Supongo que aquí no me conoceréis... y es que este es mi primer post en este foro
Llevo meses paseándome por aquí observándolo y leyendo todas las historias... hasta que por fin he decidido animarme a subir yo la mía. Espero que no me juzguéis mucho, es mi primera historia y creo que se notará.
Quiero aclarar algunos puntos antes de empezar con la historia:
1. Disclamier: Todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling y a su excelente imaginación.
2. Esto es un AU.
3. La pareja principal será Ronald Weasley y Hermione Granger, pero también habrá otras parejas secundarias que tendrán su protagonismo.
4. La mayor parte de la historia transcurre en Londres, y está un poco ambientada en la alta sociedad y todo lo que ella supone.
Sinopsis: Ronald Weasley detesta a Hermione Granger, que además de ser una repelente, es la novia de su mayor enemigo, Draco Malfoy. Sin embargo, hay algo que de ahora en adelante no podrá separarle de ella: su padre está saliendo con la madre de la chica y están a punto de dar un gran paso juntos.
Capítulo 1. Sorpresas
El despertador sonó con un estruendo tan grande que Ron cayó de la silla. Se había quedado hasta tarde haciendo deberes porque, como siempre, los dejaba para el último momento. Resopló fastidiado, se levantó y se dispuso a ponerse el uniforme. Después salió de su habitación y bajó a la cocina donde Viviane, la criada, estaba sirviendo el desayuno: tortitas. Ron suspiró con nostalgia. Hacía ya cuatro años que su madre, Molly Weasley, les había dejado, y aunque Viviane cocinaba de maravilla, no se la podía comparar a la deliciosa comida de su madre.
Pocos instantes después de que Ron se sentara y empezara con su desayuno, Ginny, la hermana pequeña de éste, bajó por las escaleras y se sentó delante de él.
-Hoy es el día –dijo Ginny, soltando un largo suspiro- papá está de muy buen humor.
-Prepárate –dijo Ron, resignado.
Pocos minutos después, Arthur Weasley, padre de ambos chicos, entró en la cocina vestido para irse a trabajar y con un maletín en su mano.
-Buenos días, hijos míos –dijo con alegría- hoy es el gran día. Recordad ser muy puntuales, Jane y su hija llegarán a las ocho y media.
Ginny y Ron se miraron, cómplices.
Arthur Weasley era el director de la cadena de bancos Weasley, famosa mundialmente y por lo tanto, poseedor de una buena fortuna. Años atrás, y aunque sus padres se habían mostrado reacios a ello, rechazó la oferta de los McKinnon para casarse con su amor de la infancia: Molly Prewett, de una familia humilde de las afueras de la ciudad.
Ron y Ginny no eran sus únicos hijos. Ambos tenían cinco hermanos más, por orden de mayor a menor: Charlie, Bill, Percy y Fred y George, dos gemelos. Los cinco estaban independizados porque ya tenían estudios y trabajos al contrario que los dos últimos, todavía adolescentes.
Sin embargo, una desgracia había ocurrido en la familia Weasley cuatro años atrás. Molly se había puesto enferma repentinamente a pesar de haber tenido siempre una gran salud, y había fallecido, dejando un considerable vacío a la familia del que a todos les había costado recuperarse. Y Arthur Weasley había tardado tiempo en salir de su depresión hasta que pocos meses antes había conocido a una mujer de la cual se había enamorado: Jane Pritchard, una mujer divorciada que vivía en una mansión y tenía una hija de la cual ninguno de los Weasley sabía el nombre porque hasta el momento, la pareja había decidido mantener el tema de sus progenitores a oscuras hasta esa noche. Ron y Ginny conocerían a la novia de su padre y a su hija de 17 años, la misma edad que Ron.
-Que tengáis un buen día, chicos –dijo Arthur levantándose tras haber desayunado- Hagrid os espera fuera con el coche para llevaros a clase. -Y tras decir eso, se marchó.
Rubeus Hagrid era el chófer de la familia Weasley, un buen amigo de toda la vida, y los Weasley le consideraban prácticamente de la familia. Ambos chicos terminaron de desayunar, cogieron sus cosas y fueron a encontrarse con Hagrid, que, como cada mañana, les llevó a su colegio: Hogwarts. Era uno de los colegios de más antigüedad de Inglaterra, por no decir el que más, y todos los Weasley habían asistido allí. Era un colegio excepcional y bastante caro, por lo que sólo las familias adineradas podían asistir allí y era famosa sobretodo porque todos sus estudiantes habían llegado lejos y se habían podido codear con la alta sociedad.
Tras llegar a Hogwarts, los dos hermanos se despidieron de Hagrid y emprendieron caminos distintos para encontrarse con sus amigos.
-Buenos días, Ron –dijo un chico de pelo negro con gafas cuando Ron se acercó a él.
-Hola, chicos –dijo Ron saludando a los presentes: Harry Potter (su mejor amigo), Seamus Finnigan, Dean Thomas y Neville Longbottom. Ambos emprendieron su camino hacia sus respectivas clases.
-Por cierto, Harry, hoy no puedo quedar contigo. Mi padre llevará hoy a su novia y a su hija a cenar –dijo el pelirrojo con poco entusiasmo mientras andaba con su amigo por los pasillos para dirigirse a su primera clase.
-No pasa nada, de todas formas yo ya había hecho planes con Pansy.
Ron miró a su amigo con reproche, pero el moreno evitó su mirada. Pansy Parkinson era la reciente novia de Harry, una chica muy guapa de pelo negro y ojos verdes que a todos los amigos de Harry les habían agradado, a todos menos a Ron, a quien aquella chica no le daba buena espina.
Sin decir nada más, llegaron a su primera clase, álgebra, con el profesor Snape.
-Vaya, pero quién tenemos aquí. El cuatro ojos con la zanahoria –dijo una voz masculina al entrar los dos chicos en la clase.
-Piérdete, Malfoy –dijo Ron, con pocas ganas de discutir. El chico se rió y volvió con sus amigos.
Draco Malfoy era el mayor enemigo de Harry y Ron. Su familia era una de las más ricas y conocidas de la zona, y eso el chico lo recordaba siempre que podía. Draco tenía una novia, Hermione Granger, la mejor de la clase. Era una chica castaña muy atractiva, pero también bastante tímida y callada. A pesar de no haber hablado con ella nunca, Ron había llegado a la conclusión de que debía ser igual de vil que Draco para poder salir con él.
Las clases transcurrieron sin ninguna novedad, y después de comer, Ron decidió ir a la biblioteca para buscar un libro de historia que le vendría bien para hacer un trabajo.
Entró en la biblioteca, saludó a madame Pince, la bibliotecaria, y se fue a la sección del siglo XVIII. Allí, en una de las mesas, estaba sentada… Hermione Granger. Ron se sorprendió, aunque ya había oído que el tiempo que no estaba con Draco y sus amigos lo pasaba en la biblioteca.
-Perdona –dijo el pelirrojo tímidamente al ver la cantidad de libros que había, se podría pasar horas. La castaña levantó la mirada del libro que estaba leyendo para mirarle- ¿Podrías decirme dónde puedo encontrar un libro de la Revolución Francesa, por favor?
La chica le miró, indiferente, y luego señaló con la mirada una de las estanterías, donde había un grueso libro titulado Todo sobre la Revolución Francesa. Luego volvió la vista a su libro, sin dar oportunidad a Ron para darle las gracias. Este resopló, qué chica tan desagradable. Era exactamente como su novio.
Se dirigió a la estantería, observando a Hermione. Sí, era desagradable, pero… Muy atractiva. Sus piernas, estaban cruzadas, y al ser la falda un uniforme, Ron pudo observar sus muslos. Tenía las mejillas ligeramente sonrosadas, y sus facciones eran muy bonitas. El pelirrojo, ensimismado, observaba a la castaña sin darse cuenta que en su intento para coger el libro, se le habían caído tres más. La chica se dio cuenta, sobresaltada.
-¿Por qué no tienes más cuidado? –dijo, en un tono poco agradable.
-¡Shhht! –dijo madame Pince asomando la cabeza. Luego, volvió a desaparecer. Ron miró a Hermione.
-Vaya, y soy yo el que tengo que tener cuidado, ¿no? Porque a quien ha hecho callar es a ti, por esos modales que tienes –dijo, agachándose para recoger lo que se le había caído. La castaña tan sólo le observó mientras recogía los libros- sí, gracias por tu ayuda.
-No tengo por qué ayudarte –dijo, girándose para recoger sus cosas.
-¿Sabes? Eres tan desagradable como tu novio, ese desgraciado de Malfoy –soltó Ron, con rabia.
-Chicos, haced el favor de no hacer ruido. Esto es una biblioteca –dijo madame Pince de nuevo. Hermione fulminó a Ron.
-Eres un envidioso. Sólo le insultas porque sabes que es mejor que tú –le escupió. Ron miró perplejo a la chica y soltó una carcajada.
-¿Mejor que yo esa fura? Lo dudo mucho.
-Eres un imbécil –dijo Hermione, casi tan roja como el pelo de Ron, intentando golpearle, sin éxito. Sin querer, había chocado con una de las sillas. Ron no pudo evitar volver a reírse.
-Bueno, ya está bien –dijo madame Pince, ahora dirigiéndose a ellos- Estáis castigados. A partir del lunes que viene, os quiero ver todos los días a las cuatro aquí. Sin retraso.
-Pero madame Pince… -empezó la castaña, horrorizada.
-No quiero peros –interrumpió la bibliotecaria, y luego se volvió a marchar. Hermione fulminó al pelirrojo.
-Por tu culpa. Nunca me habían castigado.
-Nunca me habían castigado –imitó el chico con sorna- siempre hay una primera vez para todo.
Hermione abrió la boca para replicar, pero luego la volvió a cerrar, cogió de nuevo sus cosas y abandonó la biblioteca, dejando a Ron con una sonrisa en la boca.
Poco después, Ron se dirigió a la puerta del colegio donde le esperaba su coche, con Hagrid y Ginny dentro.
-¿Por qué has tardado tanto? –preguntó la pelirroja, algo molesta- llevamos una eternidad esperando.
-Uf, mejor no preguntes –dijo Ron- ya podemos irnos, Hagrid.
-¿Por qué has tardado tanto en bajar? –quiso saber el señor Weasley cuando vio a su hija Ginny bajar por las escaleras cuando faltaba apenas un minuto para que tocaran las ocho y media.
El comedor ya estaba preparado, decorado elegantemente, y Viviane ya había preparado la cena. Sólo faltaban las dos invitadas.
Ginny se puso al lado de Ron, que estaba visiblemente molesto. Poco después, el timbre sonó y el señor Weasley se emocionó visiblemente.
-¿Estáis listos? –dijo a sus dos hijos, y sin esperar respuesta- bien, pues vamos allá.
El señor Weasley fue a abrir la puerta y delante de Ron apareció una atractiva mujer de unos cuarenta años de pelo castaño levemente maquillada y que vestía elegantemente con un largo vestido negro. Lucía una agradable sonrisa. Ron no pudo evitar sonrojarse, era una mujer muy bella. No sabía cómo se lo había hecho su padre para conseguirla, y esperaba que su dinero no tuviera nada que ver.
-Chicos, os presento a Jane Pritchard, mi novia –dijo el hombre, sonriendo, tomando la mano de la mujer y besándole la mejilla.
-Hola, chicos. Encantada de conoceros –dijo, sonriendo. Entonces se apartó y de detrás de ella apareció una joven chica también castaña que Ron tuvo que hacer esfuerzos para reconocer- Esta es mi hija, Hermione Granger.
La sonrisa que la chica tenía en la cara se desvaneció al encontrarse frente a frente con Ron Weasley.
-No puede ser –dijeron ambos, al unísono.





