"Vidas paralelas" [Merodeadores] Cap. 5

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"Vidas paralelas" [Merodeadores] Cap. 5

Notapor V&7a... Potter » Vie Jul 29, 2011 11:54 pm

Wolas! Me costó alrededor de un año poder llenarme de valor (y de capítulos de calidad) para poder publicar este fic. Mi idea es que los merodeadores estén en un AU (sin magia) y, para más remate, en la época actual (incluso en un par de años más.)
Contendrá escenas para mayores de 18, asi que lean bajo su propio riesgo xD

Disfruten y comenten!!!


Todos los personajes y alguno de los lugares son pertenecientes a JK Rowling, a excepción, por supuesto, de los que yo he inventado.


Vidas paralelas


James

No tengo la menor idea cómo Sirius se las ingenió para meterse en tantos problemas y siempre en los peores escenarios. Lo había dejado por solo unos segundos en un lugar seguro para asegurarme que no nos seguían y cuando volví, el muy estúpido estaba tirado en el piso sangrando... ¿Qué le había dado últimamente por querer ponerse enfrente de balas cada vez que había alguna cerca, volando a metros por segundo? ¿Renovar toda la sangre de su cuerpo gracias a transfusiones hechas una vez al mes? ¿Acumular cicatrices de guerra? A mi entender, los tiempos donde las medallas que tenías colgadas en tu pecho eran proporcionales a las cicatrices que tenías en el cuerpo ya habían quedado en el pasado y, por estos tiempos, para ser sincero, tener una cicatriz de bala indicaba a tus compañeras de cama temporales que eras una persona peligrosa... y las compañías se hacían aún más cortas. No es que me estoy quejando de esa situación, pero de todas maneras, como que me hacía ilusión de vez en cuando imaginarme teniendo una pareja más o menos estable.

Cuando terminé con los trámites de poner a Sirius con la ayuda médica, no tenía fuerzas suficientes para enfrentarme a la cantidad de personas a las que tenía que rendirle cuentas, sólo quería saber si es que mi compañero y amigo de toda la vida iba a poder salir de ésta. Contra todas las reglas, me escapé del edificio central de la RSI, Royal Service of Intelligence, agencia antiterrorista secreta en la cual trabajábamos y me fui lo más rápido posible a mi casa. Necesitaba estar en un lugar tranquilo, donde me pudiera sentir seguro, donde no existiera la posibilidad de que iba a sonar un teléfono y tuviera que ir al último país del mundo a desactivar una bomba de plutonio que ya comenzaba su cuenta regresiva. Necesitaba volver a ser una persona normal y el hecho de que mi amigo estuviera en el hospital con altas posibilidades de morir, hacía esa necesidad de seguridad y normalidad imperiosa.

Lo que yo venía haciendo desde que Sirius entró internado como paciente grave en el Charing Cross de Londres, no se llamaba dormir. Cierro los ojos y la imagen de él en el piso ensangrentado se planta en mi retina. Se me cierran las vías respiratorias, la adrenalina me llena el cuerpo y vuelvo a abrir los ojos tan alterado que las ganas de dormir no vuelven a mi cuerpo hasta después de dos horas. No he tenido noticias de él desde que lo internaron en el hospital hace ya más de un mes. La agencia no me ha dado noticias, el hospital tiene las visitas restringidas a los pacientes que tienen las puertas custodiadas 24 horas al día, y tampoco es como si yo tuviera las ganas de escuchar que mi amigo ya no iba a estar más acompañándome en todas las locuras que hacíamos para ganarnos la vida.

El Charing Cross es un hospital que está afiliado con el RSI, todos los que terminan heridos después de una misión o un ataque, van a ese hospital y nadie pregunta nada. Lo atienden sin preguntar dónde y cómo, si no que solo se limitan a decir: ¿Algún otro dolor importante que necesite ser tratado? Los doctores que atienden a los agentes siempre son gente de edad, pues nunca pondrían a un aprendiz a encubrir heridos sin nombre. Sería mucho pedirle a un veinteañero que se salte todo el protocolo que le vienen enseñando durante su carrera de medicina y que se limite a tratar lo que ve y a preguntar si es que algo más es relevante para el tratamiento. Todo se mantiene bajo un estricto hermetismo. La RSI tiene un ala especial en el hospital, con seguridad digna de un bunker de guerra y los que ingresan son seres identificados con un número y que nunca aparecerán en los registros del hospital ni del Servicio Nacional de Salud Británico.
Nunca me han gustado los hospitales, pero a los que he ido, a los hospitales normales a los que he ido, mejor dicho, te tratan como si fueras una persona, irónico, ¿No? Sonríen, preguntan por tu vida, te escuchan y te sanan, pero en el ala oeste del Charing, no sonríen aunque uno les pague.

Sonó el teléfono. Se me apretó el estomago como de costumbre. Siempre me asustaba cuando escuchaba el ringtone personalizado que le había dado a los números usados por la agencia. El RSI nunca llamaba de dos números iguales más de una vez al mes, así que hasta ahora, contaba 50 números de teléfono que le pertenecían a la agencia, pero si se llamaba a ese numero, contestaba una persona que no tenía nada que ver en el asunto. Me entere de eso cuando, a principio de mi carrera como agente en el RSI, celebrando junto a Sirius, Peter y Remus nuestro primer mes sin heridas, nos pusimos a tomar y la valentía se nos subió a la cabeza –junto con el alcohol- y llamamos para preguntar si es que tenían pizza napolitana. Volviendo al tema del ringtone personalizado, si, algo poco maduro haber puesto Eye of the Tiger, pero tengo que asegurarme de estar solo para recibir instrucciones y así me ahorro el interrogatorio: "¿Qué pasó? Quedaste pálido después de esa llamada. ¿Estás bien? ¿Quién era?"
- James Potter, Sirius Black ha pedido hablar con usted. Se espera su presencia en la entrada subterránea del lado Oeste. - Se me convirtieron las piernas en gelatina en cuanto escuché ese mensaje. Habían cortado la llamada en cuanto la mujer termino de hablar y yo seguía con el celular pegado en la oreja después de experimentar serios mareos debido al alivio de saber a mi amigo vivo. Estaba vivo… Después de no saber absolutamente nada de él por 10 días, estaba vivo

-.-.-.- Sirius

Me desperté con ganas de vomitar o con mucha hambre, nunca he podido reconocer la diferencia, probablemente era hambre, como siempre. No iba a arriesgarme a echar a perder mi hermosa sonrisa por andar vomitando por ahí. Mi brazo me dolía espantosamente y mi cuerpo en general se sentía como si una aplanadora hubiera pasado ida y vuelta, tres veces sobre mío. La cabeza parecía que me daba vueltas, casi tan mal como esa noche de graduación, donde lo único que recuerdo fue que desperté todavía con la sensación de estar ebrio y cuando me paré para comprobar, me di cuenta de que todavía estaba ebrio. Pensándolo bien, la idea de vomitar no es tan mala si es que eso me iba a ofrecer unos minutos donde dejara de estar mareado.
Cuando salía de ese extraño trance en que la morfina que tenía conectado al dorso de mi mano me colocaba, sentía que el cuerpo se había separado de mi cuello y, si es que nunca has estado en una sala post-operaciones, te informo: No es algo por lo que quieras pasar. Según yo, había pasado una hora desde que hubiera despertado, cuando el doctor que me iba a tratar por mi balazo en el hombro entró a la pieza. Asumí desde un principio que el Dr. Hannssen iba a supervisar mi recuperación, pues él era el único al que había visto todos los años que tenía de agente y él sonreía de vez en cuando a las bromas que llegaban a mi mente los días que me daban de alta, únicos días que no estaba bajos los efectos de mi amiga Morfina, lo que fue lo que más pude sacar de cualquiera de los que veía en este lugar. Pero ésta vez, en vez de la tremenda estructura fisiológica germánica del doctor, entró otra persona que me dejó sin ningún rastro de morfina en mi consciencia en tiempo récord. Era una mujer joven, de pelo rojo y unos ojos verdes y grandes que lograron que mi corazón se saltara un par de latidos (cosa de la que me enteré porque estaba conectado a una maquinita que piteaba acorde a mis latidos). Mientras se acercaba, lanzó una vista rápida a lo que pasaba con mi corazón y estoy seguro de que ví una pequeña sonrisa que no duró más de un segundo.
Mientras revisaba mi expediente, me permití recorrer con mi vista todo lo que podía de ella. No porque tenía huesos quebrados por todo el cuerpo, tenía que dejar de deleitar mi vista. Alta, cuello largo, tez blanca, pecas y una cara con facciones tiernas y delicadas, pero que el agotador trabajo del hospital y seguramente la regla de sacar las expresiones faciales de tu repertorio de movimientos musculares impuesto por sección del Charing Cross, habían endurecido y congelado. El delantal que usaba no me dejaba mucho con lo que trabajar respecto a su cuerpo, pero era estilizado y bien formado y sentí la urgencia de sacarle tanto atavío y descubrirlo cuanto antes. Mi corazón comenzó a latir con más rapidez contra todas mis fuerzas, por lo que me concentré en mi respiración y en mi entrenamiento para ralentizar la actividad de mi corazón, logrando un pulso normal después de un par de inhalaciones profundas. La doctora dejó mi expediente en una mesa fuera del alcance de mi vista y se alejó a comprobar mis signos vitales en una de las tantas máquinas ubicadas en la cabecera de mi cama; había estado tantas veces en estas habitaciones y sabía el uso de la mitad de las máquinas a las que estaba conectado. Cuando ya no estaba seguro si es que me iba a hablar en absoluto y había comenzado a sentir el aire alrededor mío tan denso que se podía mascar, ella lanzó la pregunta de rutina con rapidez y sin emocionalidad. Le contesté amablemente, siendo gracioso y tratando de sacarle una sonrisa a pesar de todo el dolor que su examen médico me producía, pero aprendí de inmediato que no porque ella era más joven, iba a poder ser más fácil sacarle una sonrisa.
- Eres tan joven – solté, cuando me miró a los ojos durante un instante, cuando volvió a las anotaciones en mi expediente médico. Una extraña familiaridad me envolvía cuando miraba fijamente a sus ojos y no podía estar seguro de si era un buen sentimiento o no, pues ella eludía eficazmente todo contacto ocular. Al parecer la conocía de alguna parte, pero una mujer como ella era difícil de olvidar y casi imposible de pasar desapercibida. – Por aquí nunca hay gente joven
- Tú eres joven – dijo, cortando rápidamente mis opciones para entablar una conversación. Sé que está prohibido entablar relaciones con los doctores, sé que ellos también tienen prohibido hablar más de la cuenta con nosotros, pero es que ella era tan linda... En un arranque de desesperación por volver a escuchar su voz, le pedí que llamara a James. Debía hablar con él de esta mujer, quizás él se acordaba… Ups, quizás yo había tenido algo con ella y no me acordaba… Si es que el mareo pasaba, iba a poner todas mis fuerzas en recordar quién era, si es que en verdad la conocía… No, no puede ser…

Volvió 30 minutos después a decirme que se había llamado a mi amigo, que estaba todo preparado para su llegada y que tenía que tomarme unos exámenes de sangre para comprobar por enésima vez que no existieran infecciones de ningún tipo en mi sistema.
- ¿Te conozco de alguna parte?
- No – dijo ella, mirándome rápidamente y volviendo a enfocar su vista en la jeringa que usaba con seguridad contra mi brazo.
- ¿Segura? Porque creo conocerte de alguna parte – dije, tratando de parecer normal y guardando la creciente curiosidad que se construía en mí. Quería, de todo corazón saber quién era ella…
- Dudo que me conozcas.
- Quiero conocerte – Por eso, me miró fijamente durante unos segundos, con una ceja alzada y sin mirar la jeringa que se llenaba a una velocidad vertiginosa de sangre. Me comencé a inquietar un poco de que la jeringa se llenara y ella siguiera mirándome, pero la sacó en el momento justo, arregló el frasquito con mi sangre, se quitó los guantes y se deshizo de la jeringa utilizada, con un solo movimiento y sin apartar sus ojos de los míos. – Digo, quiero conocer a una de las más bellas doctoras de por acá. - Uhhh, cursi. Mal, Sirius, ¿Cuándo vas a aprender que tratar de conseguir una cita con alguien bajo los efectos de drogas nunca funciona? Y de paso, siempre, pero siempre quedas en vergüenza por algo estúpido que no te pudiste contener en decir.
- Siendo que soy la más joven de acá por más de 2 décadas, que digas que soy la más bella, difícilmente se puede tomar como un cumplido - comentó, sonriendo y alejándose rápidamente de mi cama, sin dejar explicarme. Antes de salir de la pieza, pensé que me iba a volver a mirar, pero ni siquiera disminuyó su velocidad y cerró la puerta casi con agresividad después de pasar por el marco.
- Wow, tiene su genio la doctorcita - comenté mirando la puerta, antes de comenzar el largo y doloroso proceso que significaba envolverme en las mantas, tratando de flexionar músculos con numerosas lesiones y huesos quebrados.

-.-.-.-.-.-.-.-.-. Lily

El día había empezado bien, había podido dormir más de 5 horas, lo que en estas últimas semanas debido a los exámenes para obtener mi título en Medicina General, era algo imposible. Al fin había terminado mi carrera y en la próxima semana la nómina con los resultados iban a salir publicados. Estas últimas pruebas no me habían parecido tan atroces como las finales del año pasado y me sentí orgullosa conmigo misma por haber sobrevivido otro año más. Ahora, solo me quedaba terminar esta semana en el hospital y podía salir de vacaciones y tirarme en un sillón a comer y mirar televisión, o por lo menos, esperaba poder salir de vacaciones y tirarme en el sillón.
Cuando llegué al hospital, me dirigí directo a la estación de doctores, me puse mi delantal con una sonrisa en los labios y salí a hacer mi ronda matutina. Uno de los pacientes que había recibido tiempo atrás, había permanecido en coma durante dos semanas y se había despertado la noche anterior. Lo primero que hice fue ir a verlo
El paciente 4005663 llegó de urgencias, mi mente entró en modo automático y me puse a trabajar en parar sus hemorragias y ayudar al cirujano en jefe a sacar la bala de su hombro y a reconstruir cartílagos y arterias que el plomo había dejado que no me fijé en su apariencia física hasta unos días después, cuando tuve un tiempo libre y fui a cambiar sus vendajes y a ver si es que su herida cerraba correctamente. No era la primera vez que veía cuerpos esculturales, hechos para rendir al máximo sin cansancio durante días enteros, pero esta era la primera vez que me tocaba tratar con un comatoso y en este caso, las manos me temblaban cuando deslizaba mis manos por sus piernas para comprobar reflejos o por su espalda para escuchar si se había acumulado flema en sus pulmones o por su abdomen plano y duro para escuchar si todavía había aire encapsulado por la cirugía menor que tuvimos que hacer en su abdomen superior para reparar el orificio que una costilla rota había creado en su diafragma.
- Buenos días – saludó, y una parte de mi cerebro, la cual comúnmente trataba de olvidar que existía mientras trabajaba para la RSI, celebró como una quinceañera el aumento en la rapidez de su corazón cuando entré en la habitación. Sus ojos grises se agrandaron, su boca quedó un poco abierta y la mueca de dolor que tenía se suavizó hasta que trató de moverse y ahí toda la emoción que su reacción me había causado se esfumó. Yo aquí venía a hacer mi trabajo, no a coquetear, por muy apuestos que los pacientes fueran.
- Buenos días – me acerqué a su cama y miré su expediente. Niveles de glóbulos blancos y hematocritos normales, regeneración de huesos a velocidad más rápida de la normal, pero eso no me extrañaba de la gente que venía a parar al ala Oeste del Charing Cross. Había escuchado que estaba haciendo experimentos en voluntarios para crear al espía perfecto y que sanaran más rápido no me parecía tan atroz como otras ideas que andaban dando vueltas. Me acerqué a las máquinas puestas en la cabecera de la cama a revisar el historial de diástole y sístole y verifiqué que las sondas drenando su vejiga y su sangre (dos sondas totalmente separadas, si no, sería asqueroso) estuvieran en buen funcionamiento.
- Eres tan joven – dijo, mirándome con sus ojazos grises que me dejaron un poco atontada durante unos segundos – Por aquí nunca hay gente joven.
- Tu eres joven – dije, alejándome un poco. – ¿Todo bien con el brazo? ¿Algo fuera de lo normal?
- Todo bien, creo – dijo él, mirándome fijamente. – ¿Puedo tener visitas?
- Si estás aquí es porque conoces las reglas y, mirando el tamaño de tu expediente, se puede decir que has estado varias veces acá – dije, revisando las últimas anotaciones en su informe– No se permiten civiles en esta área.
- No es civil, es mi compañero
- Veré lo que puedo hacer – dije, anotando el número que él me daba. Se lo pasé al guardia que estaba afuera de la pieza, le dije lo que el paciente quería y me dirigí hacia la parte normal del hospital, donde habían nombres en vez de números y donde se podían hacer preguntas e interactuar con los pacientes.

Me enteré de la afiliación del hospital y la RSI hace 3 años atrás, cuando mi padre se internó en el área oeste y a mí no me dejaron entrar a verlo aunque hubiera estado como médico interno durante años en el mismo hospital.
Sabía que mi padre trabajaba para el gobierno desde pequeña, pues cambiábamos de casa seguido y cuando era pequeña, jugaba a encontrar la mayor cantidad de cámaras en el menor tiempo posible dentro de la nueva casa. De adolescente tuve que ingeniar increíbles formas de burlar la seguridad para poder salir con mi novio o poder salir a festejar cuando mis padres no me querían dejar salir. Me tomó un año aprender a burlar la seguridad y castigos que, si es que se hubieran aplicado al pie de la letra, todavía me tendrían encerrada en mi casa sin postre.
Hace tres años atrás, salimos con mis padres a cenar y volvimos a la casa un par de horas después, pero antes de que alguno de nosotros entráramos a la casa, a mí se me ocurrió ir a comer helado a un pequeño lugar al que íbamos cuando era pequeña. Mi padre cerró la puerta de la casa que había abierto por unos segundos y cuando yo recién me había acomodado en el auto, la casa en la cual habíamos vivido por un tiempo récord, sucumbió ante una explosión que volcó el auto y nos dejo a todos internados en el hospital. Mi padre fue el que peor herido quedo, pues había cerrado mi puerta y se dirigía al lugar del piloto, sin la protección que el vidrio antibalas nos dio a mi madre y a mí.
Pedí explicaciones en cuanto pude ver a mi padre y quise ser parte del equipo que atiende a los agentes malheridos desde ese momento. Toneladas de páginas que me forzaban a mantener el más hermético silencio pasaron frente a mis ojos durante los meses siguientes. Al final, si venían con un pliegue en una esquina (marca que me ayudaba a decidir qué hacer), ni siquiera los leía, firmaba con un lápiz especial que no dejaba tinta, si no que era como un sello láser.


Es corto, si, pero volveré pronto... Así me hago un numero de lectores más asiduo...
Besiitos
Nos vemos
Última edición por V&7a... Potter el Lun May 21, 2012 11:45 pm, editado 5 veces en total
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Re: Vidas Paralelas. Merodeadores

Notapor Eileen » Jue Ago 18, 2011 6:43 am

¡Ya estoy aqui con mi comentario bajo el brazo! :D
Por fin he sacado un ratito para refrescarme la memoria y volver a leerme este pedacito de lo que seguro será un fic estupendo ^^
Como ya te dije, me parece un argumento originialísimo, ver a los Merodeadores en plan 007 es genial y les sienta estupendamente, veremos si tienen alguna mision para los proximos días o con la recuperación de Sirius les basta, muajajaja, estoy deseando continuar leyendo!
Le has añadido misterio al asunto con eso de que Sirius cree conocer a Lily, puede que del colegio, si es que sigues manteniendo esa parte de la historia real, pero ya veremos como van evolucionando las cosas.
Estoy deseando leer el siguiente capitulo pero por supuesto, ni se me ocurre meterte prisa con lo que soy yo, así que tú a tu ritmo, y cuando lo tengas preparado ¡a publicar!

Un besazo enorme y espero que todo te vaya bien, sabes que aqui me vas a tener como has estado tú a mi lado durante todo el tiempo que llevo en este negocio de los fics, animandote y apoyándote en lo que sea :D
Muaaack!
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Re: Vidas Paralelas. Merodeadores

Notapor raan » Jue Ago 18, 2011 4:54 pm

pues aqui me tienes como lectora, amo a los merodeadores y sin magia pues aun mas, porq no se es como mas liberal XD tengo muchas preguntas que hacer el primer capi es muy bueno, primero que nada es un james/lily? o un sirius/lily? es que no se no acostumbro a ver a sirius con lily jeje tengo la locura de pensar que lily es para james y nadie mas, pero si he leido fics donde sirius tiene algo con lily sin querer, pero quiero saber cual de las dos parejas sera. aunq entiendo perfectamente a lily no hay chica que se le resista a mi sirius es un papasito sexy que uffff no tiene comparacion, y pues james es hermoso pero no tanto como mi sirius. me encanta el ambiente eso de que sean agentes secretos y todo eso me encanta jejeje. bueno me tienes como lectora espero publiques pronto :D

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Re: Vidas Paralelas. Merodeadores

Notapor V&7a... Potter » Dom Ago 28, 2011 4:13 pm

Raan... Publicare pronto... Los estudios y todo en general han drenado mi inspiracion, pero ya tengo el otro capitulo listo, asi que los subire dentro de esta semana. En cuanto a tu pregunta, por ahora dire que hay como un triangulo, pues Lily ha visto a James todavia y Sirius es Sirius, cada vez que puede flirtearm lo va a hacer... Toda la razon de que Sirius es un papasoooote.
Gracias por comentar, y seguire subiendo caps, para que mas gente se una :D

Eileen!! Gracias por publicar. No sabes cuanta ilusion me hace... Ya las cosas se iran poniendo mas agitadas en la vida de estos merodeadores modernos. Pronto subire el prox capitulo que tiene un poco mas de accion y tambien va a ser mas largo... Casi el doble... Asi que ojala que sigas leyendo y disfrutando. Espero que todo este bien, especialemente tu y nos veremos pronto aqui, sin duda.
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Re: Vidas Paralelas. Merodeadores

Notapor V&7a... Potter » Sab Sep 10, 2011 9:21 pm

Perdon, perdon, de todo corazon por haberme demorado tanto, pero es que la vida estudiantil no es compatible con la de una "escritora".
Aqui les dejo el capitulo siguiente. Desde ahora en adelante, los capitulos seran más largos que el primero (más que el doble) pero por ahora sólo me comprometo a publicar una vez por mes unas buenas 8 paginas de Word.
Les dejo el capitulo, sin más tardanza... Y acuérdense de comentar despues de leerlo... No cuesta nada y hacen al escritor feliz :D


Capítulo Dos

James

Me subí a mi auto y me dirigí al hospital, tomando calles alternativas pues el tráfico de Londres alrededor de las 8 de la mañana un día Lunes es para no creérselo. Nunca había entrado consciente por la entrada oeste del estacionamiento subterráneo y me sorprendió ver mitad de un ejército apostado ahí para regular quien entraba y quién no. Me identifiqué en una pequeña caseta ubicada en la entrada del subterráneo y en cuanto salí de mi auto, dos hombres me taparon los ojos y me guiaron hacia la habitación de mi amigo. Normalmente me hubiera sentido totalmente enojado y ofendido con estas reglas, ya que mi calidad de agente me daba acceso a muchas instalaciones militares con un tratamiento especial, pero en esos momentos solo quería llegar a ver a mi amigo y los zamarrones y empujones pasaron a un segundo plano, aunque de todas maneras solté un improperio cuando golpeé mi pie contra un escalón del que no me habían avisado. Cuando pude ver nuevamente donde estaba, enfoqué la imagen de Sirius sentado incómoda y raramente tratando de leer un periódico con un brazo en cabestrillo.
- No me vas a creer lo que te tengo que decir, Jamie – dijo, en cuanto cerré la puerta detrás de mí.
- Sorpréndeme – dije, tratando de mantener la compostura y no dañarle en el abrazo que quería darle.
- Creo que me enamoré de una de mis doctoras – comentó mirándome seriamente, dejando el periódico al lado
- Wow, eso definitivamente es inesperado. ¿Una de tus doctoras? ¿No era que no te gustaban las mujeres mayores? – dije, levantando mis cejas
- Nunca dije que no me gustaran… Tienen experiencia de la que uno puede enriquecerse…
- Claro, se me olvidaba que tu quieres aprender de cada momento que vives…
- Exacto, pero volviendo al tema de mi enamoramiento hospitalario: El meollo del asunto y para que dejes de mirarme como si fuera un violador de abuelitas, es que ella no es mayor… Incluso, me atrevo a decir que es menor que nosotros – abrió los ojos más de lo común y asintió seriamente, con una media sonrisa y el brillo libidinoso característico en sus ojos que decía que había armado un plan que probablemente tenía muchas fallas, pero él, sin importar nada, lo iba a poner en acción.
- ¿Una persona menor que nosotros? ¿Aquí, trabajando? ¿Cómo? – El se encogió de un hombro, dejándome en claro que no le importaba cómo había llegado esa doctora acá, sino que lo único importante era el próximo movimiento para hacerla caer en sus redes. Cuando se dejó de mover, su mano se fue hacia su hombro y su cara se contrajo en una pequeña mueca de dolor, lo que me dio pie para preguntar de su salud y los acontecimientos pasados que nos habían traído a esta situación. – ¿Qué pasó? – Solté, sin poder controlarme más y sin querer dar introducciones.
- Yo también me quería asegurar que no nos seguían – contestó, captando enseguida a lo que me refería. - Me pillé con ese tipejo, pero las cosas resultaron peor para él que para mí. – Y ahora resulta que nos había salvado. Genial, yo queriendo matarlo por haber sido tan descuidado y él asegurándose que estábamos a salvo. Habían momentos en los que agradecía tener a este loco de patio haciendo mi vida más entretenida, pero habían otros en que ni siquiera pensar en la inmortalidad del cangrejo me calmaba para no terminar asfixiándolo mientras dormía.
- ¿Y cómo se llama esta doctora que te tiene tan interesado?
- Buena pregunta. No sé. – dijo rápidamente, mordiéndose durante unos segundo su labio inferior - Pero tampoco creo que me lo diga si es que se lo pregunto…

Mientras Sirius hablaba de esta pelirroja, que al parecer le había pegado muy fuerte en el ego al decirle que no a una de sus invitaciones, manteniéndolo de esta forma aún más interesado, yo me armé de valor para poder decirle lo preocupado que me había tenido y en cuanto Sirius quedó sin nada más que decir, yo le dije:
- Estoy feliz de que estés vivo, Sirius. De verdad que estaba preocupado de que algo más serio te hubiera pasado. Y por un tiempo pensé que fue mi culpa que te hubieran disparado.
- No te tienes que preocupar tanto, mami. Yo sé cuidarme solo. – respondió, mirándome a los ojos y asintiendo levemente, un pequeño signo que me daba a entender que él agradecía mi preocupación - ¡Es tan emocionante que me demuestres lo mucho que te preocupas por mi, Jamie! Creo que voy a llorar - Y… ahí quedó todo momento serio y con un significado más profundo en nuestra conversación. Hizo gestos de secarse una lágrima con el dedo índice y de ponerse a llorar, para después reírse con el menos esfuerzo posible y pegarme unas palmadas en el hombro. No quería seguir insistiendo en lo aterrorizado que había estado hasta que llegué acá y comprobé que estaba vivo y entero, porque, aunque nos conocíamos hace diez años y habíamos sido amigos desde el momento que cruzamos palabra, no era algo propio de nosotros dos hablar mucho sobre los sentimientos entre amigos. Y las cosas siempre habían funcionado de esa manera entre nosotros, incluido Remus, que hace tiempo que no lo veíamos
- Creo que tengo que ir a ver a Remus, para que no crean que he desertado.
- ¿Cuánto haz faltado?
- Casi 5 días. Mandé la inteligencia que conseguimos, después fui a buscar más municiones y armas blancas, a entrenar un poco y después a buscar mi computador portátil para mandar el informe detallado de la misión por internet, pero no he hablado con nadie de la división en todo este tiempo.
- Deberías ir. Dile a Julienne que estoy bien, cuando estés por allá. - dijo, antes que saliera de la habitación - Debe de estar preocupada la pobre.
- ¿No que ya la habías cambiado por tu nuevo doctora súper sexy?
- Sí, pero Julienne todavía no lo sabe y de todas formas se preocupa. - dijo, ladeando la cabeza y apretando sus labios hasta casi hacerlos desaparecer. ¿Era una sonrisa la que trataba de ocultar?
- Es la de las piernas largas, ¿cierto? – él asintió y yo le dije adiós otra vez con la mano y salí del hospital mirando el interior de la capucha que volvieron a ponerme.

Fui a mi casa a ducharme, arreglé los papeles que necesitaba en la oficina y agarré mi computador portátil. Cuando llegué a la RSI, Remus me llamó a su oficina con tanta rapidez que ni siquiera había sido capaz de sentarme en frente de mi escritorio. Desde que lo habían nombrado director, las cosas funcionaban tan bien que ninguna orden demoraba más de 1 minuto en ser llevada a cabo. Tanta eficiencia, también, se había hecho notar en la pérdida de peso y en las profundas ojeras de mi amigo que antes de tanta responsabilidad solía caminar con la espalda erguida y paso seguro.
- Supongo que tienes una buena excusa para haber desaparecido tanto tiempo y no avisar. - Esperó a que yo comenzara a defenderme, pero yo sólo pude mirarlo con ojos de gato con botas, mirada que había aprendido a perfeccionar a lo largo de los años practicándola frente a un espejo, la misma mirada a la que Remus se había convertido inmune desde un principio - Si no aparecías hoy día, íbamos a ir a tu casa y tu ibas a entrar en la lista de los más buscados.
- Estrés post-traumático. Y un poco de culpa. Mucha culpa para ser sincero. - puse mis manos en el respaldo de la silla que estaba frente mío y miré a los ojos a mi amigo. Si, totalmente inmune a mi famosa mirada del gato con botas. Y yo que tan seguro que estaba de su efectividad.
- Los únicos que pueden decidir si estás con estrés post cualquier cosa son los examinadores de este edificio. Y deja de tratar de hacerme perdonarte por tu mirada de gato con botas, sabes que dejó de funcionar hace tiempo.
- Te mandé un mensaje de texto - Traté de defenderme, después de volver mi cara a la normalidad y mis ojos a su tamaño normal.
- Si, lo leí. Bueno, como sea. Sabes que no puedes desaparecer así como así. Entiendo que estés preocupado por el estado de salud de Sirius, yo también lo estaba, pero te necesito aquí. Como amigo y como profesional – respiró hondo un par de veces y se paseó por su oficina masajeándose la sien. Y me sentí como un imbécil al haber estado tan preocupado sólo por Sirius. Yo también tenía amigos de los que me tenía que preocupar y a los que tenía que apoyar y, Remus necesitaba apoyo más que nunca en estos momentos – Necesito toda la información que exista sobre Mundungus Fletcher. Es agente de la RSI y va a trabajar con nosotros en unas misiones, pero leí su expediente y no puedo dejar de sentir desconfianza, desafortunadamente soy el único que se siente de esa manera en la división. Dicen que es tremendamente hábil en terreno y que puede hacer maravillas con sistemas de alarmas. – me miró a los ojos durante unos segundos y sonrió débilmente.
- Por supuesto.
- Si yo fuera tú, me pondría a teclear a velocidad máxima, quiero el informe para el viernes. – comentó como si estuviera hablando del clima
- Mañana es viernes - me quejé.
- Nadie te manda a desaparecer 5 días sin avisarle a nadie. Hubieras tenido 5 días más para trabajar en el informe. – Remus estaba tan cansado que aunque sus palabras fueran confrontacionales, su cara solo demostraba cansancio
- ¡Pero te mandé un mensaje de texto!
- Diciendo que estabas bien. Estoy seguro de que eso no me quiere decir que ibas a faltar al trabajo en ningún idioma o clave. ¿Deberíamos hacerlo un nuevo mensaje clave y agregarlo a la base de datos?
- No hay para que ser sarcástico, Lupin. Tendrás tu informe mañana a primera hora, como siempre.
- Así me gusta.

Sirius

Esperaba ansioso cada vez que esa pelirroja venía a atender mi hombro. Era estúpido, pero agradecía que la bala hubiera perforado la arteria subclavia en su camino entre mis músculos, pues por ese motivo debía permanecer más tiempo hospitalizado.
Era mi último día en ese lugar y después de tantos esfuerzos no podía lograr que mi doctora me hubiera dicho algo personal. Nos limitábamos a las frases: "No estoy autorizada a darte información de ningún tipo", "No me digas muñeca" (hay que tratarlo todo para llamar su atención, ¿No les parece?), "Deberías mantener tu boca cerrada" (La pillé en un mal día, al parecer), "No estás autorizado a levantarte de la cama y aún menos a andar desnudo por la pieza". Bueno, en esa última situación ya se me acababan las posibilidades de poder lograr entablar una relación con ella y por andar desnudo, me dirigió más palabras seguidas que nunca. Estaba barajando mi último movimiento, cuando entró para darme el alta definitiva.
- Sirius Black - comenzó, leyendo mi expediente mientras se acercaba a mi cama con paso seguro.
- ¡Hey, te acordaste de mi nombre! - comenté yo, sentándome correctamente en la cama. Ella sacó su vista de los exámenes y apoyo sus peso en el fin de la cama.
- Difícil de olvidarlo si era lo único que dijiste durante dos días. – dijo ella como si le estuviera hablando a un niño de 2 años - Me tenías preocupada de que algún coagulo formado cuando te dispararon o durante la cicatrización de la cirugía, hubiera llegado a tu cerebro y hubieras quedado con daño permanente.
- ¿Te estabas preocupando por mi?
- Eres mi paciente, sería negligencia si es que no me preocupara por ti - comentó ella, sonriendo con suficiencia. - Te dije hace más de dos horas que te pusieras tu ropa para que vayas a tu casa a descansar.
- Es que no puedo ponerme la polera… Y te prometo que esta vez es verdad que no me puedo vestir. - Si, ahí andaba yo solo con mis pantalones, los cuales los tenía desabrochados, los cordones de mis zapatos sin amarrar y con pocas ganas de que se llevara otra mala impresión de mí. - De verdad que no puedo. Y ya me quedó claro que no te gusta verme desnudo por la pieza.
- Sirius, soy la doctora que te operó y se encargó de ti durante las dos semanas que estuviste inconsciente. Te había visto desnudo muchas veces antes de que tu deseo de exhibición se llevara a cabo.
- ¿Me habías visto antes? – comenté un poco decepcionado ante el hecho que no había causado gran impresión.
- Si y he visto cientos de cuerpos masculinos desnudos antes del tuyo y veré miles después.
- Pero probablemente no tan bien formados como éste – y apunté hacia mi torso. Ella siguió hacia donde apuntaba mi pulgar con su mirada, tragó saliva y no respondió nada ante mi afirmación.
- ¿No le pediste ayuda a una enfermera, con tu polera? – cambió rápidamente de tema. La miré fijamente a los ojos y un leve rubor apareció en sus mejillas. Al fin me quedaba claro que esa mujer no era un robot.
- Sé que es tonto, pero no me gustaría ser vestido por el enfermero que tienen apostado allá afuera. Parece más un orangután que persona… Y después de lo de la sonda para hacer pipí, no dejo que me toque un pelo de mi hermoso cuerpecito.
- Se supone que estabas inconsciente cuando pusieron la sonda.
- No lo sé… Pero tengo claro que sentí algo y recuerdo muy bien el autor de tamaña atrocidad - Ella se mordió el labio inferior, reprimiendo una sonrisa que logró ocultar al final y, dudó un par de segundos sobre si acercarse a mi o no. Revisó su reloj de pulsera y después de resoplar en signo de derrota, se acercó y agarró mi polera de sobre la cama. Con suma delicadeza y al mismo tiempo tratando de hacer el mínimo contacto conmigo, me puso la polera y, mirándome a los ojos, bajó sus manos hacia mi entrepierna y abrochó mis pantalones y mi cinturón. La boca se me secó en el instante en que sus manos tocaron mis pantalones, pero sus ojos pegados a los míos y su perfume penetrando en mis fosas nasales con cada inhalación me ayudaron a reactivar mi salivación. Antes de que pudiera decir bomba, ella ya estaba amarrando las agujetas de mis zapatos sin mirar hacia arriba y lo más rápido que sus manos podían. Tragué el nudo que se me había formado en la garganta y respiré profundamente enfocándome en el tipo que me había metido y sacado la sonda esa para alejar los pensamientos inapropiados que se agolpaban en mi mente.
- Ya estás listo, o por lo menos vestido - dijo, recogiendo sus cosas de encima de mi cama. - Tienes que asegurarte que cuando firmes el alta, te den tu lista de recetas, los horarios de medicación y tus próximas sesiones de rehabilitación. ¿Alguna pregunta?
- La misma que te vengo haciendo desde que salí del coma.
- Entonces ya sabes la respuesta. - Y con eso, dejó la pieza.

Lily

La cara de ese paciente me parecía conocida. Aunque no era algo extraño en mí que la gente me pareciera familiar, después de mi accidente y con mis serios problemas para recordar a gente con la que establecí lazos afectivos, pero ahora era distinto. Sentía que había pasado momentos importantes junto a él y por inercia, quería tratar de recordarlos. Por eso había aceptado su caso, siendo que estaba hasta la coronilla de trabajo por esos días y que nunca había trabajado sola con un comatoso. Ahora, ¿Por qué sentía tantas cosas dentro mío cuando lo miraba?
Después de unos días de tratar de acordarme y sin obtener frutos en absoluto, dejé el tema de lado; no era la primera vez que no lograba acordarme y había aprendido a dejar de sentir frustración conmigo misma por no poder acordarme de alguien que había conocido hace años atrás. Tanta impotencia en los primeros meses, tantos llantos desesperados, tanto exigirme a mí misma y tanto hacerme daño emocional. Al final, algo aprendí de todo eso.
Todo había empezado con un accidente automovilístico, según los medios de comunicación. El accidente, que realmente fue un ataque, había ocurrido unos días después de que me hubiera graduado de la escuela secundaria. A mis padres los emboscaron y a mí me dispararon sin miramientos directo a la cabeza. Estuve cerca de morir en un principio por efecto de la bala misma, después de la operación para sacar la bala, estuve cerca de quedar vegetal, pero finalmente, después de una segunda operación peligrosísima para detener una hemorragia, había quedado con pérdida de memoria afectiva. Suena raro, si, lo sé. Es sumamente raro. Los síntomas son que voy olvidando poco a poco a la gente a la que estoy emocionalmente ligada y gente que conocí en momentos varios de mi vida, desaparecen de la noche a la mañana de mi mente, si es que no comparto información que no sea relacionada con los sentimientos. No es que me olvide de los momentos pasados o vividos, si no que no puedo traer la imagen necesaria para ir sobre los detalles de las personas con las que pasé esos momentos. Sé que personas estuvieron ahí conmigo viviendo lo mismo que yo, pero es como cuando se siente el olor de la comida al entrar a la cocina: Estás segura de que es algo que tú conoces, pero no puedes precisar qué es. Un ejemplo es que si tuve un amigo de la infancia con el que no compartía nada más que la amistad, ahora no podría acordarme de él. Se había borrado completamente de mi mente.
Unas de las soluciones que se le ocurrió a mis padres, los que salieron sólo con heridas menores de la emboscada, y a mis amigos, fue comenzar a darme clases intensivas de gente que debía reconocer. Fotos con nombres de personas e historias colgadas por todas partes adornaban mi pieza, y después de un par de meses de absorción intensiva de información sentimental, era capaz de acordarme de cierta gente. No eran recuerdos, eran imágenes estáticas, como estar viendo la fotografía que acompañaba la historia de la persona. Cada foto nueva y cada historia que lograba recordar era un dolor permanente en la parte superior de mi cabeza y cuando a las fotografías se les agregó movimiento, sentí la misma intensidad de dolor que cuando me habían disparado. Caí desmayada camino a mi pieza, gritando de dolor y jurando que la cabeza se me estaba partiendo ahí mismo.
Después de ese episodio, y en contra de lo que decían mis padres, decidí dejar de tratar con tantas ganas de recordar; me convencí a mi misma de que la gente importante en mi vida iba a estar presente en mi día a día y así dejé que todos los que no frecuentaban mi vida diaria empezaran a desvanecerse de mi mente.

Volví a mi trabajo en el Charing Cross, tratando heridos con los que apenas podía hablar y, en otro sector del hospital, tratando a gente que me sonreía cuando pasaba por su lado porque el día anterior habíamos compartido parte de nuestras vidas en una conversación larguísima.
- ¿Cuándo salen los resultados de las pruebas? - preguntó Minerva McGonagall, la jefa de servicio de neurología, que había sido mi jefa durante los últimos 6 meses.
- Mañana - comenté, mientras me sentaba por primera vez en el día en la salita que los doctores de turno teníamos a nuestra disposición. - Ni siquiera me había dado cuenta de que había pasado una semana. Últimamente he estado ocupadísima.
- ¿Mucho trabajo en el ala oeste? - comentó, mirándome por sobre sus lentes, con la sonrisa que usaba cuando hacía preguntas que estaba segura que uno no podía contestar. Se me cerraron las vías respiratorias al darme cuenta de que ella sabía de lo que estaba hablando. El ala oeste era tan secreta que poca gente sabía de su existencia. Había sido construida bajo tierra, y con solo una entrada desde el hospital general. - Hace tiempo que no necesitan neurólogos por allá - Siguió sorbiendo su café con esa sonrisa en su cara que todavía me hacía sudar frío. Los recuerdos que tenía de sus interrogatorios sobre neurología no eran, precisamente, los más felices que tenía de mi proceso de estudiante. - Asumo que los están entrenando mejor para resistir torturas…
- Ehm… - no tenía idea de que decir. Ninguna excusa servía y tenía que mantener el secreto bajo toda costa. Los documentos decían explícitamente eso. Fuera del ala oeste, no se debía comentar la existencia de esas habitaciones, el tipo de gente que se atendía en esas salas y mucho menos quiénes eran los encargados de su funcionamiento.
- Sé lo que te hicieron firmar. No tienes que decir nada - Sonrió sinceramente y miró la hora - con tu silencio me basta y me sobra.

James

- ¿James, tienes unos segundos? - Remus se acercó a mi escritorio antes de que dejara el trabajo para volver a mi casa.
- Tengo un informe que hacer, Remus - dije, sonriendo y molestándolo un poco por lo poco amable que había sido esa mañana
- No es mi intención ser tan molesto, pero desde que desapareciste cinco días atrás, llegaron agentes para asegurarse de que todo está andando sobre ruedas mientras Albus está de vacaciones. - Albus Dumbledore, uno de los fundadores de la RSI hace 10 años atrás, no se había tomado vacaciones desde que la organización se creó, diciendo que las cosas que acontecían en el mundo no daban una perspectiva muy positiva para tomarse vacaciones.
- ¿Te están investigando? - pregunté más modulando que pronunciando sonido y, como medida de seguridad, miré a mi alrededor. Estaba tan acostumbrado a siempre tener información mil veces clasificada en mis labios que en todo momento estaba asegurándome que nadie me seguía o que nadie estuviera lo suficientemente cerca para escuchar.
- Ven a mi oficina - dijo Remus, también mirando a nuestro alrededor. Remus había sido entrenado junto a Sirius y a mí, pero por su tremenda capacidad de coordinación de ataques, había sido el elegido como sucesor de Albus por estos meses. En cuanto las puertas de su despacho se cerraron, sacó un lápiz y giró una de sus partes
- ¿Evitas que nos escuchen o simplemente decidiste romper el lápiz?
- Evito que nos espíen, una de las invenciones de Frank, tenemos 5 minutos.
- ¿Qué pasa?
- Nos están investigando, James. Hay suficiente evidencia como para creer que alguien está vendiendo inteligencia en el mercado negro.
- Con inteligencia te refieres a…
- Todo tipo de información. Archivos de misiones, claves para acceder a los servidores del gobierno, nombres y lugares de transportes de criminales de máxima seguridad. Es como si nuestras acciones fueran a parar a internet para que todo el mundo las vea.
- ¿Creen que es tu culpa?
- Muchos accidentes han pasado y, hace un par de horas, un transporte secreto de armamento militar fue asaltado. Perdimos millones, aparte que ahora el armamento, probablemente ya está en el mercado negro.
- ¿Exactamente en estas dos últimas semanas? - Remus rodó los ojos al ver que yo no seguía su tren de pensamiento.
- James, si es que siguen recogiendo evidencia de que la información ha venido desde aquí, ya no nos van a dar más información.
- Nos van a dejar paralizados. - recién se me vino a la cabeza todo lo que eso significaba. Todos estábamos bajo inspección, todos podíamos ser sospechosos…
- Exacto.
- Pueden cancelar RSI si es que algo de mayor importancia ocurre y el sospechoso no es encontrado y puesto en prisión.
- Me temo que eso es lo que planean hacer - dijo Remus, sentándose, al fin, en una de las sillas que estaba al lado mío.
- Pero no se irían a esos extremos.
- Todo explotó cuando la agencia está más vulnerable. Albus se fue y yo, bueno, yo no tengo experiencia. - Se notaba que mi amigo estaba desesperado, las ojeras más profundas que había visto en toda mi vida eran parte de la expresión de mi amigo. No tenía idea de cómo poder ayudarlo, porque sabía que nada iba a poder relajar a Remus mientras los de la inspección estuvieran vigilando la agencia. Le palmeé un hombro y, con ese simple gesto que era tan viejo entre nosotros, quedó claro que todo mi apoyo estaba con él
- Eres el que Albus designó, así que siéntete orgulloso por eso. Aparte que apenas tienes 25 años y ya eres director de una agencia. ¿Cuántas personas pueden decir eso? - Remus iba a contestar, pero el pitido que avisaba que nuestro tiempo de conversación segura ya no era segura, nos interrumpió.


Sirius

Ya estaba vestido y la ropa que había pedido que me trajeran y me había sobrado estaba en un bolso sobre la cama. Todavía no me quería ir sin que mi doctora me viniera a decir adiós, aunque tuviera todo para irme de este lugar que comúnmente me causaba escalofríos. Como por arte de magia o llamada por mi consciencia, ella entró en la pieza con la nariz pegada a un informe, corrigiendo de vez en cuando algo con el ceño fruncido. ¿Siempre tenía que estar escribiendo notas en lo que leía?
- ¿Me vienes a decir adiós? - pregunté, acercándome hacia ella. Ella saltó y una de sus manos fue rápidamente a uno de sus bolsillos, pero cuando se dio cuenta de que era yo el que estaba ahí parado, la mano se fue a su cintura
- ¿Todavía estás acá? Te di el alta hace como 5 horas atrás. – se arregló un mechón de pelo que se había salido de su moño y lo puso detrás de su oreja
- No me quería ir son despedirme de ti
- No me digas - dijo, rodando los ojos, negando con la cabeza y sonriéndome casi como si yo le diera pena.
- Y también quería preguntarte, por última vez, lo prometo, si es que quieres salir a cenar conmigo.
- Sabes que no puedo salir con pacientes. - ¿Era eso una explicación? La respuesta que había esperado era un rotundo no y esto era 6 palabras más que eso. ¿Significaba esto que estábamos haciendo un progreso en las relaciones con mi doctora sexy?
- Es que ya no soy el paciente más sexy que vas a ver en el mundo. Salí del sistema hace media hora, lo corroboré por mí mismo. Ahora soy una persona común y corriente que pudiste haber conocido en la calle. Aunque más guapo.
- Un segundo, ¿entraste el sistema informático del ala Oeste? – recorrió la habitación con la mirada rápidamente y sus ojos se posaron en mi bolso que poseía las dimensiones ideales para guardar una laptop - ¿Con un computador portátil? – se acercó hacia mi bolso con intenciones de abrirlo.
- No, pregunté si es que podían llevarle algo al paciente de esta habitación y me dijeron que no había paciente en esa pieza - solté rápidamente.
- ¿Y te lo dijeron así? ¿Sin ningún problema, sin ninguna pregunta, si ninguna comprobación de identidad? – preguntó incrédula.
- Los dos sabemos que por acá no son muy buenos con las preguntas o con las identidades y si es que uno anda rondando por aquí, el gobierno lo sabe y dio su aprobación… Y yo puedo llegar a ser muy persuasivo de vez en cuando. ¿Vas a salir conmigo algún día? ¿O debo de darme por vencido? - Me miró de arriba abajo, mordiéndose su labio inferior, como pensando en qué respuesta darme. Acorde a mi experiencia, cuando las mujeres te quieren decir no, lo dicen de inmediato, así que su duda me daba esperanzas de recibir una respuesta positiva.
- Cuando puedas manejar y llevarme a algún lugar bonito. - ni yo me creía lo que acaba de pasar, pero de todas maneras hice como si lo hubiera sabido desde un principio. Escribió su número personal en la parte trasera de su tarjeta de presentación, dejándola sobre la mesa entre nosotros. Después de fijar sus ojos en los míos durante unos segundos, salió de la pieza.

Me tomé mi tiempo para recoger su tarjeta. Los números eran trazados con delicadeza y seguridad. Y yo que pensaba que todos los doctores tenían una caligrafía digna de jeroglífico egipcio. Di vuelta la tarjeta para enterarme de su nombre y su nombre removió algún cajón de memorias que tenía cerrado bajo cuatro llaves en el último rincón de mi mente: Lilian Evans.
Me fui directo a la oficina y decidí no darle importancia a que su nombre sonara familiar. Yo estaba tan feliz y orgulloso de mi mismo con que hubiera aceptado que el dolor constante que había en mi hombro pasaba a un segundo plano. Estaba sin la obligación de ir a misiones durante un mes, lo que me producía sentimientos encontrados… y ¡la pelirroja me había dicho que aceptaba una cena conmigo!
Tenía que ir a la RSI para informarme de lo que había pasado en mi ausencia, probablemente redactar un par de informes y estar preparado para dirigir alguna misión a distancia en vez de ir a la misión. Nunca me sentía tan vivo como cuando salía en esos trabajos, sin importar que mi vida fuera puesta en riesgo cada vez. Riesgo con el que habíamos aprendido a vivir y que conocíamos perfectamente. Si los enemigos de la RSI te atrapaban, no era cosa de que el agente podía ponerse a alegar y a decir que tenía derechos y que llamaran al gobierno, no, aquí si te atrapaban, tenías un 20% de posibilidades de salir vivo, quizás un poco menos y esos números no crecían aunque el equipo táctico y de rescate sumaran a casi 10 personas que estaban a menos de un minuto de distancia para poder intervenir si es que algo llegara a salir mal. Si te atrapaban, prepárate para sufrir desde frío hasta congelarte y perder dedos o dolor en todos los niervos de tu cuerpo hasta que tu cerebro haga cortocircuito.

El jueves por la mañana, un par de días después que saliera del hospital, llegué a la RSI y me llamaron a una reunión a las pocas horas que me pusiera a trabajar en informes, tarea que era terriblemente lenta y tediosa cuando sólo puedes usar una mano cómodamente. Nos encontramos en la sala de conferencias, donde Remus, James, Frank Longbottom, el genio a cargo de crear artefactos electrónicos para las misiones y, Mundungus Fletcher, un agente pocas veces visto en trabajos en terreno, pero se decía que era bueno haciendo lo suyo. ¿En qué es bueno? No tengo idea, pero eso dicen…
- Hay registros de que diez kilos de plutonio radioactivo se van a vender en la frontera entre Algeria y Libia. - dijo Remus, poniendo la foto satelital de un edificio. - Lo tienen resguardado en una locación intermedia entre Djanet y Ghat, ciudades fronterizas entre Algeria y Libia respectivamente. Las relaciones con las autoridades algerianas son las mejores, pero han negado cualquier conocimiento sobre la existencia de estas armas nucleares.
- Se asume que la organización palestina Septiembre Negro va a comprar las cabezas, pues ha movilizado 5 millones de Euros a una cuenta que tenemos controlada en Nigeria. - Dijo Frank, mientras nos mostraba un mapa de las ciudades a las que teníamos que llegar. - Entraran al lugar donde tienen el plutonio por medio de un conducto que fue construido para un escape si es que el establecimiento fuera atacado. - En la pantalla apareció un plano del edificio al cual deberíamos entrar - Ustedes lo empezaran con un conducto vertical que posee electricidad a 800 watts de potencia recorriendo las paredes. He creado unos trajes ultralivianos que deberían evitar la transferencia de electricidad a sus cuerpos, pero, solo por si acaso, no toquen las paredes.


Lily

Después del shock producido al saber que la doctora McGonagall también trabajaba para la RSI, salí a hacer mis rondas matutinas. Si McGonagall, la persona más honesta del mundo, trabaja para la definición perfecta de secretismo, ¿quién más de mis superiores sabían de mi afiliación y de lo que allá se hacía y yo vivía totalmente ajena a su implicación?
Mientras visitaba a los pacientes recién operados en el sector de neurología, un punzante dolor de cabeza ocupó mi temple izquierdo y derecho. Los dolores de cabeza era algo con lo que me había acostumbrado a vivir, pero éste era particularmente importante al ser tan condenadamente doloroso y abarcar tanta porción de mi cerebro.
- ¿Zach, me puedes cubrir un par de minutos? - Miré a los ojos a mi mejor amigo desde hace años atrás, por lo que me habían dicho, y vi su preocupación instantánea - No me pasa nada. Es un dolor de cabeza común y corriente - Desde que me habían operado, todos los ojos de los que conocían mi problema estaban sobre mí, esperando a que me diera un derrame cerebral o que muriera, para poder así completar las predicciones que todos los doctores habían dicho. Todas estas preocupaciones, habían hecho que la atención me dejara de gustar desde el momento que salí de la sala de cuidados intensivos después de mi operación.
- Anda a relajarte durante media hora
- Sólo necesito 5 minutos
- Treinta. Si te veo antes de ese límite de tiempo, te inyecto un sedante.
- No hay para que amenazar. Treinta minutos. Muchas gracias. - Me dedicó una sonrisa de apoyo y asintió con su cabeza. Salí de la sala en la que estaba y guiándome hacia la pequeña pieza que podíamos usar para descansar más por memoria que por el hecho de ver mi camino, llegué increíblemente rápido y sin haber chocado con casi nadie.

Gracias al cielo que la pieza estaba desocupada y oscura, así que me tiré en una de las estrechas camas y cerré los ojos. El dolor que había sentido en un comienzo, se había retraído en el camino hasta solo un punto de mi cerebro, al lado izquierdo de mi cabeza, pero sin bajar de intensidad. Me acurruqué y puse mis manos en mi cabeza, tratando de aclarar mis pensamientos. Sólo me daban estos dolores tan grandes cuando trataba de recordar algo de mis amigos, o de los sentimientos que alguna vez tuve por una persona a la cual ahora no podía ubicar en ningún mapa sentimental que había memorizado hace años atrás. Sentía que mi cerebro se estaba esforzando para recordar algo, algo importante, un pensamiento al cual no podía tocar, no podía envolver mi brazos a su alrededor, no podía sumergirme en sus emociones. Un recuerdo que no podía traer el presente, aunque tratara hasta las lágrimas, las cuales ahora recorrían mis mejillas y humedecían mi pelo. ¿Quién era a quién no podía recordar?

El dolor que sentía en mi cabeza era suficiente para atontarme y para hacerme gritar hasta quedar sin voz, pero eso significaría que otras personas se dieran cuenta de lo que me estaba pasando y eso pondría mi carrera en peligro, justo ahora, que terminaba de ser una estudiante y podía, al fin, ser tratada como una doctora de verdad. Apreté mis dientes y presioné la palma de mi mano contra mi temple hasta que el dolor comenzó, lentamente, a desaparecer. Cuando fui capaz de escuchar los ruidos del hospital sin que eso mandara un rayo de dolor a lo largo de mi espina dorsal, ya habían pasado 45 minutos en los cuales Zach me había estado cubriendo. Salí de la pieza y casi choco con mi amigo al abrir la puerta y tirarme, prácticamente, a través de ella.
- Te vez horrible - dijo, poniendo una mano en mi frente
- Gracias. - comenté, sacando su mano de mi frente y mirando a todos los lados para comprobar si es que alguien había visto ese gesto. Zach sonrió y metió sus manos en los bolsillos del delantal. - Siento que me demoré tanto. Debo de haberme quedado dormida
- Si, pensé lo mismo cuando no apareciste después de 30 minutos descansando.
- Lo siento. ¿Te metí en algún problema? ¿Estoy en problemas? - Comenzamos a caminar rápidamente entre los pacientes y funcionarios que usaban los pasillos, pasillos que había llegado a conocer tan bien como mi casa. Pacientes nos saludaban mientras trotábamos entre ellos, pacientes que habían hecho del hospital, su único refugio y hogar.
- No, milagrosamente ha estado bastante lento y los doctores todavía no llegan, así que… Todavía te quedan unos minutos más de descanso.
- No – dije, alejando la idea de mi mente, por más tentadora que pareciera. – Me siento mucho mejor – Mentí, sonriendo ampliamente para hacerle creer que lo que decía lo sentía de verdad. Después de unos segundos de que Zach me escaneó con esa ceja alzada que todavía me ponía de los nervios, después de haber compartido tanto tiempo juntos, me alejé de él y me perdí entre la gente.

Seguí mi día tratando de no pensar en el dolor que había tenido y al final de mi turno me sentía tan bien como lo había hecho esa misma mañana, con la única diferencia que ahora estaba cansada y tenía los pies tremendamente adoloridos he hinchados después de haber caminado el largo del hospital varias veces por hora.






Espero que les haya gustado, ya más acción vendra en el próximo, que lo tengo casi listo :D
Besos!
Uno nunca está preparado para las catástrofes, de esas que afectan a miles de personas o de esas que sólo despedazan tu corazón.

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Re: Vidas Paralelas. Merodeadores

Notapor Natis Weasley » Vie Sep 16, 2011 11:06 am

Hola!! :D
Nueva lectora
Esta muy interesante (por decirlo asi)
En menos palabras ME ENCANTA :mrgreen:
Cuando vas a subir el otro capitulo avisame si??
Chao,un beso
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Re: "Vidas paralelas" [Merodeadores] Cap. 2

Notapor V&7a... Potter » Sab Nov 26, 2011 11:40 am

Para que no crean que soy de esos escritores que publican y despues se van... Aquí va el tercer Capitulo.
Muchas, muchas gracias a los post que llegaron como respuesta, siempre es inspirador ver que a gente le gusta lo que tu haces :D
Enjoy :D

Capítulo Tres

James

Pasaron días después de mi visita antes de que viera a Sirius aparecer en la oficina, con su brazo en cabestrillo y más pálido de lo normal, pero sonriente y con ganas de volver al trabajo. El equipo táctico al cual pertenecía junto con Sirius y, semanas atrás Remus, fue llamado a una reunión para informarnos que teníamos que ir al fin del mundo, tomar la primera derecha y después cuando llegáramos a las montañas, nos tiráramos desde un arrecife hacia una casa que tenía un campo eléctrico recorriendo sus paredes y techos que si los tocabas te rostizaba, en vez de una cerca con flores en maceteros. La razón, obviamente, salvar al mundo. En días comunes y corrientes, ir a completar mi trabajo sería mucho más emocionante que pasar el fin de semana en mi casa con la compañía casual de una bella mujer, pero ahora, la misión parecía simplemente aburrida sin Sirius para salvarme la vida y al mismo tiempo, complicar todas las cosas a su paso.
Se notaba en la cara de mi amigo que tenía muchas ganas de ir, pero aunque yo también quería sentirme acompañado en esos momentos de locura y adrenalina, su hombro no iba a dejar que rindiera un 100% y ninguno de los dos se podía permitir que el detalle más mínimo saliera mal por simple que la misión fuera.
Camino a la frontera entre Algeria y Libia, repasé el plan con mi nuevo compañero que en muy resumidas cuentas era entrar por un conducto que estaba lleno de gases tóxicos, electricidad recorriendo todo el piso, paredes y techos que al más mínimo toque te dejaba con rostización cerebral y avisaba a la seguridad de la casa que tú estabas ahí y, como toque final, una puerta con detector de retina. Llegamos un par de horas antes del amanecer al acantilado que nos iba a dejar casi sobre el campo de fuerza que utilizaban como primera barrera de protección. Buscamos los instrumentos necesarios que mis contactos habían dejado camuflados como una roca (cuando apenas se ve lo que tienes a 1 metro, el camuflaje de roca es bastante efectivo), nos atamos a los paracaídas y nos aseguramos, por millonésima vez que no habían personas cerca que pudieran ser un peligro para nosotros. Al encontrarnos en el punto donde debería estar la entrada, empezamos las medidas para entrar y robar, perdón, rescatar las cabezas nucleares en los dos minutos en que podíamos maniatar la vigilancia por cámaras.
Mi corazón empezó a acelerarse como siempre me pasaba antes de entrar en terreno desconocido. Se secó mi garganta y sentí el aire entrando por mis narices, más frío y más denso de lo normal. La temperatura era cercana a los 0 grados y un viento que podía llegar a sostenerte si es que te reclinabas en su contra. Mundungus estaba encargado de sacar las trabas que nos permitirían abrir la compuerta y yo estaba encargado de corromper la seguridad con ayuda de Albus y Frank desde Londres. Demoré menos de lo que esperaba en entrar en las cámaras y comenzar el bucle de imágenes, así que ayude a agilizar la apertura de la compuerta, pero pude comprobar que era verdad lo que decían sobre este hombre, era casi una experiencia religiosa verlo trabajar con tanta facilidad sobre estructuras tan delicadas con esas manos regordetas y toscas que él tenía. Cuando llegamos a la puerta de acero, teníamos 10 segundos de adelanto. Pasamos la puerta después de que Mundungus en pocos segundos corrompiera el detector de retina como si fuera algo que hacía todos los días y al cruzar el umbral e iluminar la habitación, nos encontramos de frente con las cabezas de plutonio. ¿Por qué siempre tenía que ser plutonio? ¿No se les ocurre otra cosa que huela un poco mejor? Tomamos los kilos en los recipientes que traíamos en nuestras mochilas y, cuando bajé la vista por dos segundos para cerrar mi bolso, escuché el clic del seguro de un arma y sentí el frío del cañón de metal en mi temple izquierdo. Tuve dos segundos para girar mi cabeza y ver el mango de la pistola viajar a toda velocidad hacia mi cabeza y yo, sin poder hacer nada a pesar de todos mis años de entrenamiento, quedé inconsciente en el piso y lo último que escuché fue que la alarma comenzaba a sonar.

Cuando volví a abrir mis ojos, me encontraba atado de pies y manos a una silla de metal. Escuchaba voces a unos metros, pero no podía descifrar lo que decían. La pieza en la que me tenían era de concreto y lo único que la iluminaba era una lámpara con demasiados watts de potencia apuntada hacia mi cara.
Estaba seguro de que después de caer inconsciente, Mundungus me siguió pateando las costillas y la cabeza, pues sentía el olor de sangre cerca de mi nariz y podía percibir la tirantez que la coagulación de sangre provocaba en la piel de mi frente y parte de mi mejilla izquierda. También, cada vez que trataba de inhalar, por más superficial que la respiración fuera, un dolor punzante se incrustaba en mi costado. Quizás 3 costillas rotas en mi lado izquierdo y, como toque final, mi hombro derecho parecía dislocado por la poca sensibilidad y movilidad que tenía sobre él. Era la segunda vez que prendían esa maldita lámpara en frente mío y el mismo matón Algeriano me hacía la misma pregunta:
- ¿Dónde están las cabezas nucleares?
- Sé que no tienes que ser muy inteligente para trabajar aquí, torturando gente para sacar información, pero por casualidad, ¿no se te ocurrió la idea de que a mi también me robaron el plutonio? Hasta donde yo recuerdo, había otra persona trabajando conmigo, que me dejó inconsciente y se largó con sus jueguitos nucleares - Era estúpido contestar así, pero ¿qué otra información podían sacarme con respecto a las cabezas?
Las voces que había escuchado antes provenían de una habitación contigua a la mía, pero en ese minuto, se movían para entrar a mi celda.
- ¿Para quién trabajas? - una de las voces me preguntó, tirando mi pelo hacia atrás, dejando mi cuello expuesto. Uh, ahí llegamos a un campo donde no puedo darte información aunque quisiera y de todas formas nunca voy a querer. Eran cinco personas ahora los que están presentes en mi interrogatorio si no me equivocaba en diferenciar sus voces y todos se pusieron alrededor mío. Yo respiro hondo y me preparo para lo peor. - Te lo voy a preguntar una vez más, pues de verdad no quiero gastar energía haciéndote daño. ¿Para quién trabajas? ¿Cómo te enteraste de las cabezas?- Esas son dos preguntas - El sonido de un látigo y un dolor agudo a lo largo de mi mejilla llenaron todos los resquicios de mi mente. Mi ojo derecho se estaba cerrando acorde a la hinchazón que el látigo había producido y gotas de sangre resbalaron de mi mentón a mi cuello. Dejé escapar un controlado grito por mis labios y traté de luchar contra las amarras en mis muñecas. No iba a salir vivo de aquí, no importa si les decía todo o no. Bajé la cabeza por un segundo y ordené mis pensamientos. Sentía la respiración calmada de mi captor cerca de mi oído izquierdo, murmurando algo de vez en cuando, pero me era imposible entender. Mi vista estaba totalmente perdida en mi ojo derecho y estaba seguro que la herida en mi cara iba a necesitar cirugía reconstructora.
- ¿Vas a cooperar ahora que sabes que no estamos jugando a los espías? - anunció una voz femenina en la esquina más lejana a mi silla que no había emitido sonido hasta ese momento.
- Ya conoces la pregunta. Cuando te sientas listo para responderla, sólo grítala. - el autor del latigazo dejó su instrumento en una mesa de la cual no me había percatado antes y guió al resto de la gente afuera.
Por nada del mundo iba a traicionar a mi país para salvar mi pellejo. Sabía que las cosas podían salir mal cuando entré a la RSI, y habían salido mal varias veces ya, pero nunca se me había pasado por la cabeza cometer traición.

Sirius

La comunicación con James se había perdido y Mundungus había desaparecido con una rapidez tremenda. Al fin se había descubierto la habilidad de ese espantapájaros humano: La traición y el engaño. Se iniciaron los protocolos de rescate para sacar a James desde las garras de estos terroristas con la agilidad alcanzada gracias a la mano dura de Lupin, quien en esos momentos estaba haciendo llamadas a todos los contactos que tenía en el oriente medio y yo, por mi parte buscaba imágenes satelitales de la casa en cuestión. Una de las cosas que me gustaba de ese continente era que los satélites tienen un alcance maravilloso y, gracias a eso, pude registrar que habían sacado a James del edificio y lo habían trasladado a la ciudad, donde se metieron a un subterráneo, donde perdí la pista de mi amigo.
- Ni las cámaras térmicas funcionan en subterráneos, ni puedo infiltrarme en las cámaras de seguridad de ese aparcamiento, porque ¡No tienen ninguna conectada a una red de internet! - dijo Frank, tecleando desesperadamente, para después levantar ambas manos sobre su cabeza y dejarlas caer con brusquedad en un signo de desesperación e impotencia.
- Averigua cuantas entradas tiene ese edificio y sigue a todos los autos que salgan de ahí, hasta que averigües donde está James - dijo Remus, con la voz más dura que podía tener, pero yo lo conocía y estaba seguro de que faltaban sólo unos minutos antes que se desmoronara.
- Alice y Sirius te pueden ayudar con eso. Si es que más de un auto sale al mismo tiempo.
La novia de Frank se puso a trabajar tan eficientemente como el mismo Frank y en tiempo récord, teníamos todas las salidas cubiertas y los planos del edificio si es que la extracción se debía llevar a cabo en ese mismo lugar.
- Me voy dos semanas y ponen a mi división bajo investigación por presunta traición y uno de mis mejores agentes desaparece en acción. ¿Se dan cuenta de por qué mi presencia es sumamente importante? - la figura alta y delgada de Albus Dumbledore apareció en la sala de conferencias, donde teníamos montada la vigilancia del edificio - No estoy diciendo que el trabajo de Remus haya sido negligente, al contrario, estoy muy impresionado de este joven, y de la eficacia en la cual RSI se ha visto envuelta, pero volviendo al punto, digamos que yo soy algo así como… ¿Cómo decirlo sin que suene extremadamente egocéntrico? Un talismán de la buena suerte. Si, malas cosas pasan cuando yo no estoy cerca.
- Hola, Albus - dijo Remus, entrando a la sala - llegas en el momento que más te necesitábamos.
- Entiendo que estás preocupado por tu amigo, pero hemos resuelto cosas peores - dijo el director, dándole unas palmadas en el hombro a Remus. - Supongo que vigilancia del edificio donde tienen a James ha sido montada y todos los contactos han sido ubicados para obtener información.
- Exacto. Ahora iba a llamar a las autoridades de Algeria para informar la desaparición de James, pero…
- Tengo entendido que las autoridades no admiten la existencia de las cabezas, por lo que la misión va en contra de los tratados. Deben ir sin que el Estado de Algeria lo sepa. Preparen un jet militar con un equipo de asalto. Los quiero ver montados en ese avión en 1 hora.
- No, Sirius. Tú no puedes ir - dijo Alice, agarrándome de la muñeca.
- Tu trabajo será mejor sentado en ese mismo lugar donde estabas en vez de un avión de asalto - dijo Albus, dirigiéndose, después de esto, a su oficina a hacer llamadas sin descanso.


Lily

Llegué a mi casa y, gracias a Dios, Izzy tenía la cena preparada para cuando atravesé la entrada. Una de las cosas maravillosas de tener a Izzy viviendo en la misma casa es que ella se relaja y descansa cocinando o, en días soleados, trabajando en las plantas que adornaban mi pequeño jardín de balcón, que yo tenía en la fina línea entre la vida y la muerte antes de que ella llegara a hacer mi casa en un hogar. Izzy Grossman era mi compañera de clase y trabaja en un turno que esta separado del mío por solo 2 horas en su inicio y final, así que siempre alcanzábamos a comer juntas antes de que ella saliera a su turno o yo al mío. La doctora Grossman se había especializado en traumatología y en estos momentos su rotación era de traumatología de urgencias, llevándola a pasar toda la noche en el hospital. Desde ocho de la noche hasta 5 de la mañana y yo, empezaba a las 7, por lo que comíamos un rápido desayuno juntas (que yo siempre me encargaba de preparar, para repagarle de alguna manera el que ella preparara cena casi todas las noches) y ella se iba a dormir, mientras que yo salía a trabajar.
- ¿Estás enferma? – me preguntó, en cuanto puso sus ojos sobre mi.
- Ojala estuviera enferma – dije, tirando mis bolsos y delantal en el sillón más cercano, sillón que habíamos puesto ahí solo para ese propósito, pues ambas llegábamos a la casa con ganas de deshacernos de todo lo que ocupaba nuestras manos y desplomarnos, en el mejor de los casos en nuestras camas… O en ese mismo sillón. – todo el día con dolor de cabeza que por más que me medico, no puedo hacer que desaparezca. Estuve pensando en conseguir morfina, pero me acordé que ahora piden receta médica para sacarla en la farmacia del hospital y andar pidiendo receta o morfina por los pasillos se vería muy…
- ¿Sospechoso?
- Algo así. – Nadie sabía de cómo me había afectado el accidente y no quería que nadie se enterara de la verdad, pues ya me era complicado crear excusas para explicar porque yo era la única que se olvidaba de toda la gente con la que había trabajado hace un par de años atrás o los compañeros con los que había compartido tantas noches despiertos tratando de terminar trabajos.
- Yo tengo un poco en mi maletín, de la última vez que hice una visita a domicilio. ¿Todavía la necesitas?
- No lo creo… La peor parte fue esta mañana. Si consigo dormir aunque sea un poco, estoy segura de que se me va a pasar.
- Y mi deliciosa receta de carne asada con vegetales y papas dulces también te va a ayudar. – comentó ella, orgullosa de sus habilidades cocineras
- Lo más probable. – sonreí - La última vez que comí fui a las 11 de la mañana y fue un simple pan con mermelada que estuvo cerca de ser forzado a bajar por mi garganta
- Supongo que el desquiciado que te obligó a comer fue Zach
- Sip. Trata de hacerme comer cada vez que está cerca de comida. – Izzy me sonrió efímeramente y desapareció con más apuro del necesario de mi vista. Escuché platos y ollas en contra de la encimera y mientras me sentaba en la pequeña mesa de la cocina y esperaba a que Izzy terminara de descargar su rabia con los utensilios de cocina, recordé la relación que mis dos mejores amigos solían tener.

Fueron novios durante casi 5 años y fueron ellos dos los que me ayudaron a volver a la escuela de medicina después de mi accidente, pero después de tanto tiempo en que yo los creí inseparables, Izzy llegó un día a clases y me preguntó si podía mudarse conmigo. Había, hasta ahora, estado viviendo con Zach y la única razón que los dos me dieron fue que se habían dejado de amar, que nada malo había pasado entre ellos, si no sólo que el amor se había ido y que ya no podían seguir estando juntos. Izzy lloró todas las noches durante una semana y sé que Zach anduvo igual o peor que ella durante el mismo periodo de tiempo, pero todavía, después de casi 6 meses, no se puede hablar de Zach en esta casa sin que ella se escabulla de mi vista.


James

No quería pensar en lo que iba a pasar, ni en las cicatrices que en lo que estaba pensando iban a dejar, pero tenía que salir de la habitación lo más rápido posible o si no, moría en manos del grupo que había estado tratando de exterminar. La circulación de sangre en mis manos había llegado a un punto donde casi no se le podía llamar circulación, por lo que la sensibilidad en ellas era mínima, así que empecé a mover mis muñecas para ver si podía liberar mis extremidades de la amarra. Poco tiempo empezado el forcejeo, comencé a sentir como la piel de mis muñecas y manos se había comenzado a desgarrar y mis extremidades podían, al fin, pasar por el yugo que las ataba.
Después de 15 minutos de lucha, logré sacar la mano que no dependía de mi hombro derecho, el cual aunque tratara no podía ponerlo en su lugar y comencé el mismo proceso con la otra mano. Cuando creía que la situación se había puesto un poco en mi favor, una de las personas que antes había estado en mi intento de interrogatorio entró a la celda.
- Supongo que ya te sacaste las amarras – reconocía esa voz, fue la persona que me permitió aclarar mi mente al sacar a la gente de aquí, después de amenazarme – y si no te las haz sacado, apúrate, porque tu captor jefe va a venir en unos 20 minutos y lo único que te puedo ofrecer en este momento es una pistola, completamente cargada, aunque eso es todo lo que necesitas para salir de acá si eres tan bueno como dicen – la mujer se acercó a la silla a la cual me tenían amarrado y puso el arma en una de mis ensangrentadas manos. Después de sentir sólo el olor de sudor y sangre que reinaba en mi infierno personal de cuatro paredes, sentir el delicado perfume de esta mujer, me dejó totalmente atontado. Me traté de acercar un poco más a ella, pero se movió rápidamente hacia la salida de la celda.
- Ehm, la celda tiene vigilancia en la entrada de la celda solamente, así no arriesgan que los métodos de tortura se descubran. En su defensa, tengo que decir que por aquí son bastante creativos en ese aspecto. Por ahora estoy dejando que ellos vean un círculo de imágenes, pero terminará en 10 minutos, así que sal de aquí rápido
- ¿Por qué me estás ayudando? – pregunté, mientras ella se alejaba aún más, girándose para salir del lugar, tratando que sus tacones no retumbaran tanto en contra del suelo de cemento.
- Porque Albus me pidió que te salvara el trasero – dijo, y escuché que trataba de surpimir una carcajada. ¿Se estaba riendo de mí? – ah, se me olvidaba – se volvió a acercar a mi y me susurró e el oído mientras tomaba mi hombro y mi mano derecha – trata de no gritar. Nos meterías a ambos en serios problemas y no creas que tu vida vale la pena hechar a perder mi misión. – y sin más, volvió a poner mi hombro dislocado en su posición. Apreté mis dientes y sólo un gemido de dolor se escuchó desde mi garganta – buen chico. Ahora te quedan 7 minutos si quieres salir desapercibido. Trata de no matar a nadie si es que no es absolutamente necesario. Creo que no soy la única que trabaja para la RSI que está infiltrada – me dio unas palmaditas en el hombro que recién había vuelto a la normalidad y antes de abrir la puerta, se paró girándose rápidamente – la salida más rápida está a tu izquierda, si sigues las ventanas en el cielo, pero antes de llegar a la puerta, tienes que encargarte de desconectar la alarma que hay en la manilla. - ¿Cómo se las ingenió para moverse tan seguramente sin chocar contra mi o ubicar mi hombro con tanta facilidad? Fue lo primero que se me vino a la cabeza, preguntándome cómo se las había arreglado para nunca parecer insegura en sus movimientos, o dudar dónde ponía sus manos. La pieza estaba completamente a oscuras y mi visión nocturna nunca había sido o iba a llegar a ser mejor que en este momento.

Visión nocturna sobrehumana o no, carecía de cualquier referencia hacia dónde se encontraba la puerta, o si es que quieres mis detalles, dónde terminaban mis piernas. Después de ese segundo de pensamiento divergente, deshice los nudos que ataban mis tobillos a la silla de metal, me preocupé de que el arma estuviera en buenas condiciones y cuando encontré la puerta, me lancé a través de ella.
Seguí las direcciones que me habían dado y aunque la alarma me tomó más de lo esperado, logré salir de este subterráneo. Bajé mi arma al darme cuenta de que nadie me perseguía y no había nadie en el campo abierto en el que me encontraba. Traté de escuchar si es que había tráfico en algún lugar cercano, pero sólo podía oír los latidos que retumbaban en mi caja toráxico a una velocidad que solo la adrenalina me podía llegar a poner. Recorrí el edificio por el borde de la construcción, asegurándome de que no hubieran cámaras que me llevaran a volver a estar en esa celda. Llegué al final de la propiedad con serias posibilidades de caer en el suelo por la deshidratación y con toda mi ropa mojada en sudor.

Sirius


Gracias al calor que el sol de medio día forzaba dentro del suelo de Argelia, las pantallas de Frank y Alice demostraban en su mayoría colores cercano al naranjo y los azules que mostraban la existencia de edificios, los cuales lentamente también se convertían en naranjo, absorbiendo el calor que el sol irradiaba, más lentamente que le suelo.
Habíamos movilizado 2 satélites de vigilancia nacional para monitorear cualquier persona que entrara o saliera del edificio en el que habíamos determinado que James estaba. Albus había recibido una llamada que le tomó dos segundos y salió de su oficina con una sonrisa mezclada con expectación.
- Pon las cámaras satelitales, sin imagen térmica en la salida oeste. Frank, mantén la térmica en el edificio y mantén un ojo en las salidas.
- ¿Tu contacto hizo su magia? – pregunté, cuando me di cuenta que gran parte de la preocupación de Albus había desaparecido.
- No es mucho lo que pudo hacer, pero se encargó de dejar a James libre… más o menos.
- Es mejor que como empezamos – dijo Remus – por lo menos sabemos que está vivo
- ¿Está entero? – pregunté
- Al parecer, aunque el lugar donde lo tuvieron no era un hotel 5 estrellas
- ¿Tienen rescate médico, cierto? – Alice preguntó
- A menos de 2 minutos. James tiene que salir de la propiedad y es nuestro. Si es que sale – dije, inspeccionando por millonésima vez ambas imágenes en la pantalla
- ¿Porque no pueden ir a buscarlo adentro, si ya estamos en el país a escondidas del gobierno? – preguntó Alice, haciéndose sonar los dedos
- Los paramédicos están con autorización del gobierno, no pueden irrumpir en propiedad ajena, porque no saben que a James es al que tienen que rescatar – dijo Albus, encogiéndose un poco para poder ver en mi pantalla - De un momento a otro, la entrada oeste percibió movimiento y, después de segundos que parecieron siglos, James salió por la puerta. Caos se formó en la pequeña oficina de Frank y los avisos correspondientes a las unidades de rescate se hicieron sin demora.
- Mantengan su atención en el edificio, no creo que sea tan fácil salir de esta.
- Pero James – dijo Alice, tratando de tener en la pantalla el edificio ya James
- Los de rescate ya saben que hacer, no pierdan de vista el edificio – Urgió Albus, apretando el respaldo de mi silla. Aunque me preocupa James, años de experiencia me habían enseñado a escuchar los que Albus tenía que decir. Dejé de seguir a James en su escape hacia donde lo podían rescatar y me concentré en los sutiles movimientos que las cámaras captaban en las ventanas y en el techo. James había conseguido llegar casi a la mitad del trayecto que lo separaba de la libertad, cuando Frank percibió movimiento en una de las ventanas superiores que veían hacia el punto de extracción
- ¿Confirmación? – preguntó el comandante del equipo de rescate, pidiendo confirmación para crear un perímetro seguro alrededor de James, irrumpiendo en la propiedad, arriesgando que la alarma sonara y, quizás, la mitad de un ejército armado comenzara a atacar. Miré la pantalla en la cual se podía apreciar movimiento, pero la cámara no nos permitía diferenciar nada. – cien metros para que el objetivo llegue a un punto neutro. Noventa.
- Vamos james, una carrera no puede dañar a nadie – susurré, casi son miedo a pestañear para no perderme de nada. Remus se acercó a mi pantalla y la observó durante dos segundos.
- Tiene un arma. Estabilizar perímetro. ¡Ahora! – en ese momento, James cayó al piso y los extractores se movilizaron con velocidad impresionante y sacaron a James de peligro
- ¿Qué pasó? – preguntó Albus, dirigiéndose al comandante - ¿Qué era lo que tenían?
- Dardo tranquilizante de alto alcance. Creo que tiene una sustancia a la que se le puede seguir el paso. Si, por el tamaño de la aguja lo deben estar siguiendo. ¿Seguimos el protocolo?
- Exacto. Encárguense de limpiar todo antes de acercarse a Inglaterra – Albus desconectó el auricular y lo dejó en la mesa de Frank antes de hacerse sonar los nudillos – bueno, eso fue emocionante. James está en buenas manos, llegará a Londres en un poco más de una semana y está vivo, así que no hay nada de que preocuparse. Todos a trabajar. Ya saben como me gustan esos informes – y sin decir más, se encerró en su despacho por el resto del día.

Estaba seguro de que no iba a poder dormir hasta que supiera exactamente lo que le habían inyectado a mi amigo y cuanto tiempo iba a pasar antes de poder volver a verlo. Siempre me burlaba de todo lo que James se preocupaba de mi cuando salía herido, porque comúnmente era yo el que estaba sujeto a pruebas para virus prácticamente desconocidos después de haberme encontrado con una sala experimental o algo radiactivo o algo por el estilo. pero ahora, cuando James había sido secuestrado porque yo no había podido ir con él a recuperar unas cabezas radioactivas, una misión que hubiera sido facilísima si es que Mundungus no hubiera sido un doble agente, podía entender perfectamente por lo que James había pasado todas esas veces. La angustia me estaba comiendo por dentro y tenía que vivir con ella hasta saber si James iba a sobrevivir. ¿Podría tomar alcohol con los medicamentos que me habían dado para mi brazo? No estaba seguro. No había puesto atención cuando me dieron esa información, pero ojos verdes probablemente sabía que hacer. Ahora, ¿Dónde había dejado esa tarjeta?

Lily

Las últimas 2 semanas habían sido las vacaciones con menos descanso en el planeta. Había pasado gran parte de ellas viajando y no a lugares donde la gente comúnmente va a vacacionar y no porque yo había planificado el viaje. Fue par ayudar al amigo de un amigo que había tenido un problema y todo eso… pero, en fin, ya estaba de vuelta en Londres, acurrucada en mi cama y dispuesta a dormir lo más que fuera capaz… Lo cual no fue mucho.
- ¿Aló? – dije, con más odio dirigido hacia el que llamaba del que se merecía
- Tómate algo para calmarte. Quizás un relajante muscular. Yo te llamo en un par de minutos, cuando la píldora esté haciendo efecto.
- Perdón, mamá, pero es que no he dormido nada en los últimos días. ¿Cómo estás?
- Cambiándonos de casa, por supuesto
- Como siempre
- Ojala que esta sea la última vez. ¿Te conté que a tu padre lo nombraron consultor de RSI?
- Si, algo mencionaste. Eso significa no más misiones, ¿cierto? Él solo las coordina
- Exacto. No más viajes a lugares que no puedo pronunciar correctamente el nombre, no más cambios de casa, ojala
- Dale las felicitaciones a mi papa. Pero supongo que él no está contento con eso
- No, para nada. Hiperquinético como siempre, tu sabes como odia los trabajos de oficina. Imagínate que quería ser entrenado. ¡A los 55 años! ¿Te lo imaginas ahí, con ventiañeros, intercambiando puñetazos y patadas voladoras?
- Me lo imagino, de hecho. Mamá, de verdad que no he dormido nada
- Oh, lo siento. Te llamo mañana
- ¿Estaría bien si me paso mañana para almorzar?
- Suena genial, nos vemos
- Chao

Dejé el celular en el velador y me estiré en mi cama, lista para dormir hasta que los ojos se me hincharan, pero no
- Mamá, te dije que iba a ir a almorzar contigo mañana, ¿Qué más quieres?
- Me han nombrado de muchas formas en mi vida, pero mamá, definitivamente es algo nuevo. Aunque no sé si me gusta. Dilo de nuevo – genial. ¿Se habían puesto de acuerdo para llamar cuando yo lo único que quería era dormir?
- ¿Con quién hablo? – pregunté con voz cansina, cerca de quedarme dormida.
- Sirius Black al otro lado de la línea. Nos conocimos
- En el hospital, si me acuerdo de ti y me estoy arrepintiendo de haberte dado mi numero personal
- Siento haberte llamado en un mal momento. ¿Quizás mañana podemos tomar desayuno juntos? Son las 5 de la tarde, no puedes negarte para que nos juntemos a las 9 mañana. Son 17 horas de sueño. Pocos humanos lo han conseguido sin ayuda de pastillas
- Son 16 horas si cuentas la ducha, el alistarme y llegar al lugar
- Te ofrezco 16 horas y media de sueño si me dices donde vives. Hago unos omelettes increíbles.
- Ok, anota.

Mi despertar al otro día fue maravilloso. Si, eran las 7 de la mañana, pero yo me quedé enredada entre mis sábanas hasta que me llegó la necesidad de levantarme. Hacía tiempo que no me levantaba horas después del amanecer y la vista desde mi ventana hacia el río Támesis me pareció más bella de lo común. El sonido de la cafetera anunciando que mi café estaba listo me sacó del hechizo en que los reflejos de un inesperado sol matutino en las pequeñas olas del río, me habían puesto. Café era lo que necesitaba para empezar el día en el que no tenía la más mínima cosa planeada, cosa que pasaba por primera vez en casi 2 años.
Uno nunca está preparado para las catástrofes, de esas que afectan a miles de personas o de esas que sólo despedazan tu corazón.

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Re: "Vidas paralelas" [Merodeadores] Cap. 3

Notapor Pam. » Sab Nov 26, 2011 11:57 am

Tema movido a la Sección Prohibida.

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Re: "Vidas paralelas" [Merodeadores] Cap. 3

Notapor V&7a... Potter » Jue Ene 19, 2012 9:42 pm

Bueno, parece que el fic no ha tenido tanta recepción como esperaba, pero no soy de esas que dejen las cosas por la mitad, así que veré si acorto a 10 cap solamente el fic....
Ya hacia el final, sube el tono dek fic, asi que lease con cuidado JeJe...


Capítulo Cuatro

James


Desperté. Sabía, por lo menos que estaba vivo. Y rodeado de olores que eran fácilmente encontrados en un hospital. Genial. Después de todo lo que me había costado salir de ese lugar, me capturaban para practicar experimentos quirúrgicos que me iban a matar. Genial.
- James, tranquilo, estás en Mónaco, en un hospital aliado a la RSI. Albus y Remus van a estar contentos de que al fin despertaste. – “¡Oh!, o sea que no me habían secuestrado de nuevo, me habían rescatado. Genial, porque estaba pensando que mis capacidades como espía habían expirado al haber caído secuestrado dos veces en menos de dos días”
- Me alegra saberlo. – dije, esforzándome recién para enfocar mi vista en la persona que me estaba hablando.
- No te pudimos llevar directamente a Inglaterra porque te habían inyectado un líquido transmisor en el momento que te sacábamos del lugar. Deberás pasar aquí un par de días antes de poder volver
- ¿Qué pasó?
- Saliste del lugar, cruzaste la propiedad, estabas deshidratado, el calor de deshidrató aún más y te dispararon un dardo a larga distancia – el hombre que hablaba salió de mi rango de visión y volvió a él con lo que yo suponía era mi historial médico, porque sino, ¿para qué iba a tener una enciclopedia en la mano mientras atendía a un paciente? – al parecer algo que te pasa frecuentemente.
- La historia me suena familiar, si
- Bueno, cualquier cosa, aprieta el botón rojo. – “Uh, me encantan los botones rojos… siempre algo interesante pasa cuando los aprietas” – No te muevas mucho, que tienes morfina y varios otros analgésicos pasando por tu intravenosa y lo ideal es que no se enrede. – “Bueno, eso explica los pensamientos erráticos”
- Gracias, doctor…
- Bridge, Hermes Bridge – y salió de la pieza. Al parecer, todos los doctores que sabían algo sobre la RSI nunca dirigían la palabra más de lo necesario a un paciente.

El hecho de saber que ya estaba a salvo, o por lo menos lo estaría mientras me quedara dentro del hospital, me llenó con un sentimiento de tranquilidad que no sentía desde hace tiempo. Me acomodé lo más que pude y me permití dormir hasta que la otra ronda de diálisis me exigiera estar despierto.
Los días de recuperación pasaron rápidamente y ellos casi no trajeron mejora en mis dolores musculares, por lo que tuvieron que ayudarme a subir a todo el transporte que necesitaba para llegar a Londres. La agencia había avisado a mis padres que en un desafortunado accidente, mientras excavábamos un sitio arqueológico en Marruecos, había caído en un hoyo de 25 metros de profundidad en el que me tuve que quedar durante 2 días pues no era seguro mandar a nadie más, pues las paredes podían caer encima mío.
Mis padres creían que yo estaba interesado en la arqueología desde los 18 años, que fue cuando la agencia me ofreció trabajo y entrenamiento oficial, aunque ya había pasado la mayor parte de mi vida entrenando en todas mis vacaciones y feriados desde que tenía 11 años, bajo la excusa de un programa avanzado para deportistas o necesitar clases en los veranos porque era demasiado malo con gramática. La noticia de que me necesitaban como agente activo en el campo y que todo lo que hiciera o me enterara era estricto secreto nacional, me sorprendió mucho, aunque era lo que venía esperando desde el primer día de entrenamiento. Eso, sumado al entrenamiento, me impidió seguir viviendo con mi familia y el trabajo de antropólogo y sus viajes obligatorios eran la cubierta perfecta.
En uno de esos campamentos para “deportistas” fue donde conocí a Sirius y después de meternos en un par de problemas juntos y ser salvados por Remus y sus geniales planes de escape o hecharle la culpa a Peter, nos volvimos inseparables. Desde que teníamos 14, el orden del grupo se empezó a definir. Remus siempre dando órdenes, el que sabía hablar 10 idiomas y el que conocía todas las salidas de emergencia y nuestro eterno salvador. Sirius y yo, éramos la fuerza bruta del grupo, los que podíamos correr horas sin siquiera cansarnos y que desconectábamos alarmas o cámaras de vigilancia sin siquiera tener que conocer el modelo… y Peter, bueno, él era nuestra carne de cañón. El que entraba a la pieza primero y nos decía si estaba desocupada o se entregaba para que nosotros nos salváramos y, en todas las veces que él fue el capturado, nunca dijo una palabra sobre quienes lo acompañaban en sus misiones nocturnas.

Mi madre me recibió en el aeropuerto, tratándome como si yo todavía tuviera 3 años y me había pelado la rodilla por correr muy rápido y lejos de su alcance maternal.
- Traté que tu padre viniera a buscarte también, pero tú sabes como el trabajo lo tiene por estos días. Al parecer, necesitas al dueño de los hoteles para todo – dijo, mientras trataba de abrazarme con cariño, pero con el cuidado de no apretarme mucho.
- ¿Está en Londres o está viajando de nuevo?
- Está en Londres, debería estar en la casa para la cena.

Sirius

Había pasado a comprar todos los ingredientes necesarios que el desayuno de ensueño que iba a cocinar necesitaba y me dirigí a la dirección que me habían dado la noche anterior con la tranquilidad que la práctica y la experiencia me habían dado. Cuando Lily abrió la puerta con una taza humeante de café, en el pijama más despreocupado del mundo (y con un par de hoyos en el pantalón por debajo de las rodillas), entendí que se le había olvidado completamente
- Asumo que se te olvidó completamente nuestro desayuno – dije, levantando las bolsas que traía conmigo para demostrar mi punto. – al escuchar eso, abrió sus ojos y su boca formó una perfecta “o”, quedándose un par de segundos estática.
- Completamente. Ni siquiera estoy vestida – dijo, dejándome pasar rápidamente en cuanto volvió de su transe – cuanto lo siento, anoche estaba tan cansada que se me olvidó ponerlo en mi celular. – Recorrí con la mirada el lugar rápidamente y me pareció extraño encontrar tanta vigilancia en un departamento de soltera.
- ¿Por qué tantas cámaras? – Lily miró por unos segundos a la pantalla que mostraba el exterior del departamento (el que estaba en el piso 18), la entrada del edificio, la entrada al departamento y la puerta del ascensor como si debatiéndose consigo misma si decir la verdad o mentir
- Mi padre es paranoico – dijo al fin, encogiéndose de hombros y entrando a la sala de estar donde un sillón café claro y una televisión gigante con sistema de sonido digno de un cine ocupaban gran parte del lugar - ¿Te molesta quedarte solo mientras me voy a cambiar súper rápido? Siéntete como en tu casa – ofreció, mientras sonreía de lado y caminaba de espaldas hacia un pasillo que probablemente llevaba a las piezas. – el baño es la primera puerta a la derecha. ¿Quieres algo para tomar, por mientras? – se dirigió hacia la cocina y yo la seguí unos pasos por detrás
- Tengo una mejor idea. Tu anda a arreglarte y yo voy a preparar el desayuno. Así recibes tu desayuno más fresco y caliente.
- ¿No te molesta cocinar solo? – me preguntó, frunciendo su ceño tan adorablemente que tuve que contenerme para no alisar su frente con un beso
- Para cocinar vine – susurré, sonriendo de lado. Ella me devolvió el gesto y se dirigió corriendo a su pieza, mientras yo me ponía manos a la obra. Revisé todos los cajones y compuertas de la cocina, juntando todo lo necesario para crear un desayuno magnífico. Queso derretido, jugo natural, frutas, café, rodajas de pan tostado y omelettes estaban casi listos cuando Lily hizo su aparición, con el pelo mojado y poco peinado
- Se me olvidó decirte que yo vivo con alguien – comentó, acercándose lentamente a mi área de trabajo, sin sacar su vista de mi cara. Y hubiera deseado que hubiera estado mirando cualquier otra parte de mi hermoso cuerpo para que se hubiera perdido el gesto de sorpresa que se me escapó. Lily soltó una pequeña risa, pero no trató de explicarme nada sobre esa persona aparte de un – Quien debería estar llegando pronto
- ¿Estoy interrumpiendo algún tipo de preparación para la llegada de esta persona? – dije, carraspeando de vez en cuando dentro de la frase-
- No, no creo que Izzy espera que la reciba con algo, sabe que a mi se me quema el agua, aparte que ella está feliz con una cama calentita y una cocina para pasar su tiempo libre – los grandes ojos verdes de Lily no se despegaban de mi cara y, ésta no era una mirada a la que yo estuviera acostumbrado. Miradas libidinosas, de deseo y (si las cosas no terminaban bien) de odio o de deseo de venganza era ojeadas con las que yo sabía lidiar, pero ésta, ésta la consideraría fría y calculadora si es que en sus labios no se encontrara esa media sonrisa que insinuaba una invitación a un juego que yo no acababa de entender
- Izzy… interesante. ¿Corto para Isadora? – pregunté, volviendo a poner manos a la obra y dándole mi espalda lo más posible para que sus ojos que taladraban mi cabeza me dejaran de desconcentrar. Ella volvió a soltar esa risa acallada y cambió de posición en la cocina, lo cual era perfecto para mi, pues ya no tenía que tratar de no mirarla a la cara. Simplemente no podía mirarla si es que quería seguir cocinando.
- Corto para Isabel – comentó, comenzando a sacar platos y tazas para el desayuno – pero odia ese nombre – y un poco más de sal aquí y un poco más de azúcar al jugo y estábamos listos con el desayuno
- ¿Cómo la conociste?
- Somos amigas desde que entramos a la escuela de medicina - ¡AH! Amigas, ella misma lo dijo: somos amigas. Información con la cual mis peores pensamientos (buenos, no son tan malos si es que Izzy es flexible con su forma de pensar y acepta un trío, pero ese no es este caso… Bueno, quizás de todas maneras aceptan el trío. Habrá que preguntar) quedaron descartados. Al parecer ella también se dio cuenta (un poco tarde, tengo que decir) de su error y dejó de tratar de darme información tergiversada – Antes yo vivía sola, pero hace meses atrás, rompió con su novio, con quien estaba viviendo, y me pidió si podía venir aquí. Es una excelente cocinera, así que yo encantada de recibirla.


Lily

Aunque en un principio lo único que quería hacer era decirle a Sirius que había sido un completo y absoluto error el haber aceptado su invitación (de venir a cocinar a mi casa. Raro, pero verdad), después, agradecí a mi casi subconsciente el que le hubiera dado mi dirección, punto uno porque no hay en este mundo cruel, una imagen más sexy, perfecta y tierna que la de Sirius Black, parado en tu puerta, con las manos llenas de bolsas con ingredientes para hacerte un desayuno de 5 estrellas y, punto dos y final, porque no me había reído tanto en mucho tiempo atrás. ¡Ah! Se me olvidaba el punto tres y este si que es el final… el desayuno estaba exquisito (Al igual que Sirius). Todas las historias que tenía para contarme y hacerme reír de sus andanzas con sus amigos o en lo peligrosas que algunas de ellas se convertían. Pero de trabajo, en sí, no hablamos, pues a ambos el solo mencionar la palabra trabajo nos estresaba de inmediato y, para Sirius sería cometer traición y no quería meterse en más problemas con la RSI de los que ya estaba. Nos mantuvimos mayormente en temas amenos y sin importancia, donde hacer bromas (la especialidad de Sirius) era fácil y me daba a conocer lo buen amigo que él era.
- ¿Por qué me diste tú número? – preguntó, casi al final de su visita, cuando terminábamos de guardar la loza limpia en los gabinetes, después de una pequeña e indefensa discusión sobre quién lavaba los platos.
- Porque tú me lo pediste
- ¿Por qué decidiste hacerme caso? – reformuló la pregunta, apoyándose en la encimera medio de lado para poder seguir estudiando mi expresión, lo mismo que yo había hecho en un principio.
- No lo sé. Me pareciste tan desesperado – comencé y me llegó un paño de cocina en la cara – Creo que de alguna forma sabía que lo iba a pasar bien estando contigo, aunque nunca me imaginé que la primera vez que me llamabas, iba a ser para invitarme a hacer algo juntos. Comúnmente llaman para preguntar algo médico primero y después invitan
- Te iba a llamar para algo médico, pero después decidí sólo invitarte… - dijo como si fuera el pedazo de información más común y corriente del mundo. Después de unos segundos, me miró fijamente a los ojos y preguntó - ¿Es algo común para ti dar tu número a pacientes del hospital?
- Si es que nada importante les falta y si no tienen daño cerebral severo, si… Bastante común – me miró alzando una ceja y yo me reí enseguida, echando a perder de inmediato mi mentira – es poco ético insinuarse a los pacientes, aunque ellos lo hagan contigo. Se podría decir que eres uno de los pocos afortunados que he conocido en el hospital y los he visto, planificadamente, después, fuera de él.
- Tengo que decirte que si tuviera la seguridad de que tú me atenderás en mis próximas lesiones, sólo por ti, dejo que me hagan más daño
- Por favor, no. Me sentiría horrible si es que eso llega a pasar. Nos podemos ver sin la necesidad de tener que preocuparme por tu vida y curarte de por medio – Sirius se dirigía hacia la puerta y se giró tan de repente que choqué con él por andar distraída con la magnitud de su espalda
- ¿Me estás invitando a una segunda cita? – preguntó, poniendo ambas manos en mi cintura después de ayudarme a estabilizarme. Estábamos tan cerca que tuve que doblar un poco mi espalda hacia atrás, de paso apretando más de la cuenta nuestras cadera, para poder enfocar bien su cara y lo que vi me debilitó un poco las piernas. ¿Cómo podía ser tan atractivo? Me pregunto qué combinación genética tiene que tener para verse así.
- Solo me preocupo por tu salud física y mental, como buena profesional que soy – me las ingenié para parecer segura de lo que decía y de que mi mano no temblara mientras la dirigía y apoyaba en su pecho, en un signo de apoyo y preocupación. Pero después de un par de segundos con su fuerte latir de corazón debajo de mis yemas, las piernas sí me flaquearon y tuve que salir de su abrazo y poner distancia entre nosotros.
- A mí me encantaría una segunda cita – Sirius tomó el pomo de la puerta y la abrió, mirando hacia atrás
- Voy a estar muy ocupada los próximos meses
- Entonces tendré que dañarme un poco más
- ¡No! Te llamo, lo prometo – aseguré a ver su cara de: “Sabes, como que no te creo mucho”
- Adiós
- Gracias por el desayuno – y salió del departamento, pero antes de que yo pudiera cerrar la puerta, Izzy apareció y mi dirigió una mirada inquisitiva después de tomarse todo su tiempo en recorrer descaradamente el físico de Sirius, cosa que él ni se percató o que, seguramente, ya le pasaba tan seguido que ni le daba importancia.
- ¿Y ese quién era? – preguntó cuando cerró la puerta tras de ella - ¿Tiene novia? ¡Yo lo quiero para mi!
- Se llama Sirius Black – dije, tirándome en un sillón
- Uh, Black… Como tu consciencia – Bromeó, mientras yo me desternillaba de risa en el sillón, haciendo un rápido recorrido de los momentos recién pasados… Eso de que mi consciencia era de color negro, no estaba tan alejado de la realidad, si quería ser sincera conmigo misma.

James

Existen personas en este mundo (como incontables parejas pasadas) que nunca van a entender por qué a mí me gusta cenar con mis padres más seguido de lo que los hombres de mi edad lo hacen. He aquí, mi razón: Nadie, nunca, en la historia del mundo, cocina mejor que Agatha Potter, la mujer que tengo por madre.
Los primeros recuerdos que tengo son en banquetes que mi madre solía coordinar y cocinar para los amigos empresarios de mi padre, o cuando mi padre iba a terminar la compra de alguna cadena de hoteles lujosos, invitaba a los vendedores y, justo antes de terminar el trato y ¡Zas! Dejarlos son hoteles, (pero con mucho dinero por la venta de ellos en los bolsillos) mi madre dejaba a todos embelesados con su cocina y así, de una u otra manera anestesiados, el golpe de gracia de mi padre, dolía menos.
- Hace más de tres meses que no venías, así que tú todavía no conoces la nueva decoración – comentó Agatha, entusiasmándose de inmediato al hablar de su segunda pasión: Diseño de Interiores.
- ¿Remodelar de nuevo? – Ésta, si no me equivoco era la tercera vez que remodelaban en un año - ¿Por qué tanto? Yo todavía tengo la misma cama que me compré cuando tenía 19 años
- Y esa es muy buena cama, James. Te felicito por todavía tenerla, cariño, pero es que con tu papá fuimos a recorrer las calles de Marruecos para celebrar los 35 años de matrimonio y se nos ocurrió influenciar la casa con estilo marroquí, para así traer los buenos recuerdos de allá, para acá.
- ¿Cumplieron 35 años de matrimonio? – yo ni siquiera podía asegurar que iba a vivir todos esos años y mis posibilidades disminuían por cada segundo que estaba en ese auto mientras mi madre maniobraba entre el tráfico londinense como si estuviera montada en un auto blindado. ¿Por qué a mi padre nunca se le ocurrió comprarle uno de esos? Porque ella definitivamente lo necesitaba. – Una luz roja. Para, mamá.
- ¿Una qué? – preguntó ella, mirándome por unos segundos que me parecieron larguísimos sin sacar el pie del acelerador.
- ¡¡AHHH!! Nada, ya la pasaste… - mi corazón estaba que se salía de mi pecho y con todo lo adolorido que todavía estaba, tener algo bombeando en tu caja torácica con tanta fuerza y rapidez no es algo placentero.
- ¿Viste a ese auto? ¡No respetó un ceda el paso! – comentó, mirando como el conductor de adelante seguí sin detenerse.
- Un loco, madre, un loco.

Llegamos a la casa de mis padres en una pieza y agradecí al cielo que así fuera, prometiendo no volver a maldecir en una semana. Entrando a la casa, me encontré con mi padre esperando cerca de la puerta para recibirnos.
- Nunca más dejes que ella maneje por el centro, la próxima se mata – susurré al oído de mi padre mientras lo abrazaba.
- Veré lo que puedo hacer
- ¡James! – Mira las nuevas cortinas. ¿No te encantan esos patrones? – y así comenzó el tour de la casa remodelada y, seguido de eso, una cena con tantos platos marroquíes que los nombres se me confundía y olvidaba tan pronto como me los nombraban.

Me tenía que quedar un par de días en la casa de mis padres, por lo que avisé a Sirius que viniera al día siguiente de mi llegada. Por el teléfono parecía tan emocionado que yo me encontré pensando en el motivo de su felicidad cuando trataba de quedarme dormido.
- ¿Y ni siquiera puedes quedarte solo? – preguntó en cuanto entramos a una de las tantas salas de estar que la casa tenía
- El dardo dañó nervios y músculos, no puedo mover el brazo sin sentir dolor.
- ¡Puf! Y yo que te quería invitar a salir a bailar hoy en la noche
- Nah. Dime mejor quién es la que te tiene tan feliz.
- ¿Cómo? – preguntó Sirius – Estoy feliz porque tu volviste, Rambo… no porque haya salido con una pelirroja espectacular a quien no le tengo que mentir sobre mi profesión.
- Saliste con tu doctora – dije, abriendo un poco los ojos.
- ¿Por qué te impresionas? ¡Por supuesto que salí con ella! – replicó él, al parecer con una herida considerable en su ego.
- ¡Esto es tan injusto! ¿Por qué a ti te tocan doctoras con las que puedes salir, sin que parezca que sales con tu abuela?
- Espera un segundo. Es la única doctora que me ha tocado… A ti, siempre te toca salir y besuquearte con las otras agentes.
- Sólo porque la misión lo requiere. Es un sacrificio que uno tiene que hacer por la profesión y por la patria. A ti también te pondrían con esas cubiertas si es que pudieras mantener la cabeza fría y no sobrepasarte con tu supuesta pareja. – me defendí. Había pasado sólo una vez que a Sirius lo asignaron con una agente de sexo femenino, donde debían aparentar ser una pareja perfecta, casada, que quería comprar diamantes robados, para, en realidad identificar la cabeza de la organización que también vendía armamento en el mercado negro. La cosa es que, al final, la misión tuvo que ser abortada porque a Sirius le pegaron una cachetada y ella salió llorando del lugar, y, el objetivo, por raro que parezca, sólo hacía negocios con gente casada legítimamente y que tuvieran una relación de pareja ejemplar. Remus fue el que protagonizó la segunda vez y el reconocimiento fue un éxito absoluto y, mi amigo terminó viendo a la chica varias veces después, sin tener que pretender ser una pareja casada.

Sirius

Llegué a la casa de los padres de James con la duda de si contarle o no mis avances con mi doctora sexy, aunque, conociéndome, iba a dar a entender que todo iba a resultar perfecto y pronto, pero hasta yo tenía mis dudas de cómo, exactamente iba a salir todo. Afortunadamente, James sólo tocó el tema una vez y se desvió rápidamente de él, después de que yo contestara mi pregunta, para acordarse de esa infame vez, muchos años atrás, cuando recién empezábamos con las misiones encubierto, y yo me metí mucho en el papel que estaba interpretando y, al parecer ofendí a la puritana que tenía de “esposa”. Puede ser, si, que se me hayan ido las manos (la mano) a territorio de peligro, pero nunca tanto como para salir llorando del lugar y echar a perder la misión. Si yo fuera mujer y un guapetón como yo tiene que hacerse pasar por mi esposo (si es que alguien llega a acercarse a mi nivel de hermosura, cosa que dudo) yo feliz dejaría que se le fueran las manos. Aparte que hay que mantener la llama viva, en cualquier matrimonio, de alguna manera y, volverse un poco locos en un salón lleno de gente, sube la adrenalina y está comprobado científicamente que en momentos donde la adrenalina recorre tu cuerpo, encuentras a tu pareja cien veces más atractivo. Y yo también puedo añadir que cuando voy en misiones con Jimmy, lo encuentro más inteligente de lo que llegaría a admitir bajo tortura.
- Deberías llamar a alguien para que te ayude a vestirte y asearte si es que tanto te duele, Rambo – dije, estirándome en el sillón
- Sabía que no ibas a poder evitar ofrecerte para darme un baño de esponjas, Sirius – soltó el otro, batiendo sus pestañas con rapidez y lanzándome besos.
- Yo me refería a algunas de las chicas que te presenté, aunque sabes que me encantaría enjabonarte ese ese musculoso trasero tuyo que tienes, guapo.
- Escuché desde enjabonar en adelante y me estoy arrepintiendo haber venido a verte, James – Remus palmoteó mi hombro y desordenó un poco más el pelo de James, para después sentarse al lado mío
- Yo sólo le daba una excusa a James para tener a mujeres en la ducha en un sonar de dedos – comenté, haciendo sonar mi pulgar y dedo medio para enfatizar la rapidez – y a él se le ocurre ofrecerme el trabajo – solté
- No quería saber – dijo el rubio
- Como si a ti te molestara hacer el trabajo, Sirius – rio James
- No quería saber eso tampoco – siguió Remus, negando con la cabeza
- Lo que pasa es que ahora te duele tanto todo que durarías menos que un dulce en la boca de un niño
- Pero de todas maneras sería mejor que tu.
- Y ustedes dos siguen hablando como cuando tenían 17 años – dijo Remus, sonriendo y buscando algo que leer, mientras nosotros dos nos enfrascábamos en una de nuestras tantas conversaciones relacionadas con el sexo y nuestro desempeño en él.

Cuando volví a mi casa y comencé mi serie de ejercicios, los que comenzaban con 1 hora corriendo, dejé que mi mente divagara de nuevo hacia la pelirroja. Su carcajada que era tan sincera que contagiaba la alegría y su sonrojo inocente que provocaba quererla abrazar y mantenerla ahí por siempre. Su mirada grande, verde y ansiosa por conocer más, su pelo que desprendía un olor que me hechizaba y llamaba a enredar mis dedos en él. Tenerla más cerca, abrazarla, poner mis manos en su cintura, besar su nariz altiva, su cuello largo y delgado, sus labios esponjosos que invitaban al pecado.
Dejé de correr en la cinta para poder tomar un poco de agua y despejar mi mente de los pensamientos lascivos que me habían inundado. Seguí pensando en Lily, pero desde una perspectiva completamente distinta. Comencé a pensar en la confianza que se creó tan de repente, que nos unió y nos regalaba comodidad para hablar de cualquier tema o que, en el caso contrario, nos brindaba cautela para que no tocáramos ciertos temas que iban a terminar con el buen ambiente del que nos habíamos rodeado. Confianza tan grande y notoria yo había sentido solamente con amigos a los que conocía por años, pero con Lily… ¡Paf! Ya estaba ahí, como si siempre lo hubiera estado.
Dejé mi polera tirada en una silla y me dispuse a levantar pesas, pero el timbre de mi casa sonó antes de que pudiera, siquiera, empezar. Tal cual, sin polera, pantalones deportivos cortos y zapatillas, fui a abrir la puerta.
- ¿Sirius? ¿Ya te olvidaste de mi? – dijo la mujer parada en mi entrada. Me dio un beso en la mejilla y posó una de sus manos en mi estómago mientras pasaba por la puerta.
- Julienne – susurré, cerrando la puerta tras ella - ¿Qué haces acá?
- Una visita sorpresa – murmuró ella, mordiéndose el labio inferior y adentrándose en mi casa para sentarse cómodamente en un sillón, dejándome ver por la abertura de su abrigo, sus largas piernas, que fueron las que me llamaban a hacer abrazado por ellas.
- Bonita sorpresa – dije yo, también sentándome en un sillón que quedaba justo enfrente de ella. Ella sonrió y se mojó los labios
- Supuse que con todo lo que está pasando en la agencia y con James, necesitarías… – Se levantó del sillón y caminó hacia mi lentamente, desabrochándose el abrigo – relajarte un poco – y con eso, dejó caer la prenda y me mostró la mejor pieza de ropa interior que la mente humana había sido capaz de crear hasta el momento.

Lily

- ¿Tú cuando entras al trabajo? – preguntó Izzy, cuando se dio por satisfecha en mi interrogación acerca de Sirius Black. Habíamos acordado con Sirius, previamente, que nos habíamos conocido en el vuelo de vuelo de vuelta desde Mozambique (destino que sacó frases como: “¿Y ahí te vas a pasar tus vacaciones? ¡Estás loca?” de Sirius), en realidad, yo dije el lugar al que había ido y desde eso, Sirius se largó en una descripción detallada de cómo nos habían tocado asientos juntos, de cómo yo había dejado caer mi bebida sobre él sólo para poder tocar su torso perfecto y de cómo, al quedarme dormida apoyé mi cabeza en su hombro. Comprenderán que esos detalles yo los pasé más que por alto, quedándome sólo con lo esencial: Asientos uno al lado del otro en el vuelo, lo cual no dejó muy convencida a Izzy, pero de todas maneras dejó de preguntarme.
- Ni siquiera sé si todavía tengo trabajo
- ¿Todavía no revisas la carta? – yo negué con mi cabeza y apunté hacia donde había dejado la carta cuando la recibí.
- Se me olvidó, no me atreví y después se me volvió a olvidar. – enumeré yo, la secuencia de mis razones para no abrir la carta que tenía escrito mi futuro
- Entiendo que con la distracción que Sirius Black significa, se te haya olvidado al regreso de tu viaje, pero ¿antes?
- Andaba de viaje ¿La puedes abrir de una vez o no? – pregunté, acercándome a mi amiga que abría lentamente el sobre
- Lilian Evans – comenzó Izzy, leyendo a toda velocidad la carta con la cara inexpresiva y sin decir palabra – Oh, Lily – me miró a los ojos por los segundos más largos en mucho tiempo
- Oh, no – susurré – Esa es la cara que practicaste conmigo para dar noticias de que el familiar enfermo se había muerto – Ella me miró con esos ojazos grandes y oscuros por unos segundos e hizo un amago de sonrisa. – Izzy, por favor.
- ¡¡Eres la nueva adquisición del departamento de investigación neurológica!! – chilló de repente, levantando sus manos con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿¡Qué!? – le quité la carta de las manos, evadí rápidamente sus brazos constrictores y leí las palabras impresas. Tenían que pasar años, tres para ser exactos, antes de que yo siquiera pudiera postular al departamento de investigación y ¿ahora me mandaban directo? Pero si eso no es posible, ¿cómo había pasado si yo ni siquiera había postulado para el cargo? Y ahí me cayó la piedra. Seguir el curso normal de la carrera significaría irme de la ciudad y la RSI necesitaba doctores en su sala super secreta donde se hacían experimentos para crear al espía perfecto ¿Se había metido la RSI a manipular mi carrera? ¿Harían eso? Siendo yo, no más que una recién graduada. ¿Por qué me querían cerca?
- ¿Lily? Empalideciste – dijo mi amiga, tomando mi hombro - ¿Estás bien?

Por seguir cubriendo a la RSI y no involucrar a mi amiga o preocuparla, entré en modo chillón automático. Me puse a gritar, a saltar, a abrazarla y a sacar alcohol para celebrar que las dos nos quedábamos en Londres. Izzy había recibido la oferta de trabajo y estudio en el mismo hospital, cosa que se daba normalmente en el área de traumatología, y yo empezaba a trabajar la próxima semana. Ya en la noche dejé mi mente divagar, de nuevo, sobre los hilos que RSI movía dentro del hospital. La idea de trabajar de inmediato en el área de investigación era un honor tremendo y me haría, probablemente, la más joven en entrar a ese departamento y aunque me gustaba trabajar como “encubierta”, no quería que eso fuera a lo único que me dedicara mientras estaba en el hospital. ¿Con quién podía hablar para solucionar mis dudas? Dejé que el pensamiento diera un par de vueltas más en mi cabeza y después, me ordené quedarme dormida.

Sentí labios haciendo maravillas sobre mi cuello y los pelos de mi nuca se erizaron. Traté de abrir los ojos para saber quién era el que me había besado, pero todas las sensaciones provenientes de mi cuerpo llegaron en ese momento en una ola gigantesca y quedé sin poder moverme del placer que registró mi cerebro. También me di cuenta de que estaba en ropa interior, en un lugar en la playa, pues la habitación estaba inundada con el olor del mar y podía escuchar la cadencia de las olas en algún lugar no muy lejano a mi derecha. Sus manos me apretaron contra su cuerpo y yo gemí de placer cuando su boca volvió a la mía. Escuché una risa controlada y ronca, que no recordaba haber escuchado nunca y sentí su respiración tan acelerada como la mía en mi oído. Abrí los ojos y vi la hermosa habitación en la que estaba, con paredes color mostaza oscura y las telas que cubrían la cama y adornaban la ventana, de un blanco crema. Los muebles de madera color oscuro y, también los musculosos hombros y espalda de mi amante. Los deseos de ver su rostro removieron mi interior, quería saber quién era, pero no había forma de poder controlar mi cuerpo en esos instantes y el deseo, pasión y lujuria que envolvían mi cerebro, mezclado con un amor inmensurable, no me dejaban pensar con claridad. Besé lo que podía y mi espalda chocó contra la pared en el momento en que enredaba mis piernas alrededor de su desnuda cadera y sus manos expertas me dejaban sin sujetador. Más placer, si es que era posible, me invadió cuando su piel ardiente tocó la piel recién expuesta mientras manos expertas recorrían mis piernas, esponjosos labios daban paso a dientes que mordían juguetonamente mis hombros y mandíbula, mientras yo hacía todo para obtener más placer. Se deshizo de mis bragas mientras yo permanecía con los ojos cerrados, disfrutando sus manos y labios aun tocándome. Me abracé a él.
- Lily – susurró y yo con sólo escuchar su voz me sentí más segura de lo que creí posible y todas mis preocupaciones se desvanecieron – Mírame – Seguí su instrucción, ansiosa de poder, al fin, ver el sujeto recipiente de todo mi amor, suspiré para prepararme para ver su, estaba segura, hermoso rostro y vi el blanco techo de mi pieza.
Uno nunca está preparado para las catástrofes, de esas que afectan a miles de personas o de esas que sólo despedazan tu corazón.

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Mi mujer Perfecta One Shot.

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Re: "Vidas paralelas" [Merodeadores] Cap. 4

Notapor V&7a... Potter » Lun May 21, 2012 11:44 pm

Nuuevo Capitulo :D Espero que lo disfruten

James

Que tu madre te ofrezca para ayudarte a duchar o hacer todo por ti, a mi edad, es humillante, la quiera mucho o no; así que estaba completamente feliz cuando salí de la casa de mis padres dirigiéndome hacia mi casa, con la confianza de que bajo mis manos, el auto no iba a saltarse ninguna regla de tránsito de la que mi vida dependiera.
Llegué a mi casa y encontré a Remus listo para ayudarme en cualquier cosa que necesitara, lo cual, por extraño que parezca, no me parecía tan humillante. Somos amigos de casi toda la vida y hemos pasado por todo tipo de situaciones, de las que salimos vivos y con nuestra moral casi intacta. Casi.
- Sabía que habías quedado con ganas de…
- Cualquier cosa menos eso, James, para eso tienes a Sirius – me cortó, sonriéndome y metiéndose a la cocina – te compré un par de cosas y boté lo que ya estaba por caminar solo – dijo, abriendo mi refrigerador - ¿todavía quieres descubrir si es que los hongos se pueden apoderar de un refrigerador entero, como cuando teníamos 12? – preguntó mirándome – porque llevabas un buen trabajo y yo lo tiré a la basura.
- Esa fue idea de Sirius y como no podía investigar en su casa, trajo la idea a la mía
- ¿Y descubrieron algo al final?
- No, a mi madre casi le da un infarto cuando vio dentro del refrigerador en mi pieza y no dejó que ninguno de nosotros se acercara a ningún refrigerador de la casa por semanas.
- Si, me acuerdo de eso. Cuando Peter fue a buscar un jugo, tu madre le gritó por horas y creo que él se hizo pis en sus pantalones. – Ambos nos reímos de todos los malos momentos que hicimos pasar a Peter, sólo porque se nos olvidaba (o más bien, queríamos olvidar) ponerlo al tanto de lo que habíamos hecho en su ausencia y de las nuevas situaciones de peligro que debía evitar, situaciones en las que él siempre terminaba cayendo y que nosotros aún usábamos para arreglarnos el día con una buena carcajada.
- Lo último que escuché de él fue que abrió una tienda en Oxford Street hace un mes.
- Y yo que estaba armando un desfile de modas para los próximos meses – dijo Remus, tirándose en el sofá – Al fin, le dijo a todo el mundo que era gay y siguió su camino soñado, no el que nosotros le habíamos impuesto para que siguiera con los merodeadores.
- Hay veces que me imagino cómo sería dejar esta vida y ser arqueólogo de verdad – comenté, sentándome al lado de mi amigo – O ser cualquier otra cosa que no signifique poner tu vida en riesgo
- Yo creo que las agujas y las máquinas de coser pueden llegar a ser bastante letales… o inclusive las modelos – bromeó.
- Uh, especialmente las modelos, esas sí que son peligrosas – Y lo digo por experiencia propia.

Cuando volví a quedarme solo, me duche y decidí pedir sushi para que lo entregaran a la casa y pasar el resto del día leyendo un libro o ejercitando las partes de mi cuerpo que no dolieran.
Volví a RSI tan pronto como pude y como no podía ir a misiones mientras mi cuerpo no estuviera al 100%, Remus me encargó la tarea de encontrar a Mundungus y asegurarme que estuviera tras las rejas.
- Sé que si no te asigno algo para que hagas mientras no tengas luz verde de los doctores para salir a misiones vas a berrear todo el tiempo o, peor, salir a mis espaldas con Sirius – dijo Remus, entregándome una carpeta con información y claves de acceso a satélites para poder hacer mi trabajo lo mejor posible – pero quiero que todo los días me reportes los nuevos descubrimientos – me miró a los ojos mientras apretaba mi hombro izquierdo cariñosamente – James, no quiero que salgas sin pedirme ayuda. Entiendo que tengas mucha rabia, pero hay que hacer las cosas bien y con calma. Quiero que todo salgo perfecto cuando lo atrapemos y también quiero que sufra por lo que hizo.
- Y tú eres el que hace planes perfectos, entiendo.
- No es eso. Te quiero proteger. Yo te puse con Fletcher, es mi culpa todo lo que te pasó y fue Albus el que tenía el contacto que te salvó. Sólo empeoré las cosas
- No te martirices. Fue divertido – dije yo, lo cual es verdad, porque mal que mal, fue por todo el peligro y la locura que esta vida significaba, que yo me metí en ella-
- ¿Divertido? Estás loco. Y eso no me hace sentir bien.
- Te digo la verdad, Remus. Ahora no te niego que también estoy loco y que te juro, por la patria y por una cena dominical de mi madre que te avisaré primero cuando pille algo de importancia.
- ¿Tienes una enfermedad venérea, Rambo? – saltó Sirius, entrando a la oficina de su jefe sin tocar.
- ¿Qué? – dije Remus, mirándome extrañado
- Como te pillaste algo de importancia. Es lo primero que se me viene a la mente – siguió sonriendo.


Sirius

Piel ardiente rosaba la mía, llevándome a un éxtasis de placer. Esas piernas largas apretaban mi cadera y cuerpo entero contra el suyo, su boca buscaba la mía para seguir un juego de labios y dientes que habíamos comenzado hace un tiempo atrás, su ardiente interior envolvía mi mente por completo y todo el resto del mundo había dejado de existir.
Recorrí su cuello, sus hombros y su estómago, haciendo cada centímetro de su torso un lugar en el que había posado mis labios, sacando gemidos en los lugares exactos que nadie más se había dado el trabajo de encontrar, llenando mi vista de lo sensual del momento y mis oídos de lo excitante del sonido. Placer.
Placer. Todo mi cuerpo gritaba goce sensorial a más no poder y yo me dejaba envolver por eso, hasta que llegué a un punto donde nada más importaba, un momento que hacía todo parecer perfecto, correcto. Momento seguido por cansancio y paz. Risas y calidez. Comodidad y un cuerpo cálido al lado del mío.
Salir casi recurrentemente con una agente tenía sus pros y sus contras. Pro: no tenías que mentir acerca de dónde estuve la semana que pasó, de cómo te hiciste esa cicatriz que parece de bala, de quién te quebró el brazo o de por qué no contestabas el teléfono. Contra: Siempre tienen los recursos para saber dónde estabas en cada momento y, agárrate si es que te pillan mintiendo y tuviste mala suerte de elegir a una celosa. Pro: Te pueden seguir el ritmo en la cama y comúnmente tienen cuerpos dignos de diosas y se preocupan de que así siga por el máximo tiempo posible. Contra: Son inteligentes. No es que me gusten tontas o que evite a las mujeres que piensan, pero si es que son agentes, son especialmente inteligentes y están entrenadas para estudiar a la gente y sacar provecho de las debilidades. Yo, por supuesto que no tengo debilidades… bueno, quizás si es que amenazan mi perfecta cabellera. ¿Eso cuenta? Pro (y ésta de Julienne particularmente): No busca encontrar a una pareja estable, pero siempre está dispuesta a venir cuando yo la llamo y, seamos sinceros, yo siempre cedo un poco si es que ella es la que aprieta.
Cuando volví a quedarme solo, me di una ducha y me fui directo a dormir, que lo necesitaba después de ejercitarme y tener a Julienne en mi casa. Pensándolo fríamente, dentro de los rangos que se podía, esa mujer me sorprendía cada vez que la veía y, hoy, me dejó gratos recuerdos de una tarde prácticamente perfecta y dejé que esos recuerdos recorrieran mi consciente hasta quedarme dormido.
Al fin, los merodeadores volvían a estar juntos en la RSI, bueno, menos Peter. Cuando resolvimos todo lo relacionado a la enfermedad venérea de James, nos llamaron a una reunión para conseguir información sobre el líder terrorista de Black Star, que se estaba apoderando de Europa poco a poco.
- ¿No se podían conseguir un nombre que diera, no sé, susto, quizás? – preguntó James, cuando nos entregaron las carpetas
- Sus iniciales son BS – comenzó Frank, riéndose con ganas – en Estados Unidos… BS… ¿Bull Shit? ¿Mierda de toro? ¿La más olorosa de todos los desechos? Y por cierto, bastante grande – dijo, mirándonos a todos esperando que comenzáramos a reírnos, pero nadie hizo nada, aparte de mirarlo con cara de: ¿De qué está hablando? – También el concepto se usa para denominar una mentira o algo falso…
- Y volviendo al grupo terrorista – comenzó Remus, terminando el incómodo momento en el que Frank se había metido – Sus movimientos, hasta el momento, se han podido rastrear hasta la Rep. Checa, donde la identidad de su líder sigue en las tinieblas. Sus actividades, hasta ahora, se basan en la compra y venta de armas de gran calibre y de sustancias altamente explosivas a base de Cesio, aparte de aportar dinero para el desarrollo de tecnología para el espionaje. Parte del dinero que reciben, lo “limpian” en una discoteque en Praga, lugar donde también se llevan a cabo los pagos, todos en efectivo – En las pantallas que cada uno tenía al frente, apareció la imagen de una mujer menuda y joven de la mano de un hombre con varias cicatrices en la cara que deformaban sus facciones
- Eso es el ejemplo de una mala cirugía plástica – murmuré, mirando cómo los labios del hombre se unían con su mandíbula por una cicatriz oscura con forma zigzagueante.
- El guapo ese que ven en la pantalla – dijo Remus, conteniendo una risa – es el guardaespaldas y pareja de la mujer, quien resulta ser la persona con la que hemos entablado conversación para comprar imágenes de los movimientos de unos de los dirigentes terroristas de Algeria y una de sus propiedades en Sudáfrica.
- ¿Ella? ¿Estás seguro? ¿No es como la recepcionista? – preguntó James con la frente de llena de incredulidad
- ¿No confías en lo persuasivas y peligrosas que pueden a llegar a ser las mujeres? – inquirió Remus un poco molesto por el comentario un tanto machista
- Tengo muy claro lo que una mujer puede llegar a hacer y soy testigo y tengo cicatrices que demuestran lo capaces que son – comenzó James, levantando las manos con las palmas extendidas hacia afuera, en son de paz – Pero a pesar de todas esas cicatrices, todavía soy un poco reticente a pegarle a una mujer
- Tan caballero que eres, Rambo – dije, dándole unas palmaditas en el hombro – Si se pone ruda la cosa, yo me encargo de ella y tú del guardaespaldas. ¿Te parece? – miré a James, quién parecía querer pegarme con lo más grande que pudiera pillar y pude ver que era, quizás, del tamaño de una camioneta de doble tracción – Se ve una persona amable y pasiva.
- Preguntarán por Petra y Alexia en la zona VIP – siguió Remus – Comprobamos con la Interpol y los buscan en sólo 3 países de África, pero en Europa no tienen ninguna orden de arresto, lo cual es claro indicio de que hay gente comprada dentro del gobierno de Rep. Checa que los está protegiendo.

Lily

Desperté con la ola de sensaciones aun recorriendo mi cuerpo tembloroso y sudado. Mi respiración estaba entrecortada y tremendamente rápida, mientras, por supuesto, mi cabeza comenzaba a querer explotar. Me volví a tirar en la cama, tratando de calmarme a mí misma y al dolor de cabeza desgraciado que no me quería dejar pensar con claridad y nublaba mi vista.
Esto había pasado algunas veces antes, esto de soñar algo y al despertarme, querer quitarme la cabeza para dejar de sentir tanto dolor, pero éste sueño tenía algo en especial. Nunca había soñado con tanta claridad y con tanto sentimiento involucrado. Sentía tanto amor, tanto cariño y seguridad que quería volver al sueño sólo para envolverme de nuevo en esos sentimientos.
Respiré hondo, tratando de recordar los mapas de personas queridas que Izzy me había hecho, pero nada tan grande aparecía en esas imágenes y, de nuevo volví a frustrarme por no poder recordar a seres queridos y en particular a éste… Y entenderán mis razones por sentirme tan contrariada. Traté de dormir un poco más y, en cuanto pude, le conté todo el sueño, con lujo de detalles a Izzy, apenas probando bocado del desayuno que ella había preparado.
- Así que en una casa junto al mar – comentó ella, con cara de estar analizando exámenes que determinaba si una persona iba a morir o no. – Con una persona que tenía una cicatriz en el hombro y que no has vuelto a ver desde que tu accidente pasó, como mínimo, para que no te acuerdes para nada de él.
- Exacto – dije yo, al fin permitiéndome probar las tostadas francesas que olían tan bien y habían hecho agua mi boca tan pronto como las había olido.
- Y fue de antes que yo te conociera, porque yo no me acuerdo haberte conocido a nadie del que estuvieras tan tremendamente enamorada y menos alguien que te haya llevado a una casa en la playa.
- Si hubo una vez que me llevaron a una casa en la playa, pero me escapé a la medianoche – recordé, atragantándome un poco con tanto pan.
- Uh – Izzy puso cara de asco y se estremeció ante el recuerdo – Nunca entendí por qué empezaste a salir con él.
- ¿Y me preguntas a mi? – dije yo, apuntando mi cabeza
- Buen punto… pero volviendo al tema de tu sueño/recuerdo pornográfico, el que tuviste cuando tenías menos de 18 años. Mi veredicto es: creo que deberías preguntarle a tus padres. Si dices que lo amabas tanto, probablemente ellos lo conocían y puede que él tenga más recuerdos que a ti te podrían parecer interesantes
-¿Menos de 18 y tan enamorada? ¿Perdí mi virginidad siendo menor de 18? – dije extrañada. Nunca, o por lo menos nunca después de mi accidente, había vuelto a pensar en las relaciones carnales que antes había tenido, con gente de la que ya no me acordaba.
- La Lily que yo recibí del hospital es bastante más controlada y calculadora que la Lily yo conocí, así que, basándonos en tu comportamiento inicial, no me extraña.
- ¿Tan loca?
- Lily, ya hemos hablado de esto antes. Salías siempre que podías, no necesariamente a alcoholizarte o a fumar sustancias, pero sí pasabas mucho tiempo yendo a casas de otras personas y volviendo muy tarde, estudiabas y después dormías dos horas e ibas a la universidad como si en vez de dormir, te hubieran enchufado y recargado alguna batería interna, para hacer lo mismo el día siguiente, hasta llegar al fin de semana donde pasabas durmiendo 15 horas y después volvías a desaparecer. – Enumeró, casi sin parar a respirar. Siendo realistas, sí, habíamos hablado muchas veces de mi comportamiento pre-accidente, pero yo no me podía creer cómo un accidente podía cambiar tanto una persona. Entiendo que innumerables neuronas se murieron, pero ¿cambiar mi personalidad a tal extremo? - Y si te preocupa tanto haberte acostado con alguien siendo menor de 18, no seas tan inocente, que en estos tiempos hay niñas que están esperando un hijo teniendo 15. Hay un programa de T.V. sobre eso y nosotros hemos pasado varias veces por maternidad y las hemos atendido.
- Si tú lo dices – comenté, ya queriendo dejar un poco el tema del sexo, pues se me venían a la cabeza imágenes del sueño que todavía dejaba de rondar mi lóbulo frontal y los colores se subían de inmediato a mis mejillas.
- Si, lo digo – siguió ella, asintiendo con la cabeza enérgicamente y apuntándome con su tenedor con comida ensartada en él – Y también digo que deberías encontrar a esa persona porque es alguien que fue importante para ti. Fue parte de tu pasado y mereces conocerlo de nuevo. Quizás fue tu primer encuentro carnal de grado inclasificable, más un grado adicional porque te llevo a la playa y eso le agrega puntaje.
- ¡Izzy! – se notaba que a mi amiga le gustaba la idea de la casa en la playa y estaba imaginándose acompañada de un amante sin rostro pero con un cuerpo que te dejaba aturdida haciendo locuras en una playa desierta. O quizás si tenía rostro, pero estaba segura de que ella nunca iba a aceptar que todavía tenía sentimientos muy fuertes por Zach.
- Acepta que le agrega puntaje – dijo ella, riéndose y poniéndose un poco roja seguramente por sus pensamientos pecaminosos, mientras recogía sus platos sucios para comenzar a lavarlos.


James

La adrenalina que tanto me gustaba ya quería recorrer mis venas, siendo que todavía ni salíamos de la RSI, pero estábamos en mi lugar favorito dentro del edificio. El arsenal de armas y tecnología.
El cuarto era amplio, de paredes oscuras, techo tipo catedral y luces potentes salían de detrás de los estantes que cubrían casi todas las paredes y que mostraban una infinidad de armas de fuego y blancas de todos los tamaños y potencias.
Frank llegó desde una pequeña puerta aledaña que unía la sección de manufactura de armas especiales con la sala de muestra, empujando un carrito rebosante de cajas y cables que amenazaban con caerse. Y conociendo a Frank y su interminable ingenio, que se cayera una caja o cable de sus manos no era una situación que querías ver de cerca si querías conservar todos tus miembros o, en el mejor de los casos, el vello de tus cejas.
- Perdonen el retraso. Los de manufactura ya casi no entienden lo que les pido que armen y me necesitan a mí para que les explique todo… Una pérdida de tiempo.
- Deberían contratar a gente más inteligente – dijo Sirius, negando con su cabeza y con el ceño fruncido – Así tú no tienes que pasar por tan malos ratos.
- Es lo que yo les vengo diciendo hace mucho tiempo – siguió Frank, arreglando todos sus aparatos para poder mostrarlos con mayor facilidad. – Pero no me hacen caso… Les tengo preparados unos nuevos juguetes marca Longbottom que les van a encantar. – Dijo pasando su mano por sobre varias cajas negras de distintos tamaños y que seguramente contenían las armas más letales, o la tecnología de última generación en espionaje dentro de una manzana o en forma de diente postizo. – El edificio en el que se infiltrarán está altamente equipado con instrumentos detectores de metales y explosivos, por lo que tuve que improvisar un poco en cuanto a materiales de construcción – Abrió la caja, la más pequeña y sacó dos envases pequeños, con aspecto de cajas de cigarrillos – dentro encontrarán sus cigarrillos hechos a pedido, que no son de muy buena calidad, asi que les aconsejo que no los fumen y un tipo de líquido en un compartimiento de la tapa de la cajetilla, que al ser expuesto al ambiente de una discoteque cualquiera, activa el rastreador dentro de la mezcla. Deben encargarse de que cuando se estén despidiendo o en cualquier otro momento de cercanía, coloquen un poco de este líquido en la ropa de los dos, pero asegúrense de que no les toque la piel, porque el componente es corrosivo y no los queremos muertos, sino que queremos saber a dónde van. – volvió a poner los envases en su respectivo estuche y siguió al próximo. – Armas – abrió otra caja y nos mostró dos pañuelos de tela color azul oscuro – Los pañuelos están rociados con una solución química de mi propia invención que al mezclarla con sal y agua explota a los pocos segundos liberando gran cantidad de luz, suficiente para cegar a alguien durante… digamos, el resto del mes, así que no los toquen hasta que tengan que usarlos.
- ¿Cuánta sal y agua es suficiente para iniciar su funcionamiento? – preguntó Sirius
- Un par de gotas es suficiente. Lo diseñé para que el limpiarse el sudor de la frente sea suficiente para iniciar la reacción – dijo Frank, mirándonos con una sonrisa en la cara, ansioso de seguir su presentación – Como no pueden llevar armas de fuego, ni siquiera una navaja, he creado una vara retráctil de medio centímetro de grosor, compuesto de poliuretano, que pueden usar como bate o algo para ahorcar a alguien o para dirigir una orquesta, como la situación lo amerite. – Nos mostró unas varitas de metal finísimas que eran tremendamente flexibles, pero que por más que se tratara, ni Frank ni Sirius la pudieran romper – Y lo de siempre – Abrió las siguientes 3 cajas – Auriculares, micrófonos, cámaras, celulares y GPS que no necesitan introducción… - Agarró todas las cajas, las puso en una pila y agarró su carrito – Que les vaya bien, háganme orgulloso y las armas de fuego están prohibidas para esta misión – comentó, con una sonrisa quebrada – Así que no se atrevan a tocar nada de lo que ven aquí – Y con eso, su cara cambió completamente a una que nos dejaba claro que usaría las mismas armas que nosotros tomáramos en contra de nosotros.

Comúnmente, nosotros no nos encargábamos de portar las nuevas armas hasta que entrábamos en acción, para que sólo nos tuviéramos que preocupar de aprender los pormenores de la misión, los planos del lugar donde íbamos a estar, el plan b y c y las salidas de emergencias que Remus se encargaba, personalmente, de crear en cada misión importante de la agencia. Salimos de la sala de armas mirándonos las manos vacías, porque deberían cargar bolsos llenos de armas o de carcazas de grandes ametralladoras o rifles de larga distancias (porque esas sí que nadie nos las podía arrebatar de las manos ni a mi ni a Sirius) y sintiendo un gran vacío que sólo se iba a pasar cuando nos pasaran las invenciones de Frank, salimos de la RSI para arreglar nuestro equipaje.


Sirius

Me era casi imposible concentrarme en los planos que tenía frente a mis ojos y que, por mi propia seguridad, debería aprenderme de memoria, pero es que hace casi 2 meses que no salía en misiones y la emoción se agolpaba en mi cabeza y me mareaba. No me podía quedar tranquilo y caminaba de un lado a otro en el avión privado en el que viajábamos hasta Rep. Checa.
James, por el otro lado, estaba sentado, leyendo una y otra vez los planes de escape y los objetivos de la misión como si se tratara del periódico con una noticia muy interesante en su primera plana. ¿Cómo se las ingeniaba para verse así de tranquilo, el marica, si yo sabía perfectamente que a él, el hecho de ir a enfrentarse a una misión lo emocionaba en igual magnitud que a mí? Me di una vuelta más por el estrecho pasillo y decidí ponerme serio y hacer mi trabajo.
- ¿Remus creó las salidas de escape? – pregunté, mirando los planos del edificio y encargándome de aprendérmelos de memoria
- Si, como ahora Albus está en el mando de vuelta, tiene que volver a hacer el trabajo sucio – James se estiró e hizo sonar su cuello y dedos, para después empezar de nuevo a leer el informe.
- ¿Por qué lo lees con tanto detenimiento? Nunca lo has leído más de una vez. Decías que con eso ya te sabías la misión y los planos de memoria – comenté, poniendo la primera página del informe, para comenzar a leerla
- Quiero que todo salga bien – dijo un poco ausente, mirando a través de la ventana hacia la noche. Lo miré un par de segundos más, para que me mirara a los ojos y, cuando lo hizo, me di cuenta, por el pequeño destello en sus ojos, que había algo más que puro profesionalismo – Todo debe salir bien – murmuró de nuevo, apretando sus puños hasta que sus nudillos quedaron blancos.
- No te preocupes tanto
- Tengo esta sensación – dijo, cerrando su puño y poniéndolo cerca de la boca del estómago, para ilustrar lo que sentía – Que no puedo dejar pasar… Es raro – comentó.
- Todo saldrá bien, me tienes a mí para salvarte el trasero – bromeé para aligerar el ambiente un poco. Por primera vez en mi vida, me di cuenta de que mi amigo no estaba tan seguro sobre sí mismo y sólo una respuesta se vino a mi cabeza para comprobar su estado. James Potter estaba asustado. - Todo saldrá bien – le dije, sonriéndole por encima de la creciente montaña de papeles que cubrían la pequeña mesa sobre la que trabajábamos – Te lo aseguro – James me miró y sonrió mientras botaba el aire de sus pulmones por sus narices. “Yo nunca te voy a traicionar, amigo” pensé.

Aunque seguí leyendo el informe, la idea de la inseguridad de James turbó mis pensamientos. Ya nos habían agarrado antes para infligirnos daño considerable a cambio de que nosotros soltáramos información, pero nunca antes habíamos sido traicionados por nuestros propios compañeros de misión y entendía en cierta medida la preocupación de James, pero de todas maneras me molestaba que creyera que yo podía llegar a traicionarlo, si traicionar a James sería como pegarme a mí mismo en mis partes masculinas. No era algo que quisiera hacer, ni ahora ni nunca, ni por si acaso.

El avión aterrizó un par de horas más tarde, cuando se veía un sol tratando de hacerse presente y ganarle en altura al horizonte, y yo todavía tenía un ojo abierto y el otro cerrado por lo poco que había podido dormir. Hice sonar mi cuello antes de agarrar mis bolsos y subirme al auto que nos esperaba para llevarnos al hotel en el que esperaríamos a que anocheciera. Espera que yo seguramente usaría para dormir y estar totalmente descansado antes de entrar en acción.


Lily


En general, el día que siguió a ese desayuno revelador, fue bastante común y corriente. Limpiamos la casa, que estaba hecha un desastre, fuimos al gimnasio, ya que teníamos la energía suficiente para hacer que la máquina corredora funcionara y una inscripción carísima que habíamos usado muy poco y nos fuimos a comprar un helado cerca del gimnasio, como siempre lo hacíamos después de gastar energías.
- ¿Vas a hablar con tus papás sobre el señor de la cicatriz en el hombro? – preguntó Izzy, casi atragantándose con el bocado de helado de vainilla y chocolate.
- No lo sé, y deja de recordarme lo que soñé. Con tanta insistencia estás haciendo que me arrepienta de habértelo contado.
- Ok, no es para tanto. No lo volveré a mencionar.

Era extraño estar en mi casa sin tener mucho que hacer, teniendo en cuenta de que llevaba alrededor de un año sin nada de descanso ni fines de semana que fueran distintos a un Lunes cualquiera. Me senté en el sillón de la sala, mirando el televisor apagado y contando hacia atrás, hace cuánto tiempo que no lo había prendido. Mi memoria no me permitía estar segura, pero calculaba que eran más de 4 semanas. Mi vista divagó hacia los libros que había apilado en los estantes del mueble de entretención que sostenía la TV. La mayoría de los libros que veía a lo lejos eran enciclopedias que había tenido que retener en mi mente para poder aprobar exámenes y salvarme de las entrevistas con los decanos y profesores de la universidad, pero entremedio de dos enciclopedias que debían ser más gruesos que el ancho de una puerta, había un pequeño librito que no me acordaba haber leído o siquiera visto anteriormente. Me acerqué a él y lo retiré del estante preguntándome cómo había llegado este libro ahí. El autor era Amado Nervo, y el libro era una simple recopilación de sus poemas. Mi corazón comenzó a latir fuerte cuando me dispuse a echarle una ojeada y el texto se abrió en una página marcada por un pequeño botón seco de rosa.

“Por tus ojos verdes yo me perdería
Sirena de aquellas que Ulises, sagaz,
Amaba y temía.
Por tus ojos verdes yo me perdería.

Por tus ojos verdes en lo que, fugaz,
Brillar suele, a veces, la melancolía;
Por tus ojos verdes tan llenos de paz
Misteriosos como la esperanza mía;
Por tus ojos verdes, conjuro eficaz,
Yo me salvaría.”


- Madrigal – susurré, al reconocer la estrofa romántica.
- ¿Qué pasó? – preguntó Izzy, entrando a la sala con su pelo aún húmedo del baño. - ¿Qué lees?
- Tu libro – murmuré, entregándoselo a Izzy, quien lo tomó y vio su portada con extrañeza
- No es mío… y no sabía que a ti te gustaba la poesía – dijo, abriendo el libro en la misma página que yo había estado leyendo - ¿Una rosa? – preguntó, levantando la flor con el cuidado de no romperla – Definitivamente no es mío. – Miró hacia las páginas abiertas del libro que reposaba en sus manos y leyó rápidamente el poema perteneciente a Nervo. – Y yo no soy la que tiene ojos verdes, Lily. Comúnmente mis ojos son descritos como azules y luminosos, capaces de alegrar una habitación entera. ¿No te acuerdas quién te regaló este libro? – Yo negué con mi cabeza, aún aturdida por el hecho de que me acordaba perfectamente del poema y no tenía memoria de haberlo leído nunca.
Me senté en uno de los grandes cojines que estaban repartidos por la casa para tranquilizarme un poco; inexplicablemente, leer ese madrigal y recordar su estrofa me habían dejado con unas ganas extraordinarias de llorar y de abrazar a alguien.
- Nunca he leído ese poema antes – dije, abrazando mis rodillas y reprimiendo las lágrimas.
- Lo siento, prometí no volver a hablar de ello, pero no puedo evitarlo ¿Tendrá algo que ver con tu sueño? – dijo, dejando la flor en su lugar y el libro sobre la mesa. Yo me negué, apretando mis labios antes de que empezaran a temblar por el llanto - ¿Segura?
- No – susurré.
- ¿Cómo es que no te habías dado cuenta de que un libro que no te acuerdas haber visto antes, estaba entre tus enciclopedias? – dijo, sentándose al lado mío y pasándome un brazo por la espalda.
- Porque… ¿No había tenido tiempo de sentarme y mirar alrededor de mi casa desde que entré a la escuela de medicina? – dije yo, buscando la razón más lógica que había a mi alcance
- Punto a tu favor – dijo ella, asintiendo y mirando de reojo el libro. – Tan romántica que era tu vida – susurró – Playa, poema…
- Izzy.
- Claro, cierto, nunca más – se paró, me revolvió el pelo un poco como lo hace un hermano mayor y desapareció unos momentos para buscar su abrigo y cartera – Voy a salir un rato. Así tienes tiempo de ver qué hacer con tus memorias románticas perdidas y yo no sigo metiendo la pata hasta el fondo. ¿Te parece? – Yo sólo asentí, todavía abrazada a mis rodillas.
Nunca había leído ese poema, de eso estaba segura, pero de todas formas me lo sabía de memoria. Me lo sabía de memoria porque alguien más me lo había recitado. Conocía cada verso porque me lo habían susurrado al oído una y mil veces. Me lo habían susurrado cada vez que yo lo pedía. Y habían sido muchas.



Disfruten y por supuesto, COMENTEN please ^^!!!
Uno nunca está preparado para las catástrofes, de esas que afectan a miles de personas o de esas que sólo despedazan tu corazón.

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