suspiró contrariado. “Pero tampoco nos vamos a quedar en Grimmauld Place indefinidamente… además, yo ya tengo Malfoy Manor y allí hay suficiente espacio para nosotros…”

“También lo sé, Draco. Pero yo no quiero vivir allí”, le dijo Hermione secamente y cuando vio la expresión de su esposo añadió. “No quiero problemas con tu mamá…”

Hermione vio como el rubio se preparaba para rebatir sus palabras y lo que menos quería era discutir con él por cosas que podían resolver otro día. “Mira Draco, los dos estamos cansados e impacientes. Es un momento ideal para comenzar una pelea. Vamos a casa de Harry. Celebremos que estás libre y mañana hablamos de donde viviremos. ¿Te parece?”

En ese momento llegaron al elevador, por lo que Draco se quedó en silencio. No era prudente seguir hablando de algo tan privado en un lugar donde no tenían ninguna privacidad. Subieron a él, rodeados de empleados del Ministerio. Algunos les dirigieron palabras de felicitación, que ellos respondieron con sonrisas cansadas e inclinaciones de cabeza. De todos era sabido que los aurores los habían retenido unas horas más después del juicio, así que era normal que ambos estuvieran agotados.

Cuando salieron del elevador y comenzaron a caminar hacia las chimeneas de El Atrio, Draco puso su mano sobre la de Hermione que llevaba de su brazo. “Lo siento”, se disculpó, su voz casi era un susurro. “Es que estoy cansado y no veo la hora de estar a solas contigo y con Irene”

“Tranquilo, Draco. A partir de ahora, tenemos toda la vida por delante”, le dijo ella. Y se vieron a los ojos con una sonrisa instalada en sus rostros.

Llegaron a las chimeneas y se colocaron en la primera que vieron libre. Cuando salieron en el salón de Grimmauld Place, los dos abrieron sus ojos sorprendidos. Sus amigos estaban allí y habían organizado una celebración… en realidad, no era tan pequeña porque habían arreglado el salón y había mucha bebida y comida marca Molly Weasley, pero sí era íntima por que solo los más cercanos a ellos estaban allí: Los Weasley, Pansy, Luna… hasta Severus Snape estaba presente con su porte impasible. Narcisa estuvo con ellos solo para recibir a Draco y luego se retiró. Todos comprendieron que para ella la celebración tenía un sabor agridulce por la sentencia de Lucius.

Eran la estampa de una gran familia. Las mujeres repartidas entre la elaboración de la comida y la atención de los invitados. Los hombres reunidos en el salón charlando amigablemente y supervisando que los pequeños no tomaran nada indebido y que no pelearan.

Irene se entretenía jugando con Alexandré. El hijo mayor de Bill y Fleur le llevaba un poco más de siete meses y siempre que estaban juntos, construían un mundo de juego muy aparte de los demás.

Todos brindaron por la liberación de Draco y cenaron en medio de una gran algarabía. Draco no dejaba de sorprenderse como en el transcurso de los años había llegado a ser parte del clan Weasley. Al principio había tratado de mantener una prudente distancia pues, los Malfoy y los Weasley no habían tenido ningún tipo de relación durante generaciones. Pero conforme avanzaba en sus labores de espionaje para la Orden, descubrió que la mayoría de los Weasley eran también miembros medulares, sobre todo Ron por su cercanía con Harry y Bill por sus contactos dentro de Gringotts. Además, cuando Hermione estuvo fuera del país por motivos de seguridad, sus noticias y las fotografías de Irene le llegaban a través de los Weasley, lo que le dio cierto sentido de continuidad a su vida.

Ahora simplemente le era impensable que no fueran parte de su vida ni de la de su familia. Seguía considerándolos demasiado Gryffindors para su gusto pero no podía negar que les debía la vida. Por lo menos, no era el único Slytherin dentro de ese mundillo, tener a Pansy cerca iba a serle de mucha ayuda para mantener en alerta sus instintos Slytherin.

Conforme avanzaba la noche, todos se fueron despidiendo poco a poco. Hasta que solo quedaron Arthur, Molly, Ginny y Harry.

“Bien, es hora de irnos”, dijo Arthur y Molly comenzó a recoger sus cosas.

Hermione había observado que Harry y Ginny había cuchicheado casi toda la noche, pero en ese momento se hizo todavía más evidente. Harry salió del salón, mientras Ginny comenzaba a levitar platos y vasos para llevarlos a la cocina. Pronto, Molly y Hermione se dispusieron a ayudarle. Draco estaba tan cansado que se había arrellanado en el sofá del salón, mirando como todas las mujeres daban vueltas para levantar el desorden que la tropa Weasley había dejado tras de sí.

En eso estaban, cuando Draco vio entrar a Harry en el salón, llevando consigo unas mochilas que se había colgado en un hombro y llevando a Irene cargada en sus brazos. La niña todavía no estaba del todo dormida, pero en su carita se notaba que estaba deseando irse a la cama.

“¿Pero qué demonios se supone que estás haciendo?”, le preguntó Draco incorporándose en el sofá y con un tono similar al que usaba cuando se peleaban en Hogwarts. Hermione también se acercó sorprendida, tanto de ver a Harry con la niña como de la reacción de Draco. Pero Harry comprendió que el rubio también estaba cansado así que no reaccionó con enojo.

“Ginny y yo hemos decidido pasar la noche en La Madriguera”, les explicó y luego añadió con picardía “Y después pensamos que sería un detallazo de nuestra parte que nos lleváramos también a mi ahijada… para que así ustedes pudieran dormir tranquilos”

A pesar de sus años de amistad, Harry no solía bromear con ellos de esa manera, al menos no con Hermione, así que ella no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran ligeramente. Y Draco solo cambió su expresión a una completamente maliciosa, que no dejaba lugar a dudas de lo que haría en cuanto se quedara solo con Hermione en el viejo caserón de los Black. Lo que hizo terminar de enrojecer a su esposa.

Ginny soltó una carcajada. “¡Ay, Hermione! Pareces una niña, no una mujer casada…”

“¿Nos vamos a dormir donde abuelita Molly?” le preguntó Harry a Irene. La niña asintió con movimientos cortos mientras se frotaba los ojitos. Se acomodó en el hombro de su padrino y se quedó definitivamente dormida.

Arthur y Molly salieron primero, deseándoles buenas noches. Luego se fueron Harry y Ginny. “No me vayan a destrozar la casa”, les pidió Harry, con un guiño de ojos antes de partir y les anunció: “Voy a poner una protección en la chimenea, para cerrar la Red Flú. Quedará sellada hasta que alguno de ustedes levante el hechizo”.

Y diciendo esto, se fueron a la Madriguera.

Draco no perdió ni un segundo. En cuanto cesó el ruido de la chimenea, se abalanzó sobre Hermione y comenzaron a besarse con desesperación. Hacía mucho que no pasaban una noche juntos, después de tres semanas en un hospital y un mes en prisión… era demasiado tiempo, al menos ellos lo habían sentido como una eternidad.

Hermione sintió su cuerpo estremecerse por las caricias de Draco, quien prácticamente le había arrancado su blusa, la había recostado en el sofá y había colocado su cuerpo sobre el de ella. En ese momento, besaba y jugaba goloso con sus pechos.

“Draco, estamos en medio del salón…”, le dijo entre jadeos.

“En la casa no hay nadie”, le respondió él.

“Por favor”, le pidió ella. “No me siento cómoda quedándome acá. ¿Y si entra Kreacher?”

Draco suspiró un poco fastidiado porque Hermione le estaba pidiendo detenerse, cuando él ya estaba deseando hundirse profundamente en su cuerpo. Pero aun así, se levantó del sofá y antes de que ella pudiera reaccionar, se la llevó en brazos a la habitación.

Subieron las gradas entre risas y jadeos de Draco, quien llegó un momento que comenzó a subirlas trastrabillando y chocando entre el barandal y la pared. Cuando subió al último escalón, que quedó inmóvil unos segundos recuperando el equilibrio, reacomodó a Hermione entre sus brazos y se la llevó a la habitación.

Ella le ayudó a abrir la puerta con un alohomora.

“¿Estás mejor acá?”, le preguntó cuando la depositó en la cama.

“Definitivamente”

“Bien, entonces, prepárate”, le advirtió con una mirada lasciva, mientras sus manos la acariciaban suavemente en los muslos, cada vez subiendo más hacia sus caderas. “Porque no tengo planes de salir de esta cama hasta bien entrada la mañana”

“¿Y Harry?”

“Que se joda”, le respondió tajante y luego se rió por lo bajo por la expresión de Hermione. “¿Tú crees que no sabía que algo así podía pasar si nos prestaba la casa? Creo que hasta se podría sentir decepcionado si abrimos temprano la chimenea…”

Entonces, Draco le quitó la blusa que había abierto mientras estaban en el salón y la despojó de sus pantalones. Acariciando, besando y lamiendo cada trocito de piel que quedaba a la vista. Hermione permanecía estática en la cama, como haciendo un gran esfuerzo para no tirarse encima de su esposo. Cuando la tuvo completamente desnuda, comenzó a desabotonar su camisa. Hermione se incorporó. “Permíteme”, le pidió apartando suavemente sus manos, colocándose frente a él y quedando ambos hincados en la cama.

Lentamente, sus manos trémulas fueron sacando cada uno de los botones, hasta que llegó a su cintura, la jaló suavemente para sacarla de los pantalones. Introdujo sus manos suavemente bajo la tela de la camisa, acariciando el pecho de Draco y poco a poco, fue deslizándola por sobre sus hombros hasta que la tiró a un lado. Draco la acariciaba bajando sus manos desde la cintura hasta las caderas y volviéndolas a subir, mientras ella depositaba pequeños besos en su pecho y sus hombros. Hermione desabotonó sus pantalones y bajó la cremallera. De pronto, metió su mano en los pantalones de su esposo y apretó su pene por encima de los calzoncillos, arrancándole un profundo gemido.

Draco ya no pudo contenerse más. Se quitó los pantalones y los calzoncillos apresuradamente y se acostó en la cama. No sabía qué lo excitaba más: si su desnudez, su vientre ya ligeramente abultado donde yacía su segundo hijo, el poder acariciarla libremente y sin ninguna restricción o ver en ella, en sus ojos, sus manos y en todo su cuerpo, un deseo por él de igual intensidad que el suyo. Sin perder tiempo, Hermione se colocó a horcadas sobre él, fundiéndose con su cuerpo. Oh, Dios, ¡Cuánto la amaba!

El embarazo de Hermione todavía no era tan pronunciado como para impedirles hacer el amor como usualmente lo hacían, así que comenzaron con el vaivén que los llevó demasiado pronto a la culminación. Se quedaron abrazados un buen rato mientras recuperaban la respiración, pero no estaban nada decepcionados por lo rápido de su encuentro, por que ese había sido solo el inicio de la noche, ya tendrían el día siguiente para dormir y recuperar fuerzas…

Al día siguiente, Draco finalmente aceptó pasar unos días en casa de Harry y luego organizaron un pequeño viaje familiar por la campiña inglesa, para descansar de todo el estrés que habían pasado.

Hermione sabía que no tendría más remedio que vivir una época en Malfoy Manor y eso sucedió justo después de que volvieron de viaje. Y ella no lo pudo evitar. Iba como un condenado al matadero y fue de lo más evidente, sobre todo con Draco.

Él trató de comprenderla pero muy en el fondo, no terminaba de entender su postura. Aunque fuera de las dimensiones de un palacio, ese siempre había sido su hogar. Muchas generaciones de Malfoy habían crecido en estos corredores y él quería que las cosas siguieran como siempre habían sido. Sí, es verdad que lo vasto de sus habitaciones podía intimidar a cualquiera y que ahora la mansión recibía a muchos visitantes diarios, por que se había convertido casi en un monumento nacional, por ser el lugar donde Harry Potter había derrotado a Voldemort.

Pero la comprendió mejor conforme los días avanzaban. Sobre todo por la actitud de Narcisa. Si bien ahora, Draco era la cabeza de la familia y se estaba involucrando en todos los negocios que su padre había dejado pendientes, se daba cuenta perfectamente de que su madre no estaba dispuesta a compartir su estatus de ama y señora de Malfoy Manor con nadie. Y que hacía berrinches de niña consentida cada vez que los elfos se dirigían primero a Hermione antes que a ella. Pero para su desgracia, ni estaba Lucius para que le cumpliera todos los caprichos, ni su hijo tenía la paciencia de hacerlo ni Hermione le seguía el juego, evitando caer en disputas inútiles.

Hermione era muy diferente a Narcisa y era eso precisamente lo que más amaba Draco. Su raciocinio para asumir ciertas situaciones y su practicidad para resolver problemas, entre otras cosas. Pero ella era una Gryffindor de pura cepa, y por tanto no se destacaba por su paciencia. Así que para evitarse problemas, Hermione resolvió las cosas poniendo tierra de por medio dentro de la misma mansión, armando un pequeño apartamento para ellos en las habitaciones donde se habían instalado, con cocina, sala, comedor y chimenea incluidos, para no tener necesidad de utilizar los salones principales y tener que toparse que su suegra. De todas maneras, sus habitaciones eran lo suficientemente grandes como para disponer de espacio de sobra para ellos tres.

Pero esa decisión hizo que inevitablemente Draco se sintiera en medio de un campo de batalla, bastante diplomático a decir verdad, pero no por ello dejaba de ser tirante. Llegó a un punto, que Hermione no tuvo más remedio que dejar salir su testarudez, al punto de no salir de su apartamento salvo para acompañar a Irene a jugar al jardín si hacía buen tiempo o buscar un libro urgentemente en la amplia biblioteca. Evitaba a Narcisa al grado que si su suegra quería decirle algo, debía buscarla en sus habitaciones.

Pero Hermione no era feliz.

Y Narcisa no paraba de quejarse por tonterías.

Así que más pronto que tarde, Draco resolvió que para mantener la paz de su matrimonio intacta, debían poner más tierra de por medio con su madre y encontrar un lugar donde establecerse como Merlín, Morgana y todos los dioses mandaban. Le dolía dejar Malfoy Manor, pero pronto comprendió que nunca podría pedirle a su madre que abandonara la mansión. Y seguramente, Hermione tampoco le permitiría llegar a ese extremo, sobre todo por que lo que ella quería era un hogar menos ostentoso.

Así que mandó pedir un listado de todas las posesiones de la familia y se encontró con esta casa, en el condado de Kent, con las dimensiones adecuadas para ellos: ni tan pequeñas que él se sintiera enclaustrado, ni tan grandes que abatieran a Hermione. Pero sobre todo, rodeada de amplios jardines en los que pudieran jugar tranquilamente sus hijos.

Ni lento ni perezoso, fue a darle un vistazo, comprobando que aunque tenía más de 50 años de estar en desuso (había sido herencia de una de sus bisabuelas paternas), su padre la había mantenido en muy buenas condiciones. Así que mandó a un batallón de elfos domésticos para que la asearan debidamente y arreglaran todas sus habitaciones, para que estuviera bien presentable cuando él llevara a Hermione a verla.

Estaba tan ilusionado que cuando ella comenzó a ponerle trabas a la casa, sintió que se le contraía el estómago y no supo qué decir. Sobre todo por que la había visto completamente seria. Cuando finalmente ella estalló en carcajadas, fue un gran alivio para él, principalmente por dos razones: por que hacía muchos días que Hermione había perdido su agudo sentido del humor y porque la sintió completamente feliz.

Hermione estaba emocionada cuando él abrió la puerta de la casa y pudo comprobar la belleza de su interior. Quien la había habitado seguramente tenía el mismo gusto de Hermione: poseía una decoración elegante y todas las estancias estaban llenas de muebles, en su mayoría carísimas antigüedades, pero eran de un gusto tan sobrio y sencillo que la fascinó.

Cuando la llevó a ver las habitaciones, Hermione quedó encantada con ellas. Realmente no pretendía hacer muchos cambios en la habitación principal, tal vez solo incluir en ella todo lo necesario para atender a un recién nacido durante los primeros meses y rápidamente decidió que la habitación contigua sería ocupada por Irene. En el piso inferior, dispuso que el área de juegos estuviera justo a la par de la biblioteca. Cómo pretendía estudiar con los gritos de sus hijos en la habitación contigua, era un enigma para Draco quien siempre había necesitado de silencio absoluto para concentrarse; pero él no quiso rebatir ninguna de sus decisiones por que Hermione había probado ser una madre bastante sobre protectora con Irene.

Llamó a los elfos de la casa para que la ayudaran a hacer los cambios que quería en las habitaciones y Draco la contempló dar todas las indicaciones con expresión sonriente. Tenía un brillo ilusionado en los ojos y un entusiasmo que contagiaba a todos a su alrededor.

Todas las adecuaciones tardaron menos de una semana en ser realizadas.

Se trasladaron en medio de la algarabía entre ellos y las constantes quejas de Narcisa, que miraba cómo su hijo y su familia se marchaban a una nueva casa y ella quedaba sola en la inmensa mansión, acompañada solamente por los elfos domésticos. Solo entonces, cayó en cuenta de lo que sus actitudes habían provocado, pero fue lo suficientemente orgullosa como para hacérselo notar a su hijo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Cuatro meses después

Draco se paseaba impaciente en la sala de espera de la sección de partos de San Mungo. Caminaba ansioso de un lado a otro, sin molestarse en ocultar que estaba desesperado por saber lo que sucedía adentro de la sala de partos donde se encontraba Hermione.

Harry y Ginny le hacían compañía y desde las sillas de espera lo observaban en su continuo ir y venir. Habían dejado a su pequeño James, de tres meses de nacido y a Irene, en casa de Molly, para poder estar en el hospital el tiempo que fuera necesario. Ron había llegado un momento para saber cómo avanzaba el parto, pero no había podido quedarse por cuestiones de trabajo y les había avisado que Luna pasaría por allí en cuando terminara de revisar unos textos de la siguiente edición del Quisquilloso, que estaba en su día de cierre.

Hermione se había sentido mal desde el día anterior. A media madrugada le había despertado porque sentía las contracciones cada vez más fuertes, sin embargo, ella había decidido que esperaran a que amaneciera para irse al hospital. Draco no le había puesto objeciones, por que ella casi era sanadora certiicada, así que se suponía que ya sabía lo que diagnosticaba. Durante esas tempranas horas, Hermione había encontrado algo de alivio manteniéndose caminando por el pasillo y se sostenía del brazo de Draco cada vez con más fuerza, cuando las contracciones le venían una tras otra cada vez más dolorosas.

A las seis de la mañana, Hermione había decidido que era el momento de trasladarse al hospital. Las contracciones venían cada vez más frecuentes. Draco se comunico con Harry, para pedirle que cuidaran de Irene en lo que ellos partían para San Mungo. Más pronto que tarde, un despeinado, descolocado y somnoliento Harry entraba en casa de los jóvenes Malfoy para llevarse a una igual de dormida Irene. De puro milagro no cayeron perdidos en alguna chimenea vecina…

Cuando llegaron al hospital, las enfermeras se llevaron a Hermione en una camilla y aunque Draco quiso seguirlas, el sanador a cargo no le permitió el ingreso en la sala de partos. Desde esa hora, no la había visto ni un segundo.

Eran casi las ocho de la mañana y él había movido a todo el hospital para que le permitieran entrar con ella, sin lograrlo. No lo podía creer. Eso le afectaba grandemente. Primero porque deseaba ver nacer a su hijo, tal y como vivió el parto de Irene y segundo por orgullo, por que no le dejaban salirse con la suya.

Pansy entró llevando unos vasos desechables con café. Casualmente ella había llegado procedente de Rumania unos días antes, para hacerles una breve visita. Ella y Charlie todavía no habían fijado fecha de boda, ni tampoco les urgía hacerlo. Vivían juntos y de momento, con eso les bastaba. Ella había decidido irse definitivamente con él, luego de que su padre fuera enviado con una sentencia de por vida a Azkaban y después de la liberación de Draco. A regañadientes, su madre había aceptado su decisión y para desesperación de Charlie, los visitaba al menos una vez al mes. Esa había sido la principal razón de que hubieran decidido dejar el modesto apartamento de él, para instalarse en una casa campestre cerca de la reserva de dragones donde trabajaban. No era un palacete, pero al menos podían instalar a la Sra. Parkinson en una de las cuatro amplias habitaciones de la casa y no en la única habitación de un reducido apartamento, mientras ellos dormían en el sofá-cama que tenían en el salón.

Pansy vivía feliz con su pelirrojo y en este momento, estaba muy contenta de poder compartir con Draco y Hermione el nacimiento de su segundo vástago.

Draco vio que Pansy se acercaba a los otros y les entregaba un vaso a cada uno. Y caminó hacia ellos.

“Tranquilízate, Draco”, le pidió Pansy cuando le entregó el café. “Si sigues insistiendo en entrar harás que una enfermera desesperada te lance un hechizo aturdidor para que los dejes en paz”

“No puedo creer que no me permitan entrar”, protestó nuevamente con expresión indignada. Todos intercambiaron miradas entre ellos y pusieron cara de ya comienza otra vez con la cantaleta. “Con Irene…”

“Irene nació en casa, Draco”, lo cortó Ginny. “Las reglas del hospital son diferentes, tú ya lo sabes”

De pronto, todas las luces de la sala de espera e incluso del pasillo titilaron, hasta casi apagarse. Y adentro de la sala de partos, se escuchó un fuerte estallido. Draco miró hacia adentro, primero con alarma y luego en su rostro se mostró una sonrisa complacida. “Esa es mi chica”, murmuró.

Harry lo vio sorprendido. “¿Tú crees que Hermione…?”

Pero no pudo terminar la pregunta. La puerta de la sala de partos se abrió intempestivamente, dando paso a una enfermera que venía con la cara desencajada y una bata. “Señor Malfoy, lo necesitamos adentro”, le anunció. Con rapidez, le aplicó unos hechizos antisépticos, le colocó la bata y le indicó que entrara.

“Los veo luego”, les dijo a las tres asombradas personas que quedaban fuera.

Mientras caminaba por el pasillo que llevaba a la sala de partos, la enfermera le resumió la situación. “Su esposa está casi por dar a luz, se encuentra bien pero está muy alterada por que no le hemos permitido pasar. Ella ha insistido que lo necesita adentro, pero el sanador se negaba en redondo a hacerlo...”

Mentalmente, Draco pensó en lanzarle una velada maldición al sanador… pero tenía que ser paciente, primero esperaría a que naciera su hijo. Ya luego vería como cobrarse esa terquedad de no querer escuchar a Hermione…

“... Ahora lo ha permitido por que el enojo hizo que Hermione se descontrolara con su magia”, continuó la enfermera. “Y eso no ha sido nada bueno, ni para ella ni para el bebé”, Draco contrajo el ceño, eso no le estaba gustando nada. “Pero no se preocupe, porque estoy segura que en cuanto le vea entrar, todo se arreglará”

“¿Usted cree?”, le preguntó sin poderlo evitar.

“Estoy convencida de eso. Todavía no sé por qué algunos sanadores se oponen a la presencia de los padres” protestó la enfermera. “Lástima que el Sanador Thomas no se encuentra en el país en este momento. Con él no habrían tenido este problema”.

En ese momento, la enfermera abrió la última puerta y cuando entró a la habitación, Draco vio a una Hermione sentada en la cama, con una expresión furiosa y al imbécil del sanador intentando calmarla, diciéndole que era por su bien y por el del niño. Draco se sorprendió. Por la habitación volaban en desorden todo el instrumental médico y el estallido había sido provocado por que ella había lanzado el mueble con las bandejas del instrumental contra una de las paredes, abollando la pared y dejando el mueble de metal en un estado lamentable. Sin perder tiempo caminó hacia la cama en la que estaba su esposa.

Cuando Hermione vio abrirse la puerta y vio a Draco entrar a la habitación, toda ella se relajó. Fue de lo más evidente. Todo el instrumental cayó al suelo con gran estrépito. Draco detuvo la marcha un momento, mientras todo caía a su alrededor, como si fuera una lluvia de pequeños instrumentos médicos. Llegó hasta un costado de la cama, tomó a Hermione de la mano y le dio un pequeño beso en la frente.

“¿Cómo te encuentras?”, preguntó e inmediatamente se arrepintió de ello. Hermione lo fulminó con la mirada.

“Por aquí… de lo más contenta… pariendo a tu hijo…”, le respondió entre jadeos y rezumando ironía. Draco prefirió quedarse callado, se dio una bofetada mental y se dijo que se lo merecía por hacer preguntas obvias en un momento como ese.

“¿Te han dado los hechizos analgésicos?”

“Sí”, le respondió ella. “Pero no han hecho mucho efecto. Te necesitaba aquí conmigo...” No pudo continuar. Una contracción dolorosa comenzó en ese momento y ella se aferro a su mano con fuerza, con su rostro deformado en una mueca de dolor.

“Ya estoy acá contigo, amor”, le dijo él mientras la sostenía. “Dime qué quieres que haga”

El sanador solo los observaba sin saber qué hacer. Si por él hubiese sido, Draco seguiría en la sala de espera pero la situación se le había descontrolado por la terquedad de Hermione. Cuando la contracción pasó y para más sorpresa del sanador, ella solo le susurró. “Métete en la cama conmigo...”

“¿Cómo cuando nació Irene?”, quiso confirmar Draco, mientras comenzaba a quitarse las botas. Hermione solo asintió. Las enfermeras la ayudaron a moverse hacia adelante, para hacerle espacio a Draco y él se sentó tras ella rápidamente, apoyándose en el respaldo metálico de esa cama de hospital y colocándola a ella entre sus piernas. Pronto, la tuvo recostada sobre su pecho y para todos fue palpable la manera en que Hermione se acomodó en su esposo y se relajó considerablemente. El sanador estaba muy sorprendido, tanto que se les había quedado viendo como un tonto.

“¿Y usted que espera para ponerse a trabajar?”, le preguntó Draco en ese tono tan Malfoy y que no nada margen a ninguna duda. Ambos estaban disgustados con el pobre sanador, que comenzaba a lamentar su terquedad con los esposos Malfoy. Dio un respingo sobresaltado después de las palabras de Draco. Y se acercó a revisar a Hermione.

“Está completamente dilatada y el bebé está en buena posición”, les dijo. “En la próxima contracción debe comenzar a pujar”.

Draco abrazó a Hermione, tratando de acomodarla lo mejor posible. “Tranquila, lo haremos lo mejor que podamos, ¿de acuerdo?”, le susurró al oído. Hermione solo asintió entre jadeos entrecortados. Pronto, ella sintió la contracción sacudirla. Apretó las manos de Draco como si de eso dependiera su vida y comenzó a pujar con fuerza. “Vamos, amor, tú puedes hacerlo”, la animó Draco.

Con una contracción más y ambos vieron a su hijo asomar la cabeza. Hermione estaba muy cansada. Pero sacando fuerzas de flaqueza, a la siguiente contracción, logró que su hijo naciera. El sanador lo tomó rápidamente en brazos y lo colocó en el regazo de su madre. “Es un varón”, les anunció el sanador.

Como con Irene, Hermione rápidamente hizo caso omiso del cansancio y el dolor que todavía palpitaba en su cuerpo y revisó el diminuto cuerpecito, sus manos y sus pies, comprobando que todo estaba bien. El bebé parecía tener pulmones de acero. Draco tras ella, observaba emocionado a su hijo. “Bienvenido pequeño Tyl”, le saludó Draco. Ellos ya sabían que estaban esperando un varón, así que siguiendo con la tradición familiar, habían decidido llamarlo Tyl, que era una de las estrellas que formaban parte de la constelación de Draco.

Y era un Malfoy. Definitivamente. Su piel era blanquísima y una fina pelusilla rubia cubría su cabello. Aunque no abrió sus ojos, Hermione estaba convencida de que serían grises, así como los de Draco e Irene. Pero de pronto, Tyl abrió lentamente sus ojitos revelando que, si bien eran bastante claros, no eran grises como los de Draco sino café como los suyos. Lo que la hizo reír tontamente.

Después de unos minutos, una de las enfermeras se acercó a retirar al bebé para asearlo y envolverlo en una franela. Y Hermione se acomodó de nuevo en el pecho de Draco, mientras el sanador terminaba de atenderla a ella. Como siempre, Draco le susurraba al oído para nadie más escuchara sus palabras de aliento, mientras ella solo sonreía complacida.

El sanador terminó de atender a Hermione. La otra enfermera se acercó para limpiarla y cambiarle la bata de hospital que se había ensuciado toda en el momento del alumbramiento, por lo que Draco ya no consideró necesario seguir metido en la cama con ella. El sanador estaba haciendo unas anotaciones, con una humeante taza de té colocada en una mesita. Una mueca maliciosa se dibujó en su rostro. Aprovechó el momento en que el sanador estaba distraído y simulando estar agachado para colocarse las botas, dirigió su varita hacia la taza de té. Nunca un Malfoy había dejado un agravio sin cobrar…

“Draco, ¿Qué estás haciendo?”, le preguntó Hermione en un susurro.

“¿Yo?”, preguntó poniendo cara de inocente. “yo no estoy haciendo nada…”

“Estamos enlazados, Draco Malfoy. Puedo sentir tu magia fluyendo tanto como tú puedes sentir la mía”, le dijo ella con tono de advertencia.

El sanador se bebió por completo la taza de té y mientras Draco convencía a Hermione de que no había hecho nada malo, continuó con sus anotaciones, con la expresión completamente seria. Incluso como estudiante a sanadora, Hermione sabía que este sanador no era el más indicado para atenderla, no por que fuera incapaz sino porque era de aquellos que siempre miraba primero su conveniencia en vez de la conveniencia de sus pacientes. Pero desgraciadamente era el que le había referido el Sanador Thomas por su ausencia… Después de un rato, el sanador se acercó a ellos. “Todo ha salido bien, la madre y el hijo están en perfectas condiciones…”, dijo en ese tono de autosuficiencia que usan algunos sanadores, pero en ese momento se llevó una mano al estómago y comenzó a ponerse pálido. “En unos minutos…”, respiró profundamente. “…las enfermeras…la trasladarán a su habitación. Con permiso…”

Y más corriendo que andando, salió de la sala de partos. Draco tenía una expresión tan complacida que levantó las sospechas de Hermione, pero no le dijo nada para no ponerlo en evidencia con las enfermeras que todavía estaban en la habitación. Poco después, Hermione era llevada a su habitación y el día avanzó con rapidez. Durante la mañana y parte de la tarde, restringieron las visitas para permitirle descansar un poco. Hermione estaba agotada, así que se pasó dormida la mayor parte del tiempo.

En cuanto permitieron las visitas, un rosario de personas entró en la habitación: Harry y Ginny, los primeros, Ron, Luna y todos los Weasley, se pasaron por allí. Irene llegó de la mano de Molly Weasley e inmediatamente pidió subirse en la cama con Hermione. Vio a su hermano con ojos curiosos pero luego se olvidó de él y se quedó en la cama junto a su mamá, hasta que Draco la convenció de que se fuera a jugar con él.

Narcisa llegó un momento y con ojos emocionados, conoció a su nieto. Lo sostuvo en sus brazos todo el rato que estuvo allí, lo que extrañó a Draco pero no comentó nada. La verdad es que Narcisa se sentía sola, pero su orgullo le impedía decirle algo a su hijo.

Por fin, en la noche, los esposos se quedaron solos. Irene seguiría en casa de Harry hasta que Hermione y el bebé dejaran el hospital. Hermione sostenía a su hijo, mientras lo amamantaba y Draco estaba sentado en la cama, frente a ella, observándoles contento. Ahora que las cosas estaban en su sitio, tal y como debía ser, Draco no podía imaginarse en otro lugar ni con otras personas.

“Draco…”, la expresión de Hermione era un poco preocupada.

“¿Te pasa algo?”

Ella negó con la cabeza. “Solo estoy agotada por el parto, pero no es eso lo que me interesa”, se quedó pensativa. “¿Qué le hiciste al sanador?”

“¿Por qué piensas eso?”, preguntó a la defensiva.

“Por que te conozco, Draco. Cuando el hombre salió de la sala de partos tenías una cara de autocomplacencia que no te cabía en el rostro. Así que respóndeme”, mientras hablaba, Draco había sonreído con su típica mueca ladeada.

“No es nada grave, no te preocupes. Pero no podía dejar que se fuera sin cobrarle su terquedad de mantenernos separados”, le explicó. “Así que le apliqué algo sencillo en su té”.

“¿Qué le lanzaste?”

“Bueno, tú sabes que estar enlazado con una sanadora tiene sus ventajas… puedes aprender hechizos muy útiles para enfermedades leves…”

“Draco ¿Qué le lanzaste?”, preguntó preocupada. “No vaya a creer que yo lo hice”

“No lo creo”, le respondió confiado. “Además, tu varita se quedó en casa. No tenías forma de mandarle un hechizo laxante específicamente a su té. Creo que era algo leve pero no garantizo nada… no se ha aparecido en todo el día por acá, así que no sé si el pobre ha podido salir del baño…”

Hermione soltó una carcajada tal, que el pobre Tyl se soltó de su pecho y comenzó a llorar desconsolado. Pronto, se lo colocó de nuevo contra su pecho para que siguiera mamando. Hermione suspiró pero la sonrisa seguía firme en su rostro. “Te comprendo… y creo que es momento de que te confiese algo: ¿te recuerdas del mueble que se estrelló contra la pared?”, Draco asintió. “Pues el sanador te dejó entrar por que ese mueble no iba dirigido a la pared… sino directamente a él”, Draco comenzó a reír a carcajadas, contagiándola con su risa.

“Somos tal para cual”, le dijo Draco. Ambos se vieron mutuamente con expresión complacida, emocionada y sonriente.

Draco de pronto se quedó pensativo contemplando a su hijo. “¿Crees que lo hemos logrado?”, le preguntó de repente y por la expresión de Hermione, vio que no le había comprendido. “Que nuestros hijos tengan una vida mucho mejor que la nuestra, que crezcan sin miedo, sin prejuicios y sin violencia…”

“Draco, literalmente hemos dejado nuestro pellejo y nuestra juventud en el intento de trazarles ese destino”, le respondió. “Y sí, creo que sí lo hemos logrado”.

Draco no pudo contenerse, se inclinó hacia delante y la besó delicadamente.

“Te amo”, le dijo él suavemente.

“Yo también te amo”.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.


Pues ya sabes si son felices, su segundo bebe es un niño ya tienen la parejita, por favor no olviden dejar sus post las quiermo mucho y nos vemos pronto.
Besos andeli Malfoy Cullen

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor Pam. » Sab Oct 17, 2009 12:19 am

¿Soy la primera en leer el final? WIIIII
Bueno, mis más sinceras felicitaciones.
La historia completa me encantó, y ni hablar del final.
Muy bien narrado, entretenida, única :D

Como seguro ya sabés, mis post nunca han sido los mejores. Definitivamente me falta habilidad para comentar, pero tu fic me encantó, lo amé. Y estoy planteandome la posibilidad de releerlo. Espero un nuevo fic n_n
Muchos saludos y la mejor suerte del mundo. :mrgreen:

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor Mrs Ulliel » Sab Oct 17, 2009 2:07 am

ah!!! mas lindo, que bueno que lucius acabo en la carcel y que a draky lo dejaron libre! y me imagino como sera Tyl jejeje espero que como su padre no, por que draky es unico, tambien me gusto que charlie y pansy fueran felices al fin despues de toda tempestad, jejeje :) y ronie con luny jejeje.
bye"!!! 8)
besos! :D
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor jhimina » Sab Oct 17, 2009 4:42 pm

holaaaaaa

que te puedo decir
que me gusto mucho
tu fics
me encanto todo
los capitulos

el final me encanto
fue maravilloso
el final perfecto
para ellos
al fin felises

escribes muy bien
isiste que llorara
que me alegrara
te digo enserio tu
fics fue grandioso
no existe palabras :D
mi fics:
AMOR SIN MAQUILLAJE (DRAMIONE)
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VISITA CONYUGAL MINI-FICS (DM/HG) TERMINADO
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor yanny_potter » Sab Oct 17, 2009 5:50 pm

Andeli!!


Mravilloso...final...

fue estupendo...
me mate de la risa imaginandome los problemillas q tuvo Draco cn Mione y Cissy en la mansion..jeje

y lo del parto... me mato!!!... los muebles..y utensilios volando!! :D
un varoncito!! q felicidad!!!!


me fascino q Draco se empiece a llevar mejor cn Harry y cn los Weasly!!


un final feliz para todos!!


fue...sencillamente perfecto!!



Ame este fic!!



bss ídola!!! :D


"Fan Nro 9"



Gracias a Mi Sister Dade x esta bella imagen!Tkm!

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor donna* » Dom Oct 18, 2009 9:34 am

me ha gustado mucho el ultimo capitulo, y en geeneral todo el fic.
Ha sido genial, cada capiutlo, cada momentos que han vivido ellos dos juntos ^^
muuy especial todo
quisiera, que si publicas algun otro fic, sea tuyo o de otra autora, hazmelo saber vale?

me gustaria leerlo
un beso enormeeeeee



y FELICIDADES a la autora, por supuesto =)
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor ...angela... » Dom Oct 18, 2009 3:37 pm

Gracias por el capítulo y por habernos traido este fic !!! , ha estado
en mi opinión genial !! , me ha encantado !! jeje .

El capítulo ha estado muy bien jajaja me encantó la ironía de hermione jajaja
aunque es normal por el parto ...luego Draco tan asustado por lo de la casa
y luego en lacasa Black se nota que no perdieron el tiempoo eh... .

Bueno , cuidate mucho y otra vez gracias por haber subido este fic aquí ! .
Te KiErO mUxO

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor Sab-Sab » Dom Oct 25, 2009 4:54 pm

Ahhh la verdad es que tenia este ff como mis preferidos, lo habia empezado a leer pero por inconvenientes nunca terminaba x.x
Hasta que al fin me tomé el día de ayer y pude terminarlo pero quedé tan cansada que me dormí sin postear :(
El fin el punto es que quisiera felicitar a la autora y pues a ti por hacernos el favor de publicarlo, el FF es muy hermoso y original pues (:
Amo los dramiones y la chica que lo escribio tiene una buena forma de unirlos y relatar las cosas.
Si algún día escribe algo más ojala podamos leerlo (:
No se si habrá un epílogo pero andaré pendiente de eso.
Un besazo y bueno nos estamos leyendito (K)


Aunque yo debería de hacer una campaña contra el pimenton xD

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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor Aida:DDD » Lun Oct 26, 2009 5:33 pm

Hola!!!!!!!!!!!
me encontre este fic de casualidad
y lo lei me encantoo y aparte este terminado
en serio el fic esta super genial bueno va haber epilogo
o se va a quedar asi... espero que haya epilogo
bye
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor licka » Mar Oct 27, 2009 11:28 am


wow me encanto!!!
en serio muchas gracias por subir
este fic esta genial :mrgreen
:
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Re: Trazando el Destino *DraMione*

Notapor nena_hyg_4ever » Jue Oct 29, 2009 7:15 pm

no me puedo creer que haya terminado!!felicitaciones ala escritora!!ES una istoria preciosaaaa es distinta a las demas!!nose me a gustado muxo!!!:D
~... eL amOr eS un niñO caPrichOso y ciegO...~



H ---> APS <--- G
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