
Hola, para aquellas que no me conocéis soy Yolanda María, para las que sí sabéis de mí soy María xD
Aquí dejo mi pequeña aportación al torneo, espero que lo disfrutéis.
Lo he basado en dos personajes que me producen emociones distintas y en un momento perdido anterior a una escena del primer año en Hogwarts, pero para mí uno de los momentos más bonitos de libro.
JK. Rowling es la dueña de los personajes, pero yo lo soy de las palabras de este fic.
RETO:
Condiciones: Debe tratarse de no más de tres personajes en una conversación de cualquier tipo.
Pareja: Ninguna.
Género: Cualquiera.
Escenario: Hogwarts.
Época: A elección.
Extensión: 1000 palabras como máximo.
Otras condiciones: Se permiten descripciones, pero no se permiten largos párrafos de pura narración. El buen diálogo tiene que hacer que olvidemos los espacios vacíos que ocuparían en otras circunstancias la narración.
Plazo: hasta el 10 de enero de 2012.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó mientras recogía al pobre sapo magullado del suelo. Un escalofrío recorrió de pies a cabeza su cuerpo al encontrarse de bruces con aquel rostro fantasmagórico de sonrisa enorme y dientes afilados.
—Lo mismo que tú —contestó Peeves, desvaneciéndose y volviendo a aparecer en otro rincón de la sala común de Gryffindor—. Espero a que tus amigos salgan de aquí, como todas las noches, a hurtadillas.
—No sé de qué me hablas —se defendió Neville—. Trevor se había escapado otra vez y, por eso, tuve que salir a buscarlo.
—¿Y piensas que voy a creerme semejante estupidez? Peeves no es ningún idiota. —Soltó una sonora carcajada. Neville temió que la desbordante risa del poltergeist despertase a media torre.
—Cree lo que quieras, estoy demasiado cansado y tengo mucho sueño, así que, me voy a la cama, no pienso quedarme aquí discutiendo contigo.
—Está bien, acuéstate, es lo mejor que puedes hacer. De esa forma ese trío endemoniado saldrá de la sala común y hará algo que consiga que esta casa vuelva a perder puntos y, todos sus miembros, el día en que se conozcan los resultados de la casa ganadora, volváis a ser humillados ante, tal vez… ¿Slytherin? Será divertido ver eso y no pienso perdérmelo —se jactó Peeves y sus ojillos negros reflejaron una luz maléfica que aceleró el inocente corazón de Neville.
—¿Por qué piensas que Harry, Ron y Hermione saldrán hoy?
—Porque los escuché hablar sobre el pasillo del tercer piso y la trampilla que defiende un animal de tres cabezas.
—¡¿Tres cabezas?! —Ahora era Neville el que estallaba en risas, y Peeves el que torcía el gesto con enojo.
—Sí, eso dijeron. Será divertido esperar a que salgan y luego, armaré un buen alboroto para que ese tonto de Filch y su estúpida gata los sorprendan con las manos en la masa.
—¡Pues eso no va a suceder! —exclamó Neville apretando con rabia los dientes—. No dejaré que salgan de la sala común, ni que Filch los encuentre, ni que resten puntos a Gryffindor. No voy a permitirlo aunque con ello tenga que pasar el resto de la noche apostado en la puerta, junto a la señora gorda.
—Menudo plan, eso es tan divertido como las fiestas de cumpleaños de los fantasmas de este castillo. Por suerte a mí nunca me invitan —exhaló un ridículo resoplido de alivio—. ¿Así que, piensas fastidiarles la noche a esos mocosos, eh? Yo también lo haría, con unos amigos como esos…
—¿Por qué usas ese tono? Ellos son mis amigos —inquirió Neville con recelo.
—Por supuesto, son tus mejores amigos, por eso te habían informado que esta noche pensaban salir de excursión por el castillo, ¿no? —Peeves volvió a desvanecerse y reapareció justo a la espalda de Neville—. ¡Menudos amigos! Seguro que no te contaron nada porque piensan que eres un idiota y un cobarde y no estás a la altura de ellos; del gran Harry Potter, de esa niña repelente y sabelotodo y de ese pelirrojo larguirucho, que si no fuera porque es hermano de los gemelos Weasley, lo haría el blanco perfecto de mis “delicadas” bromas.
—Ellos no piensan eso —musitó Neville lánguidamente.
—Sí, claro que lo piensan, ellos y todo el castillo. ¡Hasta los profesores y el mismísimo Dumbledore piensan que eres un patoso y un miedica!
—¡Pero no lo soy! —gritó volviéndose hacia el poltergeist.
—Lo eres, niño tonto, claro que lo eres, el mayor estúpido que ha pasado por Hogwarts.
—Tratas de hacerme enfadar, ya me dijeron que eras un espíritu al que le gustaba meter cizaña. Estoy seguro que tanto Harry como Ron y el resto, son mis amigos, aunque no me cuenten todo lo que hacen.
—Querrás decir, aunque no cuenten contigo para nada. Allá tú si quieres seguir engañándote, pero algún día me darás la razón. Sería una pena que desperdiciaras un momento como éste para vengarte de ellos y de su indiferencia.
—No vas a lograr lo que persigues, Peeves, no pienso hacer nada que les perjudique, no voy a delatarlos si es eso lo que quieres. Pero tampoco voy a dejar que vuelvan a poner el peligro el buen nombre de Gryffindor y, si me tengo que enfrentar a ellos, lo haré. Pero no voy a traicionarlos, nunca traicionaría a un amigo.
—Voy a echarme a llorar, es tan conmovedor —se burló Peeves mientras revoloteaba por la sala común de Gryffindor.
Se oyó un estruendo y un fantasma de aspecto demacrado y sendas manchas de sangre en sus ropajes, atravesó la pared de la sala común donde se hallaban Neville y el poltergeist. El niño dio un salto aterrado, consiguiendo que Trevor volviese a escabullirse de sus manos.
—¡Estás aquí, maldito haragán! —exclamó el Barón Sanguinario al ver a Peeves.
No dio tiempo a nada más, Peeves se diluyó como se diluye el humo y el Barón, después de lanzar al aire algunas maldiciones, se marchó atravesando la misma pared por la que había llegado.
El corazón de Neville tardó unos pocos minutos en volver a latir con su acostumbrada parsimonia. Agarró a Trevor, que se había metido bajo un sillón y fue entonces, cuando oyó voces conocidas y pequeños pasos acercándose. Tal y como Peeves había dicho, Harry, Ron y Hermione aparecieron ante él, pero esta vez no se acobardaría. Él era un Gryffindor, era un valiente.
Un beso a todas, gracias por leer, pasaré a leer todos los retos.
¡Feliz año!!































