Si ya sé lo que deben estar pensando… “Ésta loca, apenas empezó un fic y ya publicó otro.”
Pero, déjenme decir que… ¡tienen razón!
Bueno, éste es un DRAMIONE, si leyeron bien un DRAMIONE *fiesta, serpentina, globos, pastel, gaseosas, cerveza y todo lo que quieran*
Creo que se lo debo a mi rubio, hermoso, precioso, la fuente de mi inspiración: Draco Malfoy, por que si no lo hago se me pone celoso, por que ya tengo un Harmony y no quiero que me haga una escena de celos cuando llegue a la mansión.
Por eso mejor, decidí publicar “MI VIDA SIN TÌ”
Ya tengo un buen rato que escribí este fic, es uno de los primeros que hice, ya ésta terminado, por lo tanto no creo que tardaré tanto tiempo en actualizar y espero que les guste, por que es para ustedes y… para Draco.
POR CIERTO!!! Y antes de que se me olvide y me demanden por plagio: Los personajes son de JK y no quiero ganar dinero con ellos, de eso ya se encargó la susodicha.
Pero lo más importante, éste fic YA HA SIDO PUBLICADO en otra pagina (en POTTERFICS, propiedad de HL, bajo otro nombre de escritora, y para evitar confusiones, lo diré…
Sí, sí, lo admito… yo soy Sagui de Malfoy y cualquier reclamo dirigido a mí, favor de comprarse un bosque prohibido y que se los trague un thestral
Ahora sí, ¡disfrútenlo!
MI VIDA SIN TI
El sol que entraba por la ventana de la habitación avisaba que el día estaría más que de acuerdo con aquella salida muy bien planeada y ansiada.
El vecindario muggle donde vivía era tranquilo y sumamente bello, cada una de las casas que lo conformaban era grande, hospitalaria y de colores vivos. Había grandes jardines, llenos de rosas y setos que le daban ese aire tan campestre como les era posible en medio de la cuidad de Londres.
Ahí estaba yo, frente al espejo, al tiempo que me miraba tratando de percatar alguna falla en mi maquillaje o algo que faltara, me puse mi collar de plata y ópalo, mi favorito, el que está lleno de recuerdos, que sin previo aviso se apoderaron de mi mente, como cada día lo hacían… no sé si era para darme fuerza, para torturarme o tal vez sólo querían que me rindiera como no lo hice hace ya tanto tiempo.
No podía dejar que aquello me arruinara el día, no podía permitir que ella me viera de esa manera…
-¡Mamá, mamá!- gritó una linda voz, detrás de la puerta de mi habitación, que al abrirse dejo ver a una linda niña rubia, cuyos ojos grises brillaban traviesamente.
La miré por el espejo seriamente, casi con gravedad, aguantando las ganas de lanzarme hacia ella para llenarla de besos, por lo hermosa que lucía hoy. El cabello rubio y tenuemente rizado le caía un poco por debajo de los hombros, su vestido verde estaba completamente inmaculado, una hazaña que más tarde sería recompensada y sus pequeñas zapatillas plateadas resonaron al tiempo que entraba lentamente, temiendo un regaño de mi parte.
-Mami, ¿nos vamos ya? – preguntó con una voz suave y tierna.
Sus ojos se clavaron en los míos y el corazón se me ablandó, no pude ocultar una sonrisa, ella la correspondió y fue entonces que noté que aquel gesto era idéntico en ambas.
-Lo siento mucho, señora- la elfina domestica entró detrás de la pequeña-Le dije a Juliette que usted aún no estaba lista, pero…
-No te preocupes, Mitzy- respondí mirando primero a la elfina y después con un gesto reprobatorio a mi hija- Además, ya sabes que ésta niña es una testaruda…- fue entonces cuando reparé en la presencia de la elfina- ¡Mitzy, ya deberías estar descansando!- miré mi reloj de pulso para corroborar mis palabras ante mí misma-Ya no deberías estar trabajando.
-Pero, señora…- trató de rebatir la elfina.
-Pero, nada- - la interrumpí sin detenerme en el camino hacia mi hija, que tomé por la cintura y cargue hasta la silla frente a mi tocador para terminar de arreglarla.
La elfina salió, no sin antes despedirse afectuosamente de la pequeña.
Juliette trató de maquillarse apenas me distraje para tomar mi chaqueta, pero afortunadamente la miré en cuanto tomó la brocha del rubor y lo acercó a su pálido rostro, bajó de un salto de la silla y se fue a su habitación corriendo entre risas. Minutos más tarde, estaba más que preparada para salir.
Abandoné mi cuarto y caminé por el pasillo hacia su habitación, cuya puerta estaba totalmente abierta.
-Hora de irnos, Juliette – le llamé mientras acomodaba mi reloj, llevaba un traje de color gris, pantalón y chaqueta un bello conjunto, una blusa debajo de eso de color blanco, mi cabello castaño en un elegante moño, con mis zapatillas y bolsa de color plata.
La niña salió caminando casi con presunción y el abrigo nuevo sobre el brazo.
-¿Por qué llevas ese? –le pregunté con curiosidad, por su carita llena de altivez mal disimulada.
-Mamá- me miró entornando los ojos-Voy a salir y no puedo hacerlo como si nada… tengo que verme linda, ¿no? – mi mirada sorprendida la intimidó un poco- Bueno, ¿mamá quieres que me vea mal?
-Eres igual de vanidosa que tu padre… - le dije sonriendo con nostalgia al recordar a mi único amor- Bueno, vámonos…
Fui hacia la chimenea, pero me detuve al notar que Juliette se quedó atrás.
-¿Qué sucede, hija? – volví a preguntarle y la miré extrañada.
-Mamá, no esperarás que vaya por la red flu arriesgándome a que mi vestido se ensucie, ¿o sí? – me devolvió la mirada arqueando las cejas.
-Está bien, Juliette – respondí con una risita-Nos apareceremos, ¿de acuerdo?
-Esa idea me gusta más, mami- repuso sonriendo radiante al ver que su capricho era cumplido.
Corrió hacia a mí, me tomó de la mano y nos dirigimos hacia la mansión Malfoy.
La vida me quitó al ser que yo más amaba, pero me recompenso con esa niña que hoy vive en mi corazón.
Soy Hermione Granger y ésta es mi historia.
















