disclaimer:Por si alguien tiene alguna duda, no soy Jk y por tanto, no son de mi propiedad los personaes.
"Una Weasley más"
―¡Maldición! ¡Mierda! ¡Por Merlín!
Por las viejas calles de Londres, un joven pelirrojo caminaba maldiciendo ya que las tiendas se iban cerrando poco a poco a medida que avanzaba. Los finos copos de nieve comenzaban a caer sobre el pavimento y las luces navideñas se iban iluminando dando a la ciudad ese aspecto alegre y divertido propio de la época. Parecía imposible que alguien pudiera estar de malhumor ante un espectáculo como ese, pero a Ron ahora mismo las lucecitas y arbolitos sólo conseguían ponerlo de más malhumor.
Se sentía como un auténtico fracasado. ¡No podía estar pasándole esto a él! Su primera Navidad con Hermione y no le había comprado absolutamente nada.
Había retrasado la compra porque quería darle algo especial y no simplemente un regalo que pudiesen tener cincuenta mujeres más, no quería tampoco algo tan simple como un libro ni tan típico como unos pendientes y en la búsqueda del regalo perfecto el tiempo se le echó encima y su novia al final sí tendría algo especial y digno de recordar: nada.
Ronald llegó a su apartamento, cabreado tiró el gorro horrible que Hermione le había tejido hacía unos meses, el cual estaba a punto de perder el pompón que adornaba su cúspide, entró en su habitación y se tiró en la cama cuan largo era.
―¡Por favor, que Hermione me haya comprado algo cutre! ¡Ojalá me haya hecho otro gorro o una bufanda a medio hacer o cualquier hermionada!
Poco a poco, el tiempo se le fue encima, entre pensamientos e ideas absurdas se acercó la hora de la cena. Como Ron y Harry habían tenido que trabajar en Noche Buena y no pudieron pasar la noche en familia, Ginny y Hermione decidieron aplazarla al día 26 y cenarían los cuatro en el piso de los chicos. Además, no les importaba retrasar la entrega del regalo, una vez que sabes que no es un viejo gordo y vestido de rojo el que te deja un presente bajo el árbol, poco importa que se entreguen antes o después.
―¡Ron! ¿Estás en casa? ¿Ronald? ―la aguda voz de Hermione resonó en los tímpanos del pelirrojo y le hizo estremecerse, ya no había escapatoria, sería condenado como el peor novio del mundo en menos tiempo del que esperaba. No valía la pena retrasar la espera, salió al salón y se encontró con su novia empapada, con un gorro casi tan feo como el suyo con el cual no conseguía disimular su abundante cabellera castaña, que por momentos parecía aumentar de volumen y sus mejillas estaban totalmente rosadas.
―¡Hola, Hermione! ¿Hace frío fuera?
―¿¡Hace frío fuera!? ¡No nos hemos visto en todas las Navidades y eso es lo único que se te ocurre decirme! Sigues tan Ron como siempre, anda, ven, dame un beso y miente diciéndome que me has extrañado.
―Eso es demasiado cursi para mí, ¿no crees? ―dijo Ron entre risas―. ¿Qué tal las Navidades?
―¡Bien! Mi madre me ha regalado un libro fantástico, he estado leyendo todos estos días, me tenía enganchadísima, es más, acabé tan rápido el primer tomo que tuve que salir a la calle a comprar el segundo al día siguiente. La literatura muggle a veces está bastante bien. También he estado, ya sabes, leyendo cosas ligeras, volúmenes sobre las nuevas técnicas para trabajar con calderos de plata sin peligro de explosión si le introduces sangre de dragón y he comenzado a estudiar para los exámenes. Eso ha sido todo.
―Yo… he estado comiendo y durmiendo desde que he llegado.
Hermione sonrió y entonces le enseñó a Ron una bolsa de color dorado y un lazo verde en las asas.
―También he tenido tiempo para esto. Feliz Navidad, Ron. Quería dártelo ahora porque… ya sabes… Ginny, sí, supongo que porque no me apetece ver como Ginny analiza mi regalo o tu reacción o todo a la vez. No sé… es nuestro primer regalo de Navidad como pareja y me apetecía que fuese algo más íntimo. Ahora es cuando puedes llamarme cursi, por cierto.
―Cursi ―dijo el pelirrojo para tratar de disimular los temblores que estaba experimentando. Hermione, como siempre tan perfecta, con un regalo probablemente ideal y buscando ese momento especial en el que él no podía participar.
―¡Ábrelo! ¿A qué esperas?
Ron sacó un paquete de la bolsa, rasgó el papel rojizo que lo cubría e hizo esfuerzos para sonreír y así disimular su nerviosismo. Mientras iba desenvolviendo el regalo, su cerebro seguía rogando que fuese algo horrible, mucho peor que cualquier cosa que él pudiese encontrar por su habitación para darle. Desgraciadamente, sus súplicas no fueron escuchadas.
―¡Madre de Dios, Hermione! ―Ron quedó deslumbrado ante el regalo que le había hecho su novia. Hacía unos meses había perdido, en una misión del Departamento de Aurores, el reloj que sus padres le habían dado cuando cumplió la mayoría de edad. El regalo de Hermione era uno exactamente igual, solo que en la parte trasera de la esfera, había grabado sus iniciales.
―¿Te gusta?
―¡Me encanta! ¡Es demasiado! No sé si puedo aceptarlo…
―Puedes y lo harás, llévalo a tu habitación, no quiero que cuando Ginny venga empiece a comentar.
Antes de irse, Ron se paró en medio del salón, se acercó a Hermione y le dio un beso en la boca. Se separó de ella y se fue, no estaba viéndola pero podía asegurar que Hermione estaba sonriendo como una boba.
En cuanto entró en su habitación, los nervios volvieron a aparecer. Rebuscó entre todo lo rebuscable y desordenó su habitación más de lo que estaba.
―¿Ron? ¿Es que acaso ha aparecido una serpiente gigante en tu habitación y estás luchando contra ella? ―gritó Hermione desde fuera.
―No, no, estate tranquila, salgo ahora, solo estoy… ya sabes, ordenando un poco la habitación por si quieres quedarte a dormir.
―Está bien, voy a coger un libro de vuestra estantería.
Ron siguió desordenando todo. Su cerebro estaba a punto de explotar, debería haberle comprado unos típicos pendientes o un libro o algo que tuviesen quinientas personas más y dejarse de chorradas, él no era un novio perfecto, ni siquiera se le daba bien ser simplemente un novio, Hermione no se hubiese sorprendido en absoluto si hubiese aparecido con un pastelito o con una broma de Sortilegios Weasley; el haberse empeñado en ser un buen novio le estaba dejando como el peor.
A lo lejos contempló su montaña de jersey Weasley pulcramente colocados en columna en función de su antigüedad. Recordó entonces que la última vez que Hermione había estado allí, se dedicó media tarde a realizar esa tarea, colocando en la cúspide el que más le gustaba a ella y el más nuevo, un jersey marrón con una W naranja en el pecho, Ron lo detestaba pero Hermione lo adoraba e insistía siempre en que se lo pusiese, era un jersey extraño, su madre se empeñó en coser uve dobles en todos los jerseys, en lugar de sus iniciales, quizás por eso le gustase a Hermione, era muy familiar. Por lo que no dudó más, lo cogió de cualquier forma y lo metió en la bolsa donde antes se encontraba su regalo.
―Ya estoy aquí. ¡Feliz Navidad, Hermione! ―dijo Ron sonriendo― espero que te guste.
La joven, con los ojos brillantes de la emoción abrió la bolsa y sacó el jersey, rápidamente pudo notar como las lágrimas se formaban en sus ojos.
―¡Soy una Weasley! ¡Soy una Weasley! ―comenzó a gritar mientras se colocaba el jersey, que bien podía ser un vestido para ella y corrió hacia Ron para darle un beso exactamente igual al primero que se habían dado en la Guerra―. ¡No te imaginas la cantidad de tiempo que llevo queriendo tener uno de estos! ¡Me encanta! ¡Soy una Weasley!
―Si tanta ilusión te hace, podías haberle pedido a mi madre que te hiciese uno con una H, o una G, o algo que te pegase más.
―Me gusta más este, es tan…
―¿Weasley?
―¡Exacto! ¡Es el mejor regalo del mundo! ¡Te quiero, Ron!
Ron solo pudo sonreír a tal afirmación y volver a abrazarla para depositar sus labios contra los suyos, tal vez no fuese el novio perfecto, quizás nunca sería capaz de decirle con tanta soltura las dos palabras que Hermione acababa de pronunciar, pero si había conseguido hacer saltar y llorar a su novia de alegría, quizás estaba haciendo las cosas mejor de lo que él mismo pensaba.
Un beso, espero que os guste.
Y Feliz Navidad
Sari Weasley
















