TÍTULO:
La última vez que te viPAREJAS: Draco y Hermione
Disclaimer: Nada me pertenece, sólo la idea de la histora. No obtengo dinero, solo satisfacción personal. Esta historia está basada en los personajes y situaciones creadas por (y que son propiedad de) J.K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.
La última vez que te vi La última vez que te vi… todavía la recuerdo.
Tenías el pelo rubio sobre tu frente, acompañando la belleza de tu rostro. Tus ojos grises parecían tristes, y en un intento de disimulo, trataste de llenarlos de indiferencia, para luego teñirlos de frustración por no lograrlo. Tu pecho subía y bajaba al compás de tu respiración agitada. Tu camisa estaba abierta de par en par, pero todavía no había tocado el suelo. Me mirabas anhelando encontrar en mis ojos una solución, algo que cambiara el destino… nuestro destino.
Sin pensarlo dos veces, me acerqué a tus finos y fríos labios. Primero los toqué con mi dedo índice, deseando que la sensación que estos me traían, quede plasmada en mi sentido del tacto. Luego posé mi mirada en tus ojos, y sin hablar, te dije cálidamente que todo estaría bien… Pero mentía, nada estaría bien sin tí…
Volví a observar tus labios, ahora entreabiertos, tratando de cazar cada partícula de oxígeno que estuviera a tu alcance. Sin dudarlo apoyé mi boca. En el preciso instante en el que lo hice, separaste tus labios, trayendo así, una bocanada de aire hacia tus pulmones. Era lo que necesitabas para respirar… y tú eres lo que necesito para vivir.
Volviste a besarme, me atrapaste con tus labios y no me dejaste ir hasta saciar tus deseos, tus ganas, tu necesidad. Me besaste como nunca antes lo habías hecho, me recorriste tratando de memorizar todos los recovecos de mi boca. Exploraste con tu lengua cada rincón posible… mis dientes, mi paladar, mis labios y la comisura de los mismos, mi lengua. Descargaste en mí todos tus temores, tu tristeza, tu desolación, tus deseos, anhelos… te descargaste en mí desesperadamente. Y yo te lo permití, dejé que me hicieras tuya una vez más, sabiendo que sería la última, sabiendo que no importaba nada más. Tú eras mío, y yo era tuya… como lo seguiría siendo el resto de mi miserable vida.
Tus manos me recorrían dejando caminos de fuego sobre mi cuerpo. Tus dedos creaban chispas, y tus palmas iniciaban el incendio. Acariciaste partes de mi ser que nunca antes habías tocado, que algunas veces habías ignorado. Mi pelo en tus manos era seda, y mi piel terciopelo. Con ellas, marcaste en cada miembro mío, tu territorio, dejaste en claro que esa tierra tenía dueño… que era tuya. Pero eso era una advertencia para los demás… con otra parte de tu cuerpo, una parte que se adentró en mi interior como tantas veces ya lo había hecho, me impusiste la realidad. Fui, soy y seré tuya incluso después de la muerte. Me hiciste entender que no desearía a nadie más, que no amaría a nadie más.
Con urgencia te aferraste a mí, me rodeaste con tus brazos en un abrazo eterno… o al menos eso esperaba que sea…
Separé un poco mi cuerpo del tuyo para mirarte, pero encontré algo distinto. Tus ojos ya no eran grises. Tenías nublada la mirada, y finas gotas saladas querían pasar desapercibidas con las de sudor. Tratabas de esconder tus desgracias, tus terrores, pero yo me adelanté y te tomé la cara, haciendo que me mires sin vergüenza. No tenías porque guardar vergüenza por tener miedo de separarnos, de pensar aterrorizado si volveríamos a tocarnos, de sentirte morir cuando recordabas los caminos tan distintos que tomaríamos… no tenías porque tener vergüenza de amarnos. Tus lágrimas eran lo más sincero que podía haber. La fuerza de tu pecho que se convulsionaba por los sollozos aguantados, tus manos apretando fuertemente las mías, tus ojos llenos de agua, tratando de correr la mirada de los míos.
Y por primera vez, yo no lloré. Siempre era yo la que no aguantaba más y dejaba escapar un par de gotas de mis ojos, hasta que sin poder retenerlo, lloraba sin más temor. Tu rostro se tornaba triste, sabía que te dolía verme así. Pero no llorabas, nunca lo hiciste, sólo te acercabas y me rodeabas con tus brazos, tratando en un vano intento de protegerme de todo lo que me hacía mal. Pero esa vez no lloré y entendí como te sentías cada vez que me veías así. Llegué a notar esa impotencia que se adueñaba de mi cuerpo, esas ganas de protegerte a cualquier costo, de hacerte olvidar todo lo que te dolía. Pero no podía hacer más que mentirte… decirte que todo iba a estar bien. Tú tratabas de creerme, pero en el fondo sabías que la realidad era más dura. Era nuestra última noche juntos, nuestro último encuentro, nuestra última demostración de amor. El tren partía en un par de horas, luego de que el sol se asomara y en el lugar donde nos conocimos todos se despierten para despedir un año más. Nuestro último año. Los dos sabíamos que después de esa noche, tomaríamos caminos tan distintos que era probable que nos llegáramos a cruzar, pero enfrentados, con la orden de matarnos, con objetivos y sueños distintos… excepto aquel sueño de estar juntos para siempre.
Nos quedamos así, pegados el uno al otro, hasta que un rayo de luz nos dio a entender que había llegado la hora que tanto temíamos. Me dio miedo, me desesperé, no quería, no podía vivir sin tí. Trataste de contenerme, así como lo había intentado yo unas horas antes, pero no lo lograste… lloré. Lloré como nunca lo había hecho en mi vida, lloré silenciosamente, sin parar, con miedo, con impotencia, aferrada a tí, tratando de detener el tiempo, grabándote en mi mente y tatuándote en mi corazón y en mi piel. Lloré gritando, sollozando, ahogándome. Lloré cobardemente, valientemente, secamente, mojadamente. Lloré de todas las formas habidas y por haber. Y en mi última lágrima, me acompañaste. Derramamos juntos la última gota de amor que nos quedaba. Una sola, la última.
Me tomaste la mano, me miraste a los ojos profundamente, tu mirada ya no poseía miedo, era algo mas fuerte… era amor. Te acercaste despacio, quedando a unos centímetros de mi rostro, secaste con un beso aquella lágrima que se estaba por perder en mi boca… Y con una gota posada en tu mejilla contrarrestando con la sonrisa que me brindaste, me dijiste que me amabas.
Aquella fue la última vez que te vi… todavía la recuerdo.
.
Hola una vez más!
Les presento el primer One-shot que escribí. Obvimente, un Dramione.
Ojalá lo hayan podido disfrutar! Es algo triste, pero bueno.
Desde ya muchas gracias.
Un besoo!
Mis escritos:Eres Tu [DM♥HG]La última vez que te vi [DM♥HG]Quiero... [DM♥HG]Ardiendo en el infierno [DM♥HG]La promesa de una nota [DM♥HG]Una más entre le gante [DM♥HG]Quieras o no [DM♥HG]Lobo Feroz [DM♥HG]